Saturday, July 27, 2013

Raúl Gómez Jattin / Siete poemas

    Raúl Gómez Jattin
    SIETE POEMAS
    EL SUICIDA
      Airoso en su galope
      Levantó la mano armada
      Hasta su sien
      Y disparó:
      Suave derrumbe
      Del caballo al suelo
      Doblado sobre un muslo
      Cayó
      Y sin un solo gemido
      Se fue a galopar
      A las praderas del cielo.

    GRACIAS, SEÑOR

      Gracias, señor
      Por hacerme débil
      Loco
      Infantil
      Gracias por estas cárceles
      Que me liberan
      Por el dolor que conmigo empezó
      Y no cesa
      Gracias por toda mi fragilidad tan flexible
      Como tu arco
      Señor amor.



    INTENTAS SONREÍR

      Intentas sonreír
      Y un soplo amargo asoma
      Quieres decir amor y dices lejos
      Ternura y aparecen dientes
      Cansancio y saltan los tendones
      Alguien dentro del pecho erige
      Soledades
      Clavos
      Engaños
      Fosos.

      Alguien
      Hermano de tu muerte
      Te arrebata, te apresa, te desquicia,
      Y tú, indefenso,
      Estas cartas le escribes.



    LOS POETAS, AMOR MÍO

      Los poetas, amor mío, son
      Unos hombres horribles, unos
      Monstruos de soledad, evítalos
      Siempre, comenzando por mí.
      Los poetas, amor mío, son
      Para leerlos. Mas no hagas caso
      A lo que hagan en sus vidas.



    PÁJARO

      Tengo en la cabeza
      Un pájaro celeste
      Que anida en esta prisión.
      Tengo en este pájaro
      Un ardiente corazón.
      Tengo en ese corazón
      Una frágil esperanza
      De volar hacia Dios.


      SIENTO ESCALOFRÍOS DE TI

        Siento escalofríos de ti,
        Hermana muerte,
        De verme en esta sala
        Mirando un cuadro de David
        Y súbitamente entrar en la vejez
        Sin ningún diente
        Y todas las arrugas
        Y los vientos negros
        Esparciendo mis cabellos.
        Yo te conozco, hermana
        Sé que eres una nube
        De ojos yertos
        Que busca otra de luz
        Hasta convertirse en una.
        Te conozco y sin embargo
        Encontrarte en la sala del David
        Frente a frente
        Fue un gran susto
        Hermana mía.



    RETRATO

      Si quieres saber de Raúl
      Que habita estas prisiones
      Lee estos duros versos
      Nacidos de la desolación
      Poemas amargos
      Poemas simples y soñados
      Crecidos como crece la hierba
      Entre el pavimento de las calles





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DE OTROS MUNDOS


Friday, July 26, 2013

Raúl Gómez Jattin / Poemas


Raúl Gómez Jattin
POEMAS

UN PROBABLE CONSTANTINO CAVAFIS A LOS 19 

Esta noche asistirá a tres ceremonias peligrosas
El amor entre hombres
Fumar marihuana
Y escribir poemas

Mañana se levantará pasado el mediodía
Tendrá rotos los labios
Rojos los ojos
Y otro papel enemigo

Le dolerán los labios
Y le arderán los ojos como colillas encendidas
Y ese poema tampoco expresará su llanto




DESENCUENTOS

Ah desdichados padres

Cuánto desengaño trajo a su noble vejez
el hijo menor
el más inteligente
En vez de abogado respetable
marihuano conocido
En vez del esposo amante
un solterón precavido
En vez de hijos
unos menesterosos poemas
¿Qué pecado tremendo está purgando
ese honrado par de viejos? ¿Innombrable?
Lo cierto es que el padre le habló en su niñez de libertad
De que Honoré de Balzac era un hombre notable
De la Canción de la vida profunda
Sin darse cuenta de lo que estaba cometiendo




DESLUMBRAMIENTO POR EL DESEO

Instantáneo relámpago
tu aparición
Te asomas súbitamente
en un vértigo de fuego y música
por donde desapareces

Deslumbras mis ojos
y quedas en el aire



EL AGRESOR OCULTO

Me envenenó la vida
Me sustrajo de mi movimiento natural
y me entregó a las sombras
de los amores no correspondidos
Me trastocó los sueños
metiéndose como un conspirador entre sus grietas
Desempolvó recuerdos
que hablaban de partidas y de adioses
Mientras tanto mi alma
acostumbrada a la desgracia
lo veía hacer
como un condenado que presencia
el levantamiento del patíbulo




PEQUEÑA ELEGÍA

Ya para qué seguir siendo árbol
si el verano de dos años
me arrancó las hojas y las flores
Ya para qué seguir siendo árbol
si el viento no canta en mi follaje
si mis pájaros migraron a otros lugares
Ya para qué seguir siendo árbol
sin habitantes
a no ser esos ahorcados que penden
de mis ramas
como frutas podridas en otoño





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DE OTROS MUNDOS



Wednesday, July 24, 2013

Gustavo Tatis / Ahí viene Raúl Gómez Jattin

Raúl Gómez Jattin
en Cartagena de Indias

Ahí viene Raúl Gómez Jattin

Por Gustavo Tatis Guerra
Cartagena de Indias, 9 de junio de 2013

Yo Raúl Gómez Jattin, natural de Cartagena, 
portador de la Cédula de Ciudadanía No. 6.582.5623 de Cereté,
declaro que mi última voluntad es que al morir 
sea incinerado en Cartagena. 

Cartagena, septiembre 9 de 1995

Raúl Gómez Jattin


Raúl Gómez Jattin

En Cereté cerraban las puertas y las ventanas cuando veían pasar al poeta Raúl Gómez Jattin. En aquel entonces un ser genial como Raúl, no solo era incomprendido por sus contemporáneos y por la sociedad colombiana, sino por su propia familia. Casi todos, al final, sin saber qué hacer y  cómo sobrellevar su enfermedad mental, decidieron huir  de él. Aquella alarma convertida en susurro en la resolana del verano, fue una señal de lo que vendría: “Ahí viene Raúl”.

