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Thursday, January 30, 2014

José Emilio Pacheco / Dedicaré el dinero del Premio Cervantes a gastos de hospital

José Emilio Pacheco con la Reina Sofía
Paraninfo de la U de Alcalá de Henares

José Emilio Pacheco

"Dedicaré el dinero del Premio Cervantes 

a gastos de hospital"

José Emilio Pacheco, que el viernes recibe el galardón más importante de la lengua española, repasa las claves de su obra en un encuentro con la ministra de Cultura

JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS Madrid 20 ABR 2010 - 15:09 CET

"Yo pensaba que esto sólo les pasaba a los actores", dijo ayer por la mañana el mexicano José Emilio Pacheco al ver la nube de fotógrafos que le recibió en el auditorio del Ministerio de Cultura. Entró acompañado de la titular de la casa, Ángeles González-Sinde, para participar en un encuentro en el que hubo preguntas de la prensa, lectura de poemas a cargo del Premio Cervantes y charla distendida y de altura entre el galardonado, la ministra y el presentador del acto, Ignacio Elguero, poeta y director de Radio Nacional. Pacheco empezó anunciando que no tenía mucho que decir pero terminó hablando de todo: de sus libros más recientes -Tarde o temprano, que reúne su poesía completa, y la novela corta Las batallas en el desierto(ambos en Tusquets)-, de su abuela, de su preocupación por la violencia en México y por la salud de sus amigos Sergio Pitol y Carlos Monsiváis. También de su admiración por Miguel Delibes: "La literatura sirve para imaginar las vidas que no vivimos. Admiro mucho a Delibes. Sólo una adversidad: él era cazador y yo, anti-caza. Pero la belleza de su escritura hace que uno venza los prejuicios". Así, poco a poco fue desgranando algunas de las claves de una obra que le valió el premio más importante de las letras en español. El próximo viernes se le entregarán los Reyes en Alcalá de Henares.
Poeta no es una profesión. "Que alguien escriba poesía es un absoluto misterio porque todo está en contra. Cuando uno tiene 14 años tiene tanta vergüenza de escribir que no se atreve a decírselo a sus compañeros de clase. Luego tampoco puede. No parece serio. Una vez al hacerme un carnet dije que era escritor y la funcionaria me dijo: "¡Eso no es profesión!" Y puso: "Trabaja por su cuenta".
Privilegios y esperanzas. "No quiero quejarme y decir que la situación de la poesía es terrible porque miren todos estos privilegios que tengo ahora. Pero la verdad es que, usando un verbo tecnocrático que detesto, esto no estaba contemplado. Cuando empecé a escribir no pensaba en publicar en Tusquets, ni en recibir el premio Reina Sofía, ni el Cervantes. Por eso actuaba con gran libertad, porque no tenía ninguna esperanza más que la de seguir escribiendo".
Enemigo de sí mismo. "Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los 20 años". Mucha gente me ha recordado ahora, sí, estos versos del poema Antiguos compañeros se reúnen. Por suerte nunca satanicé los premios literarios".
Discurso secreto. "¿Que qué puedo avanzar del discurso del viernes? ¡Nada! Llevo seis meses repitiendo las mismas cosas. Agradezco la atención, pero si digo algo es que no lo voy a escribir. Nabokov decía: "Si hablo soy un niño de siete año. Si escribo, soy un gran autor". Tenía razón. Yo necesito ver lo que escribo, para corregir. Y hablando no le puedes decir a la gente: "Borra eso, que te lo digo mejor".
Los 15 minutos de Andy Warhol. "Me temo que a la edad que tengo voy a tener que guardar el dinero del Cervantes para gastos de hospital. Veo enfermo a mi amigo Carlos Monsiváis y me doy cuenta de que ese es mi porvenir inmediato. Ojalá se recupere pronto. Sin Monsiváis no se entiende la cultura mexicana de los últimos 50 años. A mí, me llegaron los 15 minutos de fama de los que hablaba Andy Warhol, pero me llegaron a un cuarto para las 12. O sea, que tengo un cuarto de hora de provecho".
Versos para el teléfono móvil. "Yo ya no pertenezco al mundo de ustedes, llego tarde, con la tecnología es como tratar de aprender un idioma de mayor: puedes hablarlo, pero siempre con acento. No obstante, los nuevos medios pueden ayudar a propagar un género breve como la poesía. Hasta el móvil puede ser un instrumento de poesía. Pero no perdamos de vista la obsolescencia de los aparatos. Todavía recuerdo cómo hace 20 años me quedé asombrado al ver salir un fax del teléfono. Hoy es tan antiguo como una locomotora de vapor".
Desastre de mundo. "¿Cómo veo el mundo de hoy? ¡Desastroso! Cuando a finales del año pasado publiqué el libro de poemas Como la lluvia [editado en España por Visor] mucha gente me dijo que era muy pesimista, pero si uno mira todo lo que ha pasado en este trimestre -los terremotos de Haití y Chile, la violencia de México...- se da cuenta de que todo lo escribí parece de color de rosa, cosas de un optimista absoluto. Alguna vez dije que el siglo XX se podía situar entre un título de Dickens y otro de Balzac, entre grandes esperanzas y las ilusiones perdidas".
México: la eterna violencia. "La nube de ceniza que se cierne sobre Europa me tuvo sin saber si podría venir, pero eso no es nada al lado de la violencia que sufre México. Lo terrible es que va ocupando hasta los oasis. Piensen en Cuernavaca, un lugar al que la gente iba a descansar. Siempre se decía que era la ciudad de la eterna primavera. Hoy se dice que es la ciudad de la eterna balacera. Se ha vuelto tan terrible como Ciudad Juárez".
Poesía para los sicarios. "No creo haber influido en la historia de la literatura mexicana. En la sociedad, seguro que no, aunque me hubiera gustado escribir un poema que sirviera para parar la violencia. La sensibilidad por la poesía, como por la música, se tiene o no se tiene. Yo conozco a grandes intelectuales que no la tienen, pero cuando fui al festival de poesía se Medellín, en Colombia, me llevaron, primero a un estadio con 12.000 personas y luego, a una escuela secundaria en la que los chicos eran sicarios (deben de estar todos muertos), y tenían una gran sensibilidad poética. ¿Una definición de poesía? No tengo, lo siento. Yo escribo porque me pasa algo. Un epigrama griego dice que la poesía es pintura que habla y la pintura, poesía del silencio. Antes decía yo que todo conspira contra ella, pero la poesía está en el propio lenguaje. Basta pensar en lo que preguntan los niños. Cosas como: ¿A dónde van los días que pasan?" La pregunta quedó ahí, flotando, sólo la ministra de cultura aventuró una respuesta: "A la poesía de José Emilio Pacheco".




