Showing posts with label Poetas colombianos. Show all posts
Showing posts with label Poetas colombianos. Show all posts

Saturday, November 9, 2013

Luisa Fernanda Trujillo / Simiente

Fotografía de André de Plessel

Luisa Fernanda Trujillo
SIMIENTE
regada su simiente
en cada encuentro
germina 
           en mi boca



Luisa Fernanda Trujillo
Trazo en sesgo la noche
Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2012, p.8

Otros poemas




Monday, October 7, 2013

Pablo de Llano / El Gaviero murió antes que Mutis


El Gaviero murió antes que Mutis

Pablo de Llano
México, 5 de octubre de 2013

Los amigos de México del escritor colombiano recuerdan su alegría de siempre y el drama familiar que apagó sus últimos años



El escritor Álvaro Mutis en su casa del DF / MARCELO SALINAS
En una cafetería de la Ciudad de México, Rodrigo Castaño, un viejo amigo de Álvaro Mutis. habla del “parteaguas” que dividió la vida del escritor colombiano: la pérdida en el año 2007 de su hija Francine. Dice que antes de eso, desde que llegó a México en 1956, Mutis fue siempre “una fiesta ambulante”, “la alegría, la carcajada”; que era “lo más desparpajado de la Tierra”, “un gocetas, un gran sibarita, el rey del salón”, pero que después se desconsoló. “Alrededor de ella giraba todo. Pero a Francine le da un cáncer y se muere, y con Francine se muere Maqroll”.
Los últimos años del creador de la saga novelesca de Maqroll el Gaviero, fallecido el 22 de septiembre a los 90 años en la Ciudad de México,fueron lo opuesto a todo su tiempo anterior, como explica este amigo, hijo de Álvaro Castaño –promotor de la primera emisora de radio cultural de Colombia e íntimo de Mutis desde que eran jóvenes–. Otros conocidos del escritor también hablan de esa penumbra final de la vida del autor, retirado en casa y apenas sin escribir, como un contraste cruel con toda la luz que regaló por la capital de México durante medio siglo.
Una cosa que le quedó grabada a la poeta colombiana Ana María Jaramillo fue lo mucho que disfrutó Mutis de un cuadro que ella tiene en su casa y que al parecer no es exactamente una maravilla del arte. Es el retrato de un bisabuelo de su marido, el poeta mexicano José María Espinasa. Ella dice que es un retrato “pomposo” de un prohombre con lentes redondos oscuros y “un pelito ondulado peinado muy a ras”. Un día Ana María Jaramillo rescató el cuadro de la basura –que es el destino que le había otorgado su suegra, la propia nieta del prohombre– y lo colgó en una pared de la entrada de su casa porque le gustó el marco. Cuando Mutis fue a su casa y lo vio se quedó impresionado, pero no por el marco sino por la imagen egregia del ancestro. “Esto le da respetabilidad a una familia”, dijo. Álvaro Mutis, un colombiano criado en Europa, un burgués que se declaraba monárquico, un intelectual vacilón, sabía apreciar la solera de un antiguo pelito ondulado. En su despacho, además de una máquina de escribir y de un tocadiscos donde ponía música clásica, el escritor tenía un retrato del rey Juan Carlos encima de la chimenea.

Mutis llegó a la Ciudad de México en 1956 y se convirtió en una estrella de la bohemia intelectual
El sentido del humor y la capacidad de contar cosas asombrosas de una variedad enorme de temas, porque su cultura era tan amplia como su historial de viajes, fueron dos de las cualidades principales del poeta y novelista colombiano. Desde que llegó a México se convirtió en una estrella de la bohemia intelectual de esta ciudad. Entre sus amigos estaban el cineasta Luis Buñuel, el escritor Carlos Fuentes, la novelista Elena Poniatowska, Luis Alcoriza, también director de cine, el historiador Fernando Benítez, el escritor Octavio Paz, el publicista Jomi García Ascot. Algunos fueron visitantes habituales de Mutis en la cárcel de Lecumberri cuando lo encarcelaron en 1959 durante más de un año por gastarse en lo que quiso algunos dineros de la petrolera Esso, para la que había trabajado de relaciones públicas en Colombia.