Dieciséis años después de su muerte, las puertas y las ventanas de Cereté, se abren al espíritu y la obra poética de Raúl. Es el poeta más famoso de Cereté y de todo su departamento, y uno de los mejores de la historia literaria de Colombia. El que más allá de su muerte trágica, convoca al mundo hasta su aldea. Las peregrinaciones a la tumba de Raúl no cesan y siempre hay alguien que lleva flores y enciende una vela para recordarlo.

Era casi un niño cuando fui a visitarlo por primera vez en su casa de Mozambique que tenía un patio infinito bajo la sombra de unos mangos. El poeta acababa de salir de una clínica mental en una de sus primeras crisis de los años setenta. Y permanecía en un cuarto casi aislado de la casa, durmiendo en una hamaca. Toqué la puerta y me abrió la señora Lola Jattin, su madre, quien me dijo que era imposible ver a su hijo, porque el día anterior había recaído y había salido desnudo por las calles de Cereté. Le dije que solo quería saludarlo. La madre me preguntó mi nombre y fue a darle la razón. El poeta se levantó de la hamaca y le pidió a su madre que me dejara entrar. Aún conservaba en aquel entonces la melena de vikingo en tierra y los dientes intactos con que se reía a carcajadas de este mundo y sus estupideces. Me saludó con un abrazo gigantesco y me llevó a la cocina de su casa. Le dijo a la niña que cocinaba: “Échale dos vasitos de agua a esa sopa que él se quedará a almorzar”. Me puso las quejas de su madre que había quemado según él lo mejor de aquel patio: las hojas amarillas del mango que habían forjado una alfombra sonora al sol. Lo que siempre me impactó de él, además de su memoria de elefante para recordar nombres de poetas y dramaturgos, eran los episodios históricos. Muchos lo recuerdan aún en Cereté como profesor de historia en el Colegio Marceliano Polo. No llevaba apuntes. Dictaba su clase guiado por su memoria. En los días de reclusión en el manicomio, hizo dibujos a mano alzada que aún recuerdo. Trazos de rostros, pájaros y espirales de luz. Detrás del alma sensible y atormentada de Raúl, había un ser exquisito y sublime, con una aristocracia de espíritu y una gran devoción por los seres de su infancia que aún le sobreviven como esa bella y bondadosa mujer que es Sara Ortega de Petro, con su piel de cobre y su alma finísima.  Y la niña Isabel, su vecina de juegos de infancia, que ha visto caer en un invierno aquel mamoncillo cantado en el poema. Toda la locura de un ser maravilloso como Raúl, hoy es una escueta anécdota ante el tamaño infinito de su bella y eterna poesía. Al poco tiempo de trabajar en El Universal publiqué tres páginas del suplemento Dominical con algunos de los versos de aquel primer poemario titulado a secas Poemas, publicado en 1980. Un viernes le dije a  Raúl que me permitiera publicarlos y él aceptó. Los textos iban acompañados de unas fotos singulares de Jorge Carcioffi, en la que aparecía Raúl encaramado en los altos árboles de la orilla del río Sinú.  Los poemas se publicaron el domingo, y ya a primera hora del lunes, fuimos sorprendidos por una inesperada recaída de Raúl en la puerta de El Universal, buscándome para que le pagara treinta mil pesos por la publicación de las tres páginas. No hubo maneras de convencerlo de que él mismo me había autorizado publicar esas tres páginas tres días antes. Tuve a lo largo de quince días la persecución del poeta. Llegar al periódico se me convirtió en una verdadera pesadilla, porque Raúl había intentado agredir al portero y al recepcionista. Todo terminó una noche en que Edgardo Olier y yo salimos hambreados de la redacción a compartir un patacón y un jugo de zapote. Cuando nos sentamos a esperar que hicieran el jugo, sentí al instante unas manos enormes que me agarraron por el cuello. Era el poeta. Solo dijo: “Aquí me pagarás las tres páginas”. Le dijo al señor de los jugos que no hiciera nada para nosotros, y le explicamos con señas la situación. Raúl pidió dos jugos de milo y se comió la tártara de fritos. El señor de los jugos lo entendió cuando me vio el índice sobre la manzana de Adán: “Deje que se coma todo. Usted me cobra después en el periódico”. Era preferible deberle al señor de los jugos, que a Raúl Gómez Jattin.



Raúl Gómez Jattin


EPÍLOGO

Poco antes de morir atropellado por un bus de Zaragocilla el 22 de mayo de 1997, le pregunté a Raúl qué quería hacer con su vida en los diez años venideros. Y me dijo que deseaba comprar un pedazo de tierra en Turbaco para sembrar berenjenas.

Raúl hizo del Sinú su paisaje emocional y a él le consagró sus poemas en las que se mezclaban la naturaleza y sus criaturas y su evocación mítica de los personajes del mundo.

Iba a cumplir en nueve días sus 52 años. Intensa y perdurable es  su voz y su irradiación en la poesía de Colombia para el universo.  Allí están su libros que hipnotizan a sus lectores: “Poemas” (1981),  “Retratos” (1980-1989), “Amanecer en el valle del Sinú” (1983-1989), “Del Amor” (1982-1987), “Hijos del tiempo”(1992), “Esplendor de la mariposa” (1993), “Los poetas, amor mío...” (2000), es un verdadero tesoro.

Los campesinos de Cereté tenían meses esperando la llegada del invierno. El cadáver del poeta fue llevado de Cartagena hasta Cereté. Y sepultado en el cementerio de su pueblo, junto a los restos de sus padres. No había llegado el cadáver de Raúl a la plaza de Cereté, cuando se desgajó del cielo una lluvia incontenible. Los campesinos atribuyeron aquel milagro al corazón generoso e inusitado del poeta.





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DE OTROS MUNDOS

Tuesday, July 23, 2013

Triunfo Arciniegas / Hospital de caridad

Ojos
Sâo Paulo, Brasil, 2013
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Triunfo Arciniegas

HOSPITAL DE CARIDAD
Bogotá, 18 de julio de 2013


La diligencia me llevó más de cuatro horas. Todo el tiempo pensé en el verso de Raúl Gómez Jattin: "Porque cuando estoy enfermo voy al hospital de caridad". Primero necesité dos horas para encontrar el lugar donde me atendieran. En la primera clínica me exigían que cancelara ciento veinte mil pesos y que, además, firmara un pagaré en blanco. Todo por una simple consulta. Los mandé a la mierda, por supuesto. Seguí caminando, con media cara adolorida y paralizada, con el ojo derecho en un chorro de lágrimas, hacia un hospital donde me atendieron unos veinte años atrás. No puedo silbar ni escupir. No tengo necesidad de silbar en este momento, pero el caso es que no puedo hacerlo. Escupir resulta más necesario. Escupir la realidad, por ejemplo. O escupir a la realidad, que es otra cosa.

Vi en una vitrina un chaleco con muchos bolsillos, como para viajar lleno de cosas a otro país, y lo compré, más por los bolsillos que por el chaleco mismo. Y seguí mi recorrido con ese montón de bolsillos en una bolsa negra, una de esas que se usan para sacar la basura. Extraño momento para hacer compras, lo sé. 


Algo perdido, entré a una farmacia y me orientaron hacia otro rumbo, un hospital cuyo nombre me reservo porque no se trata de entablar una demanda sino de rememorar los hechos. Allí estuve un par de horas, entre el dolor y la desgracia ajenas. Una mujer embarazada se desmayó a mi lado. Otro se acercó casi a rastras al pasillo de los consultorios. Una mujer casi transparente, casi un fantasma, atravesó la sala y dejó caer una bufanda que nadie recogió. Era como si me hubiera colado a una película de zombis. ¿No hay unas miserables sillas de ruedas para que toda esa gente se movilice? Y la televisión encendida en un canal colombiano con la estúpida y requeteestúpida programación de las mañanas, donde gritan y saltan y ríen en vivo como si la vida fuese una suma de trivialidades, donde encuentran acomodo telenovelas y dramatizados de tercera categoría con actores varados en plan de rebusque. ¿Por qué lo hacen? Ahora uno encuentra televisores encendidos hasta en la sopa. ¿Pero por qué en los hospitales? Supongo que para que los pacientes se idioticen y no empiecen a gritar y a romper sillas y ventanas. Dan ganas de gritar.



Los ojos del monstruo
Bellas Artes, Caracas, 2013
Fotografía de Triunfo Arciniegas

Un muchacho, con el brazo fracturado, se sentó junto a mí. Más allá, un señor con la cabeza vendada, tan inmóvil y resignado como una estatua. Llegó una pareja de viejos, más cerca de los noventa que de los ochenta. El hombre, sumergido en la silla de ruedas, se quejaba como un niño, y la mujer, encorvada y con sus pocos pelos blancos en absoluto desorden, con sus ropas de pobre y las medias caídas, empujaba la silla. Habían olvidado la cédula. No sé si enviaron por ella o se dio el milagro de que los atendieran sin esta formalidad. Se acomodaron frente a mí, él todavía hundido en la silla de ruedas, por supuesto, y ella, muy callada y tranquila. En un momento le acarició la cabeza al hombre con un cuidado que me conmovió. Luego él sacó su peine y empezó a acicalarse sus pocos pelos. Lo imaginé con cincuenta años menos, enamorando muchachas.

En Colombia vivimos fascinados por la burocracia y la complicación de los trámites. Entre más enredada la cosa, más interesante nos parece. El portón de las urgencias de este hospital se mantiene asegurado con un grueso candado y hay que esperar que venga el portero. Uno puede llegar con las tripas fuera pero tiene que esperar a que el portero se digne acercarse. No hay letrero, hay que adivinar. O hacer otra cola a media cuadra, como fue el caso mío, para descubrir el secreto. Ábrete, Sésamo, pensé. Y cuando Sésamo se abre, el paciente se registra, con cédula y todo, y recibe una manilla de identificación. Luego toma un número de un dispensador y se sienta a esperar el turno. Pero resulta que este turno es tan solo para otro registro con cédula y preguntas de todo tipo, hasta religiosas. Me preguntaron si era católico o cristiano, y todavía no sé la diferencia. Es más, casi no sé qué es lo uno o lo otro. ¿Será que el tratamiento de un ojo católico es diferente al del ojo cristiano? ¿O se precisará esta información para pasar al más allá? Di mi dirección y creyeron que Pamplona es un barrio de Bogotá. Solo es el culo del mundo, señores. No lo dije, por supuesto, el dolor me obliga a comportarme como un caballero.  