Otro de sus grandes amigos en México fue Gabriel García Márquez, que lo definió como “el colombiano más simpático del mundo”. Fueron íntimos, con gustos en común como la literatura y la joda, concepto colombiano de la burla, y con particularidades diferentes, según dice Rodrigo Castaño. “Gabo era un hombre de canto y de cumbia, y Álvaro era más de Bach y de Beethoven. Gabo era de jolgorios bruscos, y Álvaro era un hombre de club. Gabo se comprometía políticamente, y Álvaro solo se debía a su real majestad Felipe II”. Entre ellos no se hablaba de política. Y menos de Cuba: “Castro no era tema”.
Mutis siempre se mantuvo a las afueras de los bloques de poder, políticos o intelectuales, y eso resultó ser una virtud para cuajar bien en el mundo de la cultura de México, según dice el escritor Alberto Ruy Sánchez, que frecuentó las comidas que organizaba el autor colombiano los domingos en su casa del barrio de San Jerónimo, donde vivía con su esposa Carmen Miracle. “En México había una polarización muy grande, y Mutis fue una figura de confluencia”. Cuando se asomaba una discusión política él solía evitarla, y si acaso se amparaba con sorna en el artículo 33 de la Constitución mexicana: Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país.

Fue una figura de confluencia en el polarizado mundo cultural mexicano
Álvaro Mutis era un hombre que primaba la amistad sobre las ideas, el marisco sobre las doctrinas, el buen licor sobre la teoría política. En la Casa Refugio de Citlaltépetl, una asociación de la Ciudad de México que hospeda a escritores amenazados, siempre tenían guardada para él una botella de whisky escocés de marca Glenfiddich. Mutis era el presidente del patronato de la Casa Refugio. Su director, Philippe Ollé, dice que el padre de las aventuras de Maqroll el Gaviero era muy generoso con los autores jóvenes o desconocidos que pasaban por allí. Iba a hablar con ellos, acudía a las charlas.



Ollé recuerda que una noche en un coloquio sobre la literatura y el exilio salió a dar un discurso un poeta kosovar llamado Xhevdet Bajraj. Al escritor extranjero le había traducido las notas al español su esposa. Ella también era de Kosovo. La traducción fue modesta. Xhevdet Bajraj se puso a leer y sus palabras no fluían. La sala del centro estaba llena. El poeta kosovar lo intentó pero no pudo más y acabó tirando sus papeles al suelo. Pidió perdón a los asistentes y habló en español como pudo: “Yo vengo de un país destruido. He conocido momentos terribles, y en mi país hay un dicho popular que dice que la vida escribe historias. Pero yo desde que atravesé todo esto sé que la poesía la escribe la muerte”. Ollé tenía a Mutis sentado a su lado. Lo miró y vio que estaba llorando. El distinguido escritor colombiano se levantó de la silla y abrazó al poeta kosovar que no era capaz de decir las cosas bien.

Lea, además

FICCIONES

DE OTROS MUNDOS


***



MESTER DE BREVERÍA

DRAGON

PESSOA




Sunday, September 29, 2013

La muerte de Alvaro Mutis

Álvaro Mutis

Muere a los 90 años 

el escritor colombiano Álvaro Mutis

El autor de la saga novelesca de Maqroll el Gaviero residía en Ciudad de México desde 1956 y recibió el Premio Cervantes en 2001

    “No sabemos nada de la muerte”, decía Álvaro Mutis, “es inútil hablar de ella, pero es bueno invocarla para mantenerla controlada”. En la tarde del domingo, el escritor y poeta colombiano se enfrentó al fin con ese enigma. Mutis, de 90 años, falleció tras sufrir un problema cardiorrespiratorio en Ciudad de México, capital del país donde residía desde 1956. El creador de la saga novelesca de Maqroll el Gaviero, premio Cervantes en 2001, estaba hospitalizado desde el pasado día 16, según confirmó su esposa, Carmen Miracle.
    El mundo de las letras en español despidió a Mutis como uno de los grandes poetas hispanohablantes, también cuando escribía en prosa. Poeta de la desesperanza, en su obra la naturaleza del trópico es metáfora del deterioro del tiempo en la naturaleza humana. Su protagonista, Maqroll, su alter ego, es un solitario viajero errante, que entre puertos y hoteles de mala muerte, sobrevive, como en el eterno vaivén de un viejo barco, entre lo efímero y la plenitud pasada.

    Al velatorio, instalado en San Jerónimo, acudieron amigos como Mercedes Barcha, esposa de Gabriel García Márquez, que no hizo declaraciones, o Philippe Ollé-Laprune, director de la Casa Refugio, institución que hospeda a autores exiliados. Ollé evocó al Mutis de los últimos años, alejado de la vida pública pero abierto a la plática y a las visitas y que “mantenía la risa de un niño”, informa Sonia Corona. También asistió el escritor Juan Villoro, quien afirmó que “Neruda y Borges encontraron en los versos de Álvaro una conversación perfecta”. Desde la Feria Internacional del Libro, su directora, Marisol Schulz, anunció que este año Guadalajara rendirá un homenaje al escritor.

    Nacido en Bogotá en 1923, de padre diplomático, Mutis cursó sus primeros estudios en internados de París y Bruselas. Tras la muerte de su padre, regresó a Colombia donde dejó el bachillerato por la poesía y el billar. Comenzó a trabajar en una radio y en varias multinacionales, lo que le supuso viajar sin cesar.


    El director de la Casa Refugio para escritores, Philippe Olle (segundo a la izquierda), y el escritor Juan Villoro (derecha) en la capilla ardiente de Álvaro Mutis. / SONIA CORONA
    Mutis empezó a escribir, desde muy joven, versos de los que apenas ha quedado una línea: “Un dios olvidado mira crecer la hierba”. No se decidía a publicarlos y fue el crítico Casimiro Eiger quien le animó. “Alvarito, deje de guardar cosas en los cajones, que ahí se pudren. O se queman, o se publican”. Con ese impulsó, en 1948 vio la luz La Balanza, su primer libro de poemas. Y, siguiendo el consejo al pie de la letra, en su vida destinó al fuego algunos manuscritos.
    Así arrancaba una carrera por momentos prolífica, por momentos silenciosa, porque escribir era para él un hecho natural, no un deber, “algo que ocurre y deja de ocurrir”. Vinculado con jóvenes poetas en la revista Mito, colaborador de periódicos, en 1953 publicó Los elementos del desastre, donde aparecía por primera vez Maqroll el Gaviero, el personaje que nunca abandonaría. “El Gaviero viene de mis lecturas de Conrad, de Melville (sobre todo de Moby Dick); es el tipo que está allá arriba, en la gavia, que es el trabajo más bello del barco, entre las gaviotas, frente a la inmensidad y en la soledad más absoluta”, decía Mutis del protagonista de siete de sus nueve libros de narrativa.


    Mutis con Botero y García Márquez. / EL ESPECTADOR
    En 1956 se estableció en México a donde llegó con varias cartas de recomendación, una de ellas dirigida a Luis Buñuel, con las que consiguió trabajo en la publicidad. En esos años conoció a dos de sus grandes amigos, Octavio Paz y Carlos Fuentes. Tres años más tarde fue encarcelado 15 meses en el Palacio Negro de Lecumberri, acusado de malversación de fondos en la petrolera Esso. Su estancia en prisión, que recogería enEl diario de Lecumberri (1960), cambiaría su vida, hasta el punto de que sin aquella experiencia ni sus novelas de Maqroll ni su poesía posterior hubieran existido. “En la cárcel”, decía, “estamos ante la verdad absoluta. La recuerdo como una gran lección”.
    En Lecumberri conoció a Elena Poniatowska. “Yo iba a la cárcel a visitar a presos políticos”, recuerda la escritora. “Me pidió À la recherche du temps perdu, de Proust, y yo le llevé los tomos de Gallimard”, cuenta. “Era un hombre alegre, el alma de las fiestas, hacía estupendas imitaciones de escritores, sobre todo de Neruda, y todas las mujeres se enamoraban de él. Como escritor, Maqroll nos permitió tener un mar en México y se convirtió en el Conrad Latinoamericano”.