Cindy Sherman
Nueva York, 2012
Fotografía de Triunfo Arciniegas 

Después del interrogatorio volví a sentarme y esperé más de una hora para que me atendiera una doctora muy joven y distante, imagino que en su año de práctica, en el consultorio 3. Me despachó en menos de cinco minutos. Más demora una peluqueada, desde luego. Pero, en fin, echando a pique se aprende. Me dijo la rubia y delicada doctora que tenía una parálisis facial periférica y anotó dos remedios. "Son baratos pero no significa que sean malos", dijo. Me sentí miserable, apretando la bolsa negra del chaleco, tal vez con cara de reciclador, de torcido recliclador, para más señas, y me di cuenta que la doctora daba por hecho que no tenía donde caerme muerto. Pero luego pensé "parálisis parcial periférica", mmm, nada parecido a un carranchín, y hasta me sentí importante. Explicó la rubia y seca doctora que no me ingresaba porque debía pagar un dinero. Aliviar el dolor era lo que más necesitaba, después de saber la naturaleza del mal, y salir corriendo de allí. Fui con la fórmula a facturación para cancelar la consulta, pero me pidieron que esperara. Media hora después seguía esperando. Me atreví a acercarme para explicar que necesitaba irme y me dijeron que esperaban el trag o algo así, una palabra que nunca había escuchado. "¿Dónde se saca?" Me señalaron una oficina y allí pedí el dichoso documento. Pero allí no lo expedían. ¿Entonces en dónde? Me dijeron que buscara al doctor que me atendió. Y fui al consultorio 3. Allí estaba la doctora, la rubia, la distante, sin ningún paciente, sin hacer nada. Le pedí el documento y dijo sin mirarme que lo enviaba en un momento. ¿Por qué demonios no lo había hecho antes? 

La bolsa negra del chaleco había desaparecido. Desanduve el camino hasta que la encontré debajo de una silla y me sentí como el niño que recupera su almohada consentida.


Diez minutos después me dieron la salida. Con un papel firmado fui a donde me habían puesto la manilla y luego un uniformado me llevó hasta el grueso candado del portón. He visto esta escena en las películas, con tipos que acaban de cumplir una condena. Abren la inmensa puerta, el pobre hombre sale y la cámara se aleja para mostrar la pavorosa soledad de la calle. El mundo es otro y él no sabe qué hacer. Ahí empieza la película.

Creo que uno debe enfermarse no más para conocer los trámites, y una vez que se convierte en experto, con toda confianza, y el alma en un hilo, acudir en serio al hospital.



Autorretrato, 2004
Triunfo Arciniegas

Salí a la calle y pedí un taxi. El primer tipo no quiso llevarme al centro, una zona congestionada a mediodía. Le dije que iba a denunciarlo y me hizo un gesto amenazante, como si quisiera abandonar el taxi para venir a golpearme: una paliza le hubiera añadido una nota patética a este día infeliz. En Bogotá los taxistas van donde les convenga, no donde el usuario necesita. Y no es la primera vez ni será la última que se me presenta esta situación. Van armados, al menos con una varilla de hierro, pero no soporto las ganas de restregarles la maldad. Alguien menos desconsiderado me llevó al fin hasta el centro, mi eterno territorio. Acudí a una farmacia de la Séptima. Allí mismo, la noche anterior me aplicaron una inyección y me aconsejaron que, según como amaneciera, consultara un doctor. "Volví", les dije, aireando el par de hojas que me dieron en el hospital, creyéndome muy cerca del alivio. De pronto, uno de los farmaceutas detalló la fórmula y se disculpó antes de rebatirla, y me dedicó la atención que no obtuve de la doctora. Esto es para la infección y lo suyo no es una infección, vecinito, esto es para esto. Una hermanita del farmaceuta había pasado por el mismo trance de retorcimiento. Pinche doctora. Decidí confiar en el farmaceuta, que al menos me atendió mejor, y terminé aplicándome la inyección que me sugirió. Es decir, toda una mañana perdida, toda una maratón para nada, toda una camisa empapada. El farmaceuta me puso el parche en el ojo derecho y me dio su teléfono para que lo llamara a cualquiera hora. Me citó para el lunes. Que se mejore, vecinito, y masque chicle todo el tiempo. Tengo el párpado cada vez más caído. Y el ojo no cierra del todo. Ya veremos qué pasa. Ya veremos, dijo el ciego. Soy un pirata y navego en mares infestados de tiburones.


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Biografía de Triunfo Arciniegas

Monday, July 22, 2013

Henry Miller / Carta de despedida a Anaïs Nin




Henry Miller
CARTA DE DESPEDIDA
A ANAÏS NIN


"Te deseo con la desesperación y el anhelo de lo imposible"


Qué son las despedidas si no saludos disfrazados de tristeza? Lo mismo que el deseo y el placer de verte mientras te desnudas y te envuelves en la sábanas. Nunca has sido mía. Nunca pude poseerte y amarte. Nunca me amaste o me amaste demasiado o me admiraste como la niña que toma una lente y se pone a ver cómo marchan las hormigas y cómo, en un esfuerzo inacabable y lleno de fatiga, cargan enormes migajas de pan. Qué son aquellas noches lluviosas en medio de la cama de un hotel. Qué el recuerdo de nuestros pasos por la calle, en el teatro o en la sala de conciertos. Qué son los recuerdos de los celos y de tus amantes y de June y de mis amantes.Anaïs, no creo que nadie haya sido tan feliz como lo fuimos nosotros. No creo que exista en la historia del hombre y de la mujer un hombre y una mujer como tú y como yo, con nuestra historia, nuestras circunstancias; con aquello que se desbordaba en las paredes, el ruido de la calle y la explosión de tu mirada inquieta de ojos delineados en negro; con la sinceridad de tu cuerpo frágil y tu secreto agresivo e insaciable. El recuerdo puede ser cruel cuando estás volando febrilmente a tu próximo destino, a otros brazos que te reciban expectantes y hambrientos. El recuerdo de tu diario rojo que tirabas en la humedad de la cama entre tus labios entreabiertos y mis ganas de desearte. Te deseo. Te deseo con la desesperación y el anhelo de lo imposible y ya te has ido y tal vez, en un sueño imaginativo y romántico, leerás estas palabras una y otra vez, en medio de mi ciudad con la gente pasando en medio de las calles y la sorpresa en tus ojos y la gran dama con el fuego en la mano derecha.Mi querida Anaïs, ma petite, ma jolie, infanta inquieta de sal nocturna. Te extraño cuando huyes de madrugada y te extraño cuando camino y me tomo un café en la calle; te extraño cuando June se acerca cariñosa y cuando paso por los grandes aparadores. Te extraño casi a todas horas: cuando escribo, cuando te pienso, cuando escucho las campanas que me anuncian que ya son las tres, cuando me acuerdo de las horas interminables entre humo y whisky, cuando tengo una comida que dura toda la tarde, también cuando me despido de ti cada día a la misma hora, cuando como en aquel lugar donde nos dio el aire y cuando escucho la radio. Adiós, Anaïs, adiós. Ya nos encontraremos en otras vidas y en otras vidas podré poseerte y quedarme contigo para siempre. Ya te veré en medio de la nieve y entre libros y vino. Adiós, tuyo siempre