    Galardones


      • Premio Nacional de Letras de Colombia, 1974
    • Premio Nacional de Poesía de Colombia, 1983
    • Orden de las Artes y las Letras, del Gobierno de Francia, en el grado de Caballero, 1989
    • Premio Médicis Étranger de Francia, 1989
    • Premio Nonino de Italia, 1990
    • Premio Príncipe de Asturias de las Letras de España, 1997
    • Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana de España, 1997
    • Premio Cervantes de España, 2001
    • Desde 2005 la biblioteca del Instituto Cervantes de Estambul lleva su nombre
    En 1986 publicó su primera novela de la serie, La nieve del Almirante, a la que seguirían Ilona llega con la lluvia y La última escala del Tramp Steamer. Desde entonces, los premios literarios se sucedieron. En 1997 recibió el Príncipe de Asturias y en 2001 el Cervantes. Dos años después fue designado miembro de la Legión de Honor con grado de oficial, la más alta distinción que otorga el Gobierno francés.
    Marinero existencial, Mutis llevaba años en un apacible retiro. En los últimos tiempos se sentía enfermo y más de una vez declinó amablemente los intentos de este periódico por entrevistarle. Bogotano de nacimiento, llevaba en el corazón la tierra de Tolima, patria fundacional de su obra. En la finca Coello de su abuelo materno vivió de niño momentos tan felices que decía que se sentiría estafado si, invitado al Paraíso, no encontrara allí el olor a naranjas y el ruido de los dos ríos que cruzaban aquella hacienda en medio de los cafetales.

    Los libros de Mutis


    1948.- La balanza
    1953.- Los elementos del desastre
    1959.- Memoria de los hospitales de ultramar
    1960.- Diario de Lecumberri
    1965.- Los trabajos perdidos
    1973.- La mansión de Araucaima
    1981.- Caravansary
    1982.- La verdadera historia del flautista de Hammelin
    1984.- Los emisarios
    1985.- Crónica regia y alabanza del reino
    1985.- Sesenta cuerpos
    1986.- Diario de Lecumberry
    1986.- La nieve del almirante
    1987.- Un homenaje y siete nocturnos
    1988.- Ilona llega con la lluvia
    1989.- Un bel morir
    1990.- Amirbar
    1990.- El último rostro
    1991.- Abdul Bashur, soñador de navíos
    1993.- Tríptico de mar y tierra
    1995.- La muerte del estratega y otro relato
    1997.- Summa de Maqroll El Naviero: Poesía, 1948-1997
    1999.- Última escala del Tramp Steamer
    2000.- De lecturas y algo del mundo

    Alvaro Mutis

    Discreta despedida a Mutis 

    en la Ciudad de México

    Amigos y familiares acuden a las exequias del escritor colombiano



    Rafael Tovar, director de CONACULTA (izquierda) al lado de Carmen Miracle, viuda del escritor, en la capilla ardiente. / SONIA CORONA
    Todos los asistentes a la capilla ardiente del escritor colombiano Alvaro Mutis -ha fallecido este domingo 22 de septiembre- coincidían al hablar de él: era un hombre alegre, conocedor de la música y un gran conversador. Este lunes, amigos y familiares del premio Cervantes 2001 acudieron a un velatorio al sur de la Ciudad de México para su funeral. A cuentagotas y discretos fueron llegando algunos amigos, escritores y editores para acompañar a su viuda Carmen Miracle en una sala llena de flores blancas.
    Mercedes Barcha, esposa de Gabriel García Márquez, fue de las primeras en entrar -rápidamente y sin hacer comentarios- al velatorio y sin la compañía del Nobel de Literatura, quien fuera gran amigo de Mutis. “Están realmente muy afectados porque es una amistad de toda una vida, carreras y vidas paralelas, familias unidas y son dos parejas que fueron entrañables”, comentó Rafael Tovar, director del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA), a la salida de la capilla. Tovar aseguró que el Gobierno de México organizará un homenaje al escritor en el Palacio de Bellas Artes, el principal recinto cultural del país, cuando la familia de Mutis lo decida.
    A las exequias también asistió el escritor mexicano Juan Villoro que tenía previsto reunirse con Mutis este miércoles. “Eso quedará para un whisky en el otro mundo”, lamentó. Villoro recordó que el legado del poeta y novelista ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1997 está íntimamente ligado a las obras de Pablo Neruda y Jorge Luis Borges. Además, destacó su trabajo como novelista en La nieve del Almirante. “(Mutis) fue un enamorado de las causas perdidas, algo muy latinoamericano, apostarle a las derrotas y convertirlas en una forma secreta del triunfo”.
    Villoro participó en una breve guardia al lado del ataúd de madera de Mutis junto con miembros de la Casa Refugio Citaltépetl, una asociación civil que hospeda a escritores perseguidos en sus países de origen y de la que Mutis era parte como miembro del patronato. Philippe Ollé- Laprune, presidente de la organización, recordó al escritor colombiano en sus últimos días. Lo había llamado en su cumpleaños el pasado 25 de agosto y el escritor se opuso a hacer alguna celebración por sus 90 años. “Era un antisolemne total”.
    Además de la decena de galardones con los que se hizo, ha asegurado Ollé-Laprune, el legado de Mutis para la literatura es muy amplio a pesar de que su obra no es muy extensa. “Es de los últimos gigantes de la literatura mundial. Es un caso muy raro que su obra poética se haya vuelto narrativa, es una obra no muy extensa, como lector lo descubrí como poeta aunque es un extraordinario novelista”, describió.
    Últimamente a Mutis le gustaba recibir visitas en casa para mantener largas conversaciones, leía y escribía poco, pero escuchaba mucha música, principalmente clásica. De ello da fe el chelista mexicano Carlos Prieto, que hace 15 años le llevó el borrador de Las aventuras de un violonchelo y Mutis se ofreció a escribir el prólogo de su libro. “Era un aficionado y conocedor de la música”, ha expresado Prieto. La familia de Mutis decidirá en los próximos días el destino de sus cenizas.
    Alvaro Mutis