Henry


Sunday, July 21, 2013

Henry Miller / Dos cartas para Anaïs Nin


Henry Miller
DOS CARTAS PARA ANAÏS NIN


Terriblemente, terriblemente vivo, afligido, absolutamente consciente de que te necesito. He de verte, te veo brillante y maravillosa y al mismo tiempo le he escrito a June y me siento desgarrado, pero tú lo entenderás, debes entenderlo. Anais, no te apartes de mí. me envuelves como una llama brillante. Anais, por Dios, si supieras lo que siento en este momento. Quiero conocerte mejor. Te quiero. Te quise cuando viniste a sentarte en mi cama -esa segunda tarde fue toda como una cálida neblina- y de nuevo oigo cómo pronuncias mi nombre, con ese extraño acento tuyo. Despiertas en mí tal mezcla de sentimientos que no sé cómo acercarme a ti. Ven a mí, aproxímate a mí, será de lo más hermoso, te lo prometo. No sabes cuánto me gusta tu franqueza, es casi humildad. Sería incapaz de oponerme a ella. Esta noche he pensado que debería estar casado con una mujer como tú. O es que el amor, al principio inspira siempre esos pensamientos?. No temo que quieras herirme. Veo que tú también posees fuerza, de distinto orden, más escurridiza. No, no te romperás. Dije muchas tonterias sobre tu fragilidad. Siempre he sentido un poco de vergüenza, pero la última vez menos. Acabará desapareciendo toda.
Tienes un sentido del humor delicioso; lo adoro. Quiero verte reir siempre. Te lo mereces. He pensad
o en sitios a donde deberíamos ir juntos, sitios oscuros, aquí y allí, en París, por el simple hecho de decir "aquí vine con Anaïs", "aquí comimos, bailamos o nos emborrachamos juntos".
Ay!, verte borracha alguna vez, qué privilegio!, casi me da miedo de proponértelo
; pero Anais, cuando pienso cómo aprietas contra mí, cuán ansiosamente abres las piernas y qué humeda estás, Dios, me vuelvo loco de pensar en cómo serías cuando todo se disuelve. Ayer pensé en ti, en cómo ciñes las piernas en torno a mí, de pie, en cómo se tambalea la habitación, en cómo caigo sobre ti en la oscuridad sin saber nada. Y me estremecí y gemí de placer.
Pienso que si he de pasar todo el fin de semana sin verte, resultará intolerable. Si es preciso, iré a Versailles el domingo - lo que sea, pero he de verte. No temas tratarme con frialdad. Me bastará con estar cerca de ti, con mirarte admirado. Te quiero, eso es todo.








Quiero decir que no puedo ser absolutamente leal, no está dentro de lo que soy capaz. Me gustan las mujeres, o la vida, demasiado… No sé cual de las dos cosas. Pero ríe, Anaïs. Me encantaría oírte reír. Eres la única mujer que tiene un sentido de la alegría, una sabia tolerancia; no, es más, parece que me instas a que te traicione. Por eso te amo. Y ¿qué es lo que te lleva a hacer eso, el amor? Es hermoso amar y ser libre al mismo tiempo.
No sé lo que espero de ti, pero es algo parecido a un milagro. Te voy a exigir todo, hasta lo imposible, porque me animas a ello. Eres realmente fuerte. Me gusta incluso tu engaño, tu traición. Me parece aristocrático (¿suena inapropiada la palabra aristocrático en mi boca?).
Sí, Anaïs, pensaba en como traicionarte, pero no puedo. Te deseo. Quiero desnudarte, vulgarizarte un poco… no sé, ay, lo que me digo. Estoy un poco bebido porque tú no te encuentras aquí. Me gustaría dar una palmada y Voilà, ¡Anaïs! Quiero que seas mía, usarte, follarte, enseñarte cosas. No, no siento aprecio por ti, ¡no lo permita Dios! Tal vez quiera hasta humillarte un poco, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué no me arrodillo ante ti y te adoro? No puedo, te amo alegremente ¿Te gusta eso? Y querida Anaïs, soy tantas cosas. Ves solamente las cosas buenas ahora, o al menos eso es lo que me haces creer. Quiero tenerte al menos un día entero conmigo. Quiero ir a sitios contigo, poseerte. No sabes lo insaciable que soy, ni lo misera
ble, además de egoísta.
Me he portado bien contigo. Pero te advierto, no soy ningún ángel. Pienso principalmente que estoy un poco borracho. Me voy a la cama; resulta demasiado doloroso permanecer despierto. Soy insaciable. Te pediré que hagas lo imposible. No sé lo que es. Probablemente tú me lo dirás. Eres más rápida que yo. Me encanta tu coño, Anaïs, me vuelve loco. Y tu manera de pronunciar mi nombre. ¡Dios mío, parece irreal! Escucha, estoy muy ebrio. No soporto estar aquí solo. Te necesito. ¿Puedo pedírtelo todo? Puedo ¿Verdad? Ven enseguida y fóllame. Descarga conmigo. Rodéame con las piernas. Caliéntame.