    Por qué hay que leer a Álvaro Mutis, 

    según los escritores

    Escritores de España y América hacen una valoración de la obra del autor colombiano y dicen por qué hay que leerlo: Juan Gelman, Piedad Bonnett, Javier Reverte...



      Álvaro Mutis en los años cincuenta. / ARCHIVO 'EL ESPECTADOR'
      El primer poemario que publicó Álvaro Mutis apenas duró un día en las librerías de Bogotá antes de quedar hecho cenizas. Todo porque apareció la víspera del día en que el 9 de abril de 1948 asesinaran al candidato a la presidencia Jorge Eliécer Gaitán, lo que desató el caos en todo el país.
      Ceniza primero y memoria después, la obra del autor colombiano ha dejado un legado en la literatura en español que varios escritores elogian y dicen por qué hay que leer a Mutis.
      Maqroll es el hombre que ve más allá del horizonte. Un testigo errante del tiempo y del destino que una vez conoce la gente se queda para siempre con ellos. A través de él, Mutis revela el mundo del hombre contemporáneo. Es la visión de quien, dice el propio Maqroll en su diario, tiene “una fervorosa vocación de felicidad constantemente traicionada, a diario desviada y desembocando siempre en la necesidad de míseros fracasos”.
      Juan Gelman (Buenos Aires, 1930) Poeta y Premio Cervantes 2007
      Es uno de los grandes de la literatura en castellano. Su obra poética es admirable y su prosa tiene un brillo pocas veces encontrado. Aunque no fuimos amigos sino conocidos, su muerte para mí es realmente un golpazo. Estoy muy dolido. Él era como un hijo escéptico, resignado; y en un poema dice: “Que te coja la muerte / con todos tus sueños intactos”, y yo creo que así fue en su caso. Era un hombre de mucho humor y vitalidad. Hay un dato, quizás no muy conocido, que fue periodista y que puso la voz a Eliot Ness en la serie de televisión Los intocables. En México la parca se ha llevado a grandes poetas en los últimos tiempos, como Alí Chumacero, Víctor Sandoval, Rubén Bonifaz Nuño y ahora a Álvaro Mutis. Yo le pido a la parca que empiece a ocuparse de los críticos y dejé tranquilos a los poetas, al menos por un tiempo. Hay que leer a Mutis porque su literatura es muy refrescante, Maqroll el Gaviero es alguien que sí te hace navegar interiormente.
      Piedad Bonnett (Amalfi, 1951). Poeta y novelista colombiana
      Creó un mundo poético muy particular que no tiene equivalente. Eso es lo que nos otorgó. Un mundo que tiene su centro en el trópico, un lugar de exuberancia vital pero también de deterioro y muerte. Y creó a Maqroll el Gaviero, que encarna las visicitudes humanas. Su mundo está entre la narración y la lírica, con un verso muy amplio, podríamos decir  barroco, que precisamente se corresponde con la exuberancia del trópico.
      Juan Manuel Roca (Medellín, 1946). Poeta y narrador colombiano 
      El aporte mayor a las letras continentales e hispanoamericanas tiene que ver más con su poesía, donde logra unos acentos nuevos y le da una vuelta de tuerca a cierta retórica desgastada de la poesía colombiana y continental. Allí fundamenta todo lo que desplaza a la narrativa, una mezcla entre el contar y el cantar. Sus dos grandes libros están en la poesía - Los trabajos perdidos y Los elementos del desastre-, donde hay unos paisajes tropicales y ruinosos que hablan del hombre y sus derrotas. Son una historia clínica del mundo vista desde Colombia. Si un colombiano que está fuera del país quiere volver sin regresar físicamente, que lea Nocturno, para que reciba una bocanada de aire. Es un documento lírico que le hace  un poeta universal pero a la vez muy, pero muy, colombiano.
      Francisco Ferrer Lenín (Barcelona, 1942). Poeta y narrador español
      Oigo "Álvaro Mutis" y veo la obra selvática del aduanero Rousseau. Quizá esta sea la más perfecta de las sinestesias que me acorralan.
      Alberto Ruy Sánchez (Ciudad de México, 1951). Escritor y editor
      Justo cuando el periodismo marca mayoritariamente a la novela, la voz narrativa de Álvaro Mutis, proveniente de la poesía y alejada de todo periodismo, se impuso como escritura vital, a la vez cuidada como composición pero abierta a lo imprevisto. Sus novelas, en cuyas venas late la poesía, hicieron a la vez que sus poemas fueran leídos como parte de un mismo universo de rigor y pasión, una poética única en nuestro tiempo. Maqroll es más que un personaje, es una actitud en la vida, una manera de estar en el mundo.
      Javier Reverte (Madrid, 1944), Narrador y ensayista
      Es uno de esos raros escritores en los que uno no distingue muy bien la línea en dónde termina la prosa y nace la poesía, o el revés. Supo escribir como muy pocos sobre el dolor y la soledad. Y su saga de Maqroll el Gaviero es un verdadero monumento en la literatura latinoamericana contemporánea.