Alvaro Uribe / El Gran Colombiano o la Gran Vergüenza Nacional


Alvaro Uribe
EL GRAN COLOMBIANO
O LA GRAN VERGÜENZA NACIONAL

2 Jul 2013 - 11:45 pm

Cecilia Orozco Tascón

La historia de History Channel y su gran colombiano

Por: Cecilia Orozco Tascón

En junio de 2008, época en que Colombia vivía una alta tensión política institucional por la conducta intimidante del Presidente de la República con todo aquel que no casara en sus planes, la comunidad internacional se interesaba por lo que sucedía aquí.

History Channel Latinoamérica (HCHL), dirigida por un grupo de argentinos, andaba a la caza de programación atractiva para ofrecerla en su parrilla.  El periodista Hollman Morris, acosado desde las altas esferas del poder, como otros reporteros, por su independencia profesional, encontró la oportunidad de trabajar con un medio que, aparentemente, estaba fuera del alcance de la estigmatización oficial. Viajó a Caracas a reunirse con uno de los ejecutivos de ese canal, Miguel Brailovsky, y de allí surgió un contrato para la realización de cinco programas. A partir de ese momento, Morris anduvo con sus productores por ocho países y once meses después tenía editado su cometido total. El 25 mayo de 2009 el canal lanzó, mediante profusa publicidad local, el primero de los programas titulado “Colombia, la hora de la paz”, registro de la entrega de secuestrados a quienes, gracias a Piedad Córdoba,  las Farc habían decidido liberar.  El jefe de Estado, más preocupado por la difusión de esas imágenes que por la salud de los recién liberados, criticó con acidez a Morris del que aseguró que “una cosa es la libertad de prensa y otra, utilizar el carnet de periodista para convertirse en publicista del terrorismo”.  HCHL alcanzó a emitir la segunda entrega pero, sin ninguna explicación, suspendió las tres restantes que se apolillan en sus archivos hasta el día de hoy. El contacto de Morris con HCHL murió de infarto fulminante.
Menos de un año más tarde, el 17 de marzo de 2010, la Presidencia lanzaba, en una ceremonia con 200 invitados, un contenido televisivo que se había ideado la negociante HCHL. La oficina de prensa de la Casa de Nariño escribió: “El presidente Álvaro Uribe Vélez encabezará el lanzamiento de la serie ‘Unidos por la historia’, y del himno del Bicentenario de la Independencia producidos por el canal The History Channel, con el apoyo del gobierno”. Y añadió que “el Jefe de Estado estará acompañado por el gerente general del canal, Eduardo Ruiz”. Parráfos adelante, registró también, como huella indeleble, otra fecha clave que con un poco de sentido común, podría recordar la abrupta decisión de eliminar la serie Morris:   “esta producción… apoyada por Colombia es Pasión y por el Ministerio de Relaciones Exteriores” (fue rodada en Bogotá) por un equipo de cinco personas que viajó desde Buenos Aires, del 14 al 22 de junio de 2009, con apoyo de la marca país”,  apenas un mes después de que los programas de Morris fueran cancelados.
La Alta Consejera  Presidencial para el Bicentenario María Cecilia Donado, pronunció un  discurso durante el  solemne evento para “agradecer, de corazón, a nuestros buenos amigos de History Channel Latinoamérica y a sus vicepresidentes Miguel Brailovsky  y Eduardo Ruiz … por su energía y trabajo” y calificó a ese medio de “aliado muy importante” de la Casa de Nariño. Cinco fotografías dan cuenta del encuentro en que el presidente le rinde homenaje a HCHL por su “gran devoción” y Ruiz, uno de los vicepresidentes del canal, le devuelve la atención con la entrega “de una placa de reconocimiento y agradecimiento”.  ¡Oh casualidad! Tres años después, HCHL recrea un concurso dizque para elegir al ‘Gran colombiano’. ¿Ganador? ¡Álvaro Uribe!, por encima hasta de Simón Bolívar quien está en la lista de preseleccionados a pesar de haber nacido en Venezuela. Claro, no nos contaron que se merecía el confuso título, no el mejor hombre de nuestra vida republicana, sino quien hubiera mejorado los balances comerciales de HCHL, de Brailovslky y de Ruiz.

El Espectador

El excompañero de Uribe que quiere revocarlo del Gran Colombiano

Por: KienyKe
Publicado 9:01 am, junio 29, 2013

Guillermo Aníbal Gärtner Tobón había escuchado un par de veces sobre el concurso del Gran Colombiano, organizado por la cadena History Channel, pero entonces no le había prestado mucha atención. En una ocasión, mientras canaleaba buscando algún programa para ver en televisión, se dio cuenta de que en una de las promociones de esta competencia se promocionaba la candidatura del general Gustavo Rojas Pinilla, expresidente colombiano cuyo mandato militar es considerado una dictadura. “Qué clase de concurso es; ¿cómo van a poner de Gran Colombiano a un dictador como fue Rojas Pinilla? ¿Es que la gente no tiene sentido de la historia?
Gärtner Tobón es abogado con especializaciones de Derecho Internacional Humanitario, Historia de América Latina, Maestría en Derecho Penal Internacional y docente universitario jubilado. El domingo, día de la elección del Gran Colombiano, ni siquiera estaba cerca al televisor. Uno de sus hijos le contó la noticia: “¿Papá, ya se dio cuenta? escogieron como gran colombiano a Álvaro Uribe”.
-No me extraña nada en absoluto- respondió.
El día siguiente inició una protesta individual que de un momento a otro cogió fuerza y ya tiene casi 22 mil seguidores. Es el promotor de la revocatoria de la “designación del señor Álvaro Uribe como el Gran Colombiano”. En conversación con KienyKe describó la bola de nieve que resultó siendo su manifestación en redes sociales, expuso sus argumentos y reveló que fue amigo del expresidente Uribe, a quien sugirió que renunciara a este reconocimiento.

¿Cómo llega usted a crear una iniciativa que parecía tan personal, en todo un movimiento de miles que rechazan la elección del expresidente Álvaro Uribe como el “Gran Colombiano”?

Fue algo muy espontaneo. No se trata de una conspiración ni de un acuerdo con algún grupo o persona.  Al día siguiente que me enteré leí en Facebook y encontré que no menos de diez personas que estaban expresando su indignación. He sido ‘cacharrero’ con las cosas de Internet y les propuse que hicieran algo para canalizar su descontento. Nadie tomaba la iniciativa y recordé que existía el sitio Change.org y decidí abrir la iniciativa en términos respetuosos. De un momento a otro el asunto se creció y ya me tocaba asumir la responsabilidad como iniciador de esta cosa, sin tener una pretensión de nada.

¿Con qué argumentos invita usted a la gente a que siga su iniciativa?

Diciendo que Álvaro Uribe es un personaje súb-judice (sujeto a cuestionamiento judicial), sobre el cual pesan fundadas sospechas de su compromiso por acciones y por omisiones en el fenómeno del paramilitarismo y la parapolítica en Colombia, y que para muchos colombianos Álvaro Uribe es la personificación de serias vulneraciones a los derechos humanos. Yo ahí no estoy haciendo condena ni cosa parecida, sino constatando un hecho social que existe dentro de la opinión y hace que sea un inconveniente designar a una persona que aparece comprometida en hechos políticos, que son objeto de investigación.

Comentaba usted que fue amigo del expresidente Uribe, incluso lo llama usted “Álvaro”. ¿Conocerlo de antes lo motivó a este rechazo?

Quiero ser claro. No se trata de enfrentarme personalmente con él (Uribe). Sino representar una voz de inconformidad fundada en hechos que son constatables. No se trata de una animadversión de parte mía contra Álvaro, porque yo lo conozco personalmente, estudiamos en la universidad de Antioquia, fuimos compañeros en la Sociedad Económica de Amigos del País. Él iba por su lado y yo por mi lado, por decirlo así. Fuimos condiscípulos en la Universidad; yo iba un poco más adelante que él. Tuvimos oportunidad de compartir en varias oportunidades. El papá de Álvaro, don Alberto, visitaba el edificio en Medellín donde tenía el apartamento mi papá. En más de una ocasión nos encontramos allí. Era una amistad no cifrada en organizaciones propiamente políticas.
Después en Antioquia tuve una participación en la creación del comité de derechos humanos, que presidió Héctor Abad Gómez. Por mis intervenciones tuve que desplazarme de Antioquia, eso a inicios de los 80. La última vez que me encontré con Álvaro fue en el aeropuerto de Pereira, cuando él estaba en campaña presidencial. Él iba para Bogotá, yo también, pero en vuelos diferentes. Nos saludamos muy cordialmente y listo.

Guillermo Aníbal Gartner, Alvaro Uribe, Kienyke

¿Cómo describe a Uribe?

No quiero hacer una personificación de que él fuera el malo de la película, pero indiscutiblemente es una persona muy inteligente y muy arrogante. Es una característica del hombre.

Mencionaba usted al general Rojas Pinilla al inicio de la entrevista. ¿Encuentra comparación entre el militar y Uribe Vélez?

No. Pero sí una consideración de carácter emocional. Yo la época de Rojas Pinilla vivía en Calarcá, y estudiaba en escuela pública. En quinto de primaria rayamos unas fotos de Rojas Pinilla en libros de historia; nos llevaron ante la alcaldía y nos conminaron que nos enviarían seis meses a una correccional por haber vulnerado la majestad del gobernante… Fue por eso que critiqué a Rojas en esta elección del “Gran Colombiano”, pero que vaya yo a encontrar una especie de paralelo práctico entre ellos: no. Las condiciones son diferentes a las de hace 50 años.

¿Entonces cree que Álvaro Uribe no debió ser considerado como candidato a “el Gran Colombiano”?

Yo considero que Álvaro mismo debería renunciar a ello, siendo consciente de la situación de él frente al país, en relación a lo que ha ocurrido en las dos últimas décadas, desde que fue gobernador de Antioquia. Por  razones de ética elemental él debería decir: eso adjudíquelo a otra persona.
Ojalá Álvaro conozca esta situación, con mi propio nombre. Y que muchas saludes le manda el amigo Guillermo. Él podría decir que cuando me conoció yo era un revolucionario reconocido en la Universidad; que sea la oportunidad para que nos demos la mano y que todos ayudemos a construir un país mejor. 

Por eso las votaciones que usted ha liderado, de manera espontánea y han generado tanta respuesta…

El día siguiente a que se anunciara la selección de Álvaro Uribe inicié la votación. Fue asombroso; Al inicio, en pocas horas, superaba 500 votos. Ya eso iba teniendo una gran cantidad de adhesiones. Lo que en un principio fue iniciativa de carácter individual y personal, dejó de serlo y se convirtió en un hecho social, significativo y de peso.
He recibido muchos correos de apoyo, y solidaridad, y otros de agradecimiento que parten del supuesto de que yo tomé una vocería que ellos no habían pronunciado. Pero también se han presentado cosas desagradables, de insultos, que yo diría que reflejan que la cultura nuestra en Colombia todavía está en condiciones de polarización muy delicadas. Son cosas violentas y las puse en conocimiento de la Defensoría del Pueblo como de la dirección seccional de fiscalías. Ellos son los que tienen la competencia con sus grupos de delitos informáticos de hacer lo que les corresponde para garantizar la libre expresión en redes.

Pero de cualquier forma, ¿no le parece válido, legítimo, que una mayoría que votó haya decidido que Álvaro Uribe es el Gran Colombiano?