      José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) Poeta, narrador y Premio Cervantes 2012
      La palabra Ultramar transita por la poesía de Mutis como por un territorio legendario y le otorga un peculiar sentido universal. Todo lo que ocurre en esta poesía depende de la adjetivación, de una adjetivación desusada, magnánima, que le da a los objetos una significación hiperreal. La órbita de la naturaleza colombiana, entre los grandes ríos y la inmensa cordillera, sirve -tácita o expresamente- de escenario, de telón de fondo de esa alegoría de la aventura perpetua que se aloja en la poesía de Mutis.
      Héctor Abad Faciolince (Medellín, 1958) Escritor colombiano
      Hasta después de los 60 años Mutis estuvo dedicado a "oficios tiránicos" como los llamó García Márquez. Cuando se jubiló fue como si saliera de la cárcel y liberó su prosa: ocho novelas en 10 años. Su poesía la había escrito despacio y casi siempre en aeropuertos, mientras le daba la vuelta al mundo. Ganó los premios más importantes de nuestra lengua concedidos por jurados que se deslumbraron por su prosa majestuosa y por las aventuras de Maqroll. Aunque él sostenía que toda obra está condenada al olvido, yo apostaría a que dentro de un siglo se leerán más sus versos que su narrativa. Aun así creo que el Diario de Lecumberri, donde cuenta su experiencia de más de un año en la cárcel, es su libro más intenso, auténtico y conmovedor.
      José Ramón Ripoll (director de Revista Atlántica)
      La poesía, como toda la obra de Mutis, es en sí misma una transgresión idiomática y vital, en cuanto crea un mundo que funciona según otras leyes de la naturaleza y no se conforma con retratar, ni siquiera transformar la realidad que le rodea. De ahí que las opiniones del poeta nos parezcan a veces extemporáneas y desentonadas. Para él, la palabra funda e inicia “la danza de una fértil miseria”, que es la única vida posible: germen generativo, pero mísero y resbaladizo, que nos aprieta y libera al mismo tiempo Creo que esta actitud más que literaria de Álvaro Mutis trasciende la época posmoderna que le tocó vivir y apunta a un nuevo pensamiento, un ímpetu vital que surge de su propio paisaje, pero que se universaliza en “ultramar”. Leer su poesía supone hoy inyectarnos de esa fuerza renovadora que se debate entre contrarios y nos impulsa a vivir entre los bordes, en el límite, en la frontera de lo pactado y establecido. Mutis es un escritor absolutamentr distinto a los demás, que se ve venir desde su primer poema, La creciente, donde un río eterno arrastra belleza y podredumbre, la alegría de los carboneros y el hediondo barro que nos inunda. Ahí está ya todo Mutis. Y hay que andar por el borde para no caerse
      PIlar Resyes Forero (Editora de Alfaguara)
      Álvaro Mutis solía decir que todo cuanto había escrito estaba destinado a celebrar y perpetuar a Coello, un punto de la geografía colombiana donde se encontraba la finca cafetera de su familia, en la que pasó los días felices de su infancia. Ubicada en el piedemonte de la cordillera central, en los Andes colombianos, de este lugar de tierra caliente emana el paisaje y la substancia misma de su literatura.
      Mutis fue un poeta mayor. Desde sus primeros poemas en los que evoca ese universo de naturaleza desbordante ("al amanecer crece el río, retumban en el alba los enormes troncos que vienen del páramo"), hasta sus últimos versos, escritos al comenzar el siglo, ("pienso a veces que ha llegado la hora de callar"), su obra se cimenta sobre poderosas imágenes, en las que la lengua castellana crece con el paisaje que intenta describir. Ese paraíso perdido en el que habita su personaje, Maqroll el Gaviero, cuyas andanzas cuentan siete novelas hermosas. Fue un narrador tardío (aunque escribió en sus inicios un par de relatos formidables e incluso una novela, Dios bajo a La Gaima, de la que publicó un único capítulo) y escribió todos sus libros de ficción en un lapso muy corto. Pero toda su obra, la poética y la novelística, goza de
      una coherencia interna admirable. Tanto que parece que su autor hubiera diseñado una hoja de ruta desde sus primeros versos. Un camino que su protagonista, el errante por naturaleza, nunca creyó que existiera.
      Oscar Hahn (Iquique, 1938) Poeta chileno
      Ha muerto Alvaro Mutis. Ha muerto el estratega de la palabra. Escribió la crónica regia y la bitácora de este reino y del otro. Maqroll lo ve perderse en el horizonte. Ha muerto Alvaro Mutis de un bel morir.


      Friday, September 27, 2013

      Alvaro Mutis / Saudade

      Álvaro Mutis con sus padres

      Álvaro Mutis
      SAUDADE

      Tengo un sueño recurrente que, por cierto, hace rato no viene. Es algo que me produce alegría y tristeza al mismo tiempo. Sueño que regresa mi padre. Se sienta en el estudio y empieza a hablarme de mis libros, mientras yo me pregunto en dónde habrá estado todos estos años. Pero pienso que ya está aquí, y que no tiene sentido pedirle una explicación. Entonces, más bien, le cuento que he seguido leyendo a Chateubriand, a Saint-Beuve y a Michelet, que tanto le gustaban. Al cabo de un rato pienso que mi padre se va a quedar en casa, pero al despertar compruebo que tan sólo ha venido de visita.


      Fernando Quiroz
      El reino que estaba para mi
      Conversaciones con Álvaro Mutis
      Editorial Norma, Bogotá, 1993, p. 15


      Lea, además
      Biografía de Álvaro Mutis



      Wednesday, September 25, 2013

      Alvaro Mutis / El viaje


      Álvaro Mutis
      EL VIAJE
      No sé si en otro lugar he hablado del tren del que fui conductor. De todas maneras, es tan interesante este aspecto de mi vida, que me propongo referir ahora cuáles eran algunas de mis obligaciones en ese oficio y de qué manera las cumplía.
      El tren en cuestión salía del páramo el 20 de febrero de cada año y llegaba al lugar de su destino, una pequeña estación de veraneo situada en tierra caliente, entre el 8 y el 12 de noviembre. El recorrido total del tren era de 122 kilómetros, la mayor parte de los cuales los invertía descendiendo por entre brumosas montañas sembradas íntegramente de eucaliptos. (Siempre me ha extrañado que no se construyan violines con la madera de ese perfumado árbol de tan hermosa presencia. Quince años permanecí como conductor del tren y cada vez me sorprendía deliciosamente la riquísima gama de sonidos que despertaba la pequeña locomotora de color rosado, al cruzar los bosques de eucaliptos).
      Cuando llegábamos a la tierra templada y comenzaban a aparecer las primeras matas de plátano y los primeros cafetales, el tren aceleraba su marcha y cruzábamos veloces los vastos potreros donde pacían hermosas reses de largos cuernos. El perfume del pasto "yaraguá" nos perseguía entonces hasta llegar el lugarejo donde terminaba la carrilera.
      Constaba el tren de cuatro vagones y un furgón, pintados todos de color amarillo canario. No había diferencia alguna de clases entre un vagón y otro, pero cada uno era invariablemente ocupado por determinadas gentes. En el primero iban los ancianos y los ciegos; en el segundo los gitanos, los jóvenes de dudosas costumbres y, de vez en cuando, una viuda de furiosa y postrera adolescencia; en el tercero viajaban los matrimonios burgueses, los sacerdotes y los tratantes de caballos; el cuarto y último había sido escogido por las parejas de enamorados, ya fueran recién casados o se tratara de alocados muchachos que habían huido de sus hogares. Ya para terminar el viaje, comenzaban a oírse en este último coche los tiernos lloriqueos de más de una criatura y, por la noche, acompañadas por el traqueteo adormecedor de los rieles, las madres arrullaban a sus pequeños mientras los jóvenes padres salían a la plataforma para fumar un cigarrillo y comentar las excelencias de sus respectivas compañeras.