Yo lo que digo es que para muchos, no pocos sino para muchos colombianos, él es un súper hombre. Lo consideran el salvador, la persona que logró que los colombianos pudieran viajar por las carreteras del país sin miedo a ser secuestrados, en fin… Yo lo digo porque yo no vivo en Marte. Hay amigos conocidos que yo sé que son partidarios de primer orden de las iniciativas que tomara Álvaro en el campo de la lucha política, y que representa además las condiciones de la mentalidad de la mano fuerte, del patrón. Que Álvaro ha representado algo muy importante al ser el adalid contra las Farc, tiene explicación histórica clara, porque las Farc desde hace mucho rato se involucraron con hechos repudiables por cualquier persona que tenga el más mínimo sentido de humanidad. Y las personas que podemos cuestionar este tipo de cosas somos una minoría, pero respetable. Y somos tan colombianos como los otros, que queremos al país, que queremos llegar a niveles de diálogo, de entendimiento, que no quiere decir de homogeneidades.

La Gran Vergüenza Nacional

Por Jorge Gómez Pinilla

OPINIÓN 

Si se hiciera una elección antónima, algo así como 

La Gran Vergüenza Nacional, Álvaro Uribe sería también 

uno de los candidatos a llevarse el título.

En columna anterior dije que “en Colombia han sido los equivocados de buena fe los que en más de una ocasión, actuando como mayoría, han puesto en la presidencia a gente incapaz o indeseable”.
Tan cierto como decir que al que no quiere caldo le dan dos tazas, esos mismos equivocados de buena fe (y los de mala fe también) actuaron de nuevo la semana pasada para elegir ya no a la presidencia, sino al título de Gran Colombiano, a Álvaro Uribe Vélez.
La noticia de entrada produce indignación, y con el paso de los días se convierte en resignación, ante una circunstancia que siembra serias dudas sobre una de dos: el estado mental de los colombianos… o la legitimidad del mecanismo para la elección.
Es hasta cierto punto comprensible que hayan elegido a Uribe presidente de Colombia, e incluso que lo hubieran reelegido por sus golpes contundentes a la guerrilla de las Farc, pero resulta inaudito que, después de que abandonó la Presidencia y han salido a relucir tantísimos cuestionamientos y acusaciones contra él y contra una buena parte de la gente que lo acompañó (muchos de los cuales hoy están en prisión o huyendo de la justicia), aparezca ahora ante el mundo entero como el colombiano más importante de los dos últimos siglos.
Mejor no lo pudo decir Guillermo Aníbal Gärtner Tobón, quien fuera su amigo y compañero de estudios en la Universidad de Antioquia, y de trabajo en la Sociedad Económica de Amigos del País: “Álvaro Uribe es un personaje sub-judice (sujeto a cuestionamiento judicial), sobre el cual pesan fundadas sospechas de su compromiso por acciones y por omisiones en el fenómeno del paramilitarismo, y (…) es la personificación de serias vulneraciones a los derechos humanos”.
“¡Vergogna!”, es la sonora expresión que utilizan los italianos para describir este tipo de situaciones, que traduce vergüenza, pero a su vez es sinónimo de ignominia. Y es que, no nos llamemos a engaños: resulta desde todo punto de vista ignominioso que ante los ojos del mundo entero aparezca como el colombiano modelo un expresidente durante cuyo gobierno (para mencionar una sola ignominia) ocurrió el holocausto conocido como los ‘falsos positivos’, y que éste insista en calificar a sus autores como “héroes de la patria” y “perseguidos por la Fiscalía”.
Olvidémonos si se quiere de cuestionar la salud mental de los colombianos, considerando que fue elegido apenas por el 30 por ciento de los votantes de ese concurso; pero es pertinente cuestionar la legitimidad de la elección, si traemos a colación lo que cuenta (e investigó) Emma Flood, bloguera de El Tiempo: “El ‘golazo’ de Uribe consistió en hacer incluir su nombre con la seguridad de que él mismo ayudaría con su millón y medio de seguidores tuiteros, sus organizaciones de propaganda personal como Primero Colombia y otras afines, aprovechando el hecho de que ningún otro candidato contaría con semejante aparato publicitario”. En otras palabras, el uribismo aprovechó para influir directamente sobre el resultado, convirtiendo así el resultado en un evidente triunfo político. Diríase entonces que el que ganó fue el Gran Elector Colombiano.
Lo paradójico del asunto es que, si se hiciera una elección antónima, algo así como La Gran Vergüenza Nacional, Álvaro Uribe sería también uno de los candidatos a llevarse el título. El mismo Guillermo Aníbal Gärtner que cité arriba está promoviendo la revocatoria de la elección, y ya lleva casi 24.000 votos. Si bien es cierto que esto no actuará como mecanismo de presión (el vicepresidente de History le manifestó a Noticias Uno que por ningún motivo revocará la elección), servirá al menos para sentar un precedente ético en contra.
Es por ello que desde esta tribuna me atrevo a lanzar la idea, a ver si algún medio la acoge, consistente en hacer una encuesta ahora orientada a preguntarles a los colombianos quién podría ser La Gran Vergüenza Nacional. Es casi de Perogrullo vaticinar que el ganador sería el personaje más siniestro que ha habido en la historia de Colombia, Pablo Escobar Gaviria. 
Ahora bien, no deja de ser llamativo advertir la cercanía que se dice hubo entre este y “El Gran Colombiano” (basta recordar a quién perteneció el helicóptero que el 14 de junio de 1983 descendió en la hacienda Guacharacas), sumado al hecho de que a un primo hermano de Escobar, José Obdulio Gaviria, se le atribuye el papel de ‘cerebro gris’ del gobierno Uribe. 
No se trata en últimas de actuar con ánimo revanchista, sino de dejar en claro que la elección de Álvaro Uribe Vélez como El Gran Colombiano sí es una gran vergüenza para Colombia.