      La música del cuarto vagón se confunde en mi recuerdo con el ardiente clima de una tierra sembrada de jugosas guanábanas, en donde hermosas mujeres de mirada fija y lento paso escanciaban el guarapo en las noches de fiesta.
      Con frecuencia actuaba el sepulturero. Ya fuera un anciano fallecido en forma repentina o se tratara de un celoso joven del segundo vagón envenenado por sus compañeros, una vez sepultado el cadáver permanecíamos allí tres días vigilando el túmulo y orando ante la imagen de Cristóbal Colón, santo patrono del tren.
      Cuando estallaba un violento drama de celos entre los viajeros del segundo coche o entre los enamorados del cuarto, ordenaba detener el tren y dirimía la disputa. Los amantes reconciliados, o separados para siempre, sufrían los amargos y duros reproches de todos los demás viajeros. No es cualquier cosa permanecer en medio de un páramo helado o de una ardiente llanura donde el sol reverbera hasta agotar los ojos, oyendo las peores indecencias, enterándose de las más vulgares intimidades y descubriendo, como en un espejo de dos caras, tragedias que en nosotros transcurrieron soterradas y silenciosas, denunciando apenas su paso con un temblor en las rodillas o una febril ternura en el pecho.
      Los viajes nunca fueron anunciados previamente. Quienes conocían la existencia del tren, se pasaban a vivir a los coches uno o dos meses antes de partir, de tal manera que, a finales de febrero, se completaba el pasaje con alguna ruborosa pareja que llegaba acezante o con un gitano de ojos de escupitajo y voz pastosa.
      En ocasiones sufríamos, ya en camino, demoras hasta de varias semanas debido a la caída de un viaducto. Días y noches nos atontaba la voz del torrente, en donde se bañaban los viajeros más arriesgados. Una vez reconstruído el paso, continuaba el viaje. Todos dejábamos un ángel feliz de nuestra memoria rondando por la fecunda cascada, cuyo ruido permanecía intacto y, de repente, pasados los años, nos despertaba sobresaltados, en medio de la noche.
      Cierto día me enamoré perdidamente de una hermosa muchacha que había quedado viuda durante el viaje. Llegado que hubo el tren a la estación terminal del trayecto me fugué con ella. Después de un penoso viaje nos establecimos a orillas del Gran Río, en donde ejercí por muchos años el oficio de colector de impuesto sobre la pesca del pez púrpura que abunda en esas aguas.
      Respecto al tren, supe que habla sido abandonado definitivamente y que servía a los ardientes propósitos de los veraneantes. Una tupida maraña de enredaderas y bejucos invade ahora completamente los vagones y los azulejos han fabricado su nido en la locomotora y el furgón.

      1948

      Álvaro Mutis
      Primeros poemas




      Lea, además

      FICCIONES

      DE OTROS MUNDOS


      ***