José Emilio Pacheco / La lengua es mi única riqueza

José Emilio Pacheco
Foto de GORKA LEJARCEGI
José Emilio Pacheco

"La lengua es mi única riqueza"

José Emilio Pacheco defiende la dignidad del español y de los escritores al recibir el galardón - "Somos miembros de una orden mendicante"


Hay horas que duran más de 60 minutos. La ceremonia de entrega del Premio Cervantes, siempre sobria aunque este año especialmente expeditiva, duró el viernes más o menos eso, pero hubo, sin embargo, tiempo para todo. Por ejemplo, para que al premiado, José Emilio Pacheco, se le cayeran los pantalones al entrar en el claustro de la Universidad de Alcalá de Henares. Fue la anécdota del día y el protagonista la zanjó al terminar el acto explicando que nunca se había vestido "de pingüino" y no sabía que convenía llevar tirantes. "Es un buen argumento contra la vanidad. De repente eres un ser humano como cualquier otro", dijo este mexicano de 1939 que "nunca había visto un rey".
También hubo tiempo para que Esperanza Aguirre, presidenta de la Comunidad de Madrid, se pasara buena parte del discurso del galardonado -11 minutos escasos- mandando o recibiendo mensajes por el móvil desde la mesa presidencial que compartía con los Reyes, el presidente del Gobierno y la ministra de Cultura. Al final, eso sí, aplaudió sin pereza las palabras que había desgranado Pacheco, encorvado sobre el atril después de escalar con parsimonia y dificultad las escaleras hasta la cátedra.

Pacheco: "Desde que me anunciaron el premio vivo en una irrealidad quijotesca"

Zapatero regaló ayer a los ministros la poesía completa de Miguel Hernández
"Carlos Fuentes me había dicho que eran muy empinadas", comentó recordando la advertencia del premio Cervantes de 1987, uno de los cuatro mexicanos que han obtenido el galardón desde que empezó a concederse en 1976. Ellos dos, Octavio Paz y Sergio Pitol pertenecen -18 españoles aparte- a la nacionalidad más laureada. En México además viven también el colombiano Álvaro Mutis y el argentino Juan Gelman, que ayer certificó en la recepción posterior a la entrega que "la ceremonia se vive con más tranquilidad desde el público". En noviembre pasado José Emilio Pacheco recibió la noticia del Cervantes, dotado con 125.000 euros, y se hundió, según sus palabras: "en una irrealidad quijotesca de la que aún no despierto". También entonces escuchó que hablaban de él como de uno de los mejores poetas de América Latina y cortó por lo sano: "Pero si ni siquiera soy uno de los mejores de mi barrio. ¿No ven que soy vecino de Juan Gelman?"
Pacheco se sobrepuso ayer al ataque de timidez que, confesó, le asaltó al empezar su discurso para viajar a la mañana de 1947 en la que asistió a una representación del Quijote en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México. "La memoria inventa lo que evoca y la imaginación ilumina la densa cotidianidad", avisó sobre un tiempo en el que él mismo, narrador antes que poeta, situó también Las batallas del desierto. Esa espléndida novela corta, publicada en 1981 y reeditada ahora por Tusquets, fue el título elegido por la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde -que hizo una brillante lectura de la obra de Pacheco mientras Aguirre se calaba las gafas de cerca y volvía a tirar de móvil-, para obsequiar a su equipo en el Día del Libro. Zapatero, por su parte, regaló a sus ministros la poesía completa de Miguel Hernández, cuyo centenario se cumple el próximo octubre.
José Emilio Pacheco contó ayer que con seis años descubrió que hay otra realidad llamada ficción. No fue el único descubrimiento: "Me es revelado también que mi habla de todos los días, la lengua en que nací y constituye mi única riqueza, puede ser para quien sepa emplearla algo semejante a la música del espectáculo, los colores de la ropa y de las casas que iluminan el escenario". Acababa de entrar en el territorio de La Mancha de la que habla precisamente Carlos Fuentes: "Ya nunca voy a abandonarlo".
Ayer al menos no lo abandonó. Después de señalar que para él el Quijote "no es cosa de risa" porque le parece "muy triste cuanto le sucede", el autor de Tarde o temprano evocó la llegada al México del libro de Cervantes de la mano de Mateo Alemán en 1605, el mismo año de su publicación en España. También expresó un deseo que despertó la sonrisa del público: "Me gustaría que el Premio Cervantes hubiera sido para Cervantes". Justicia poética, retrospectiva e imposible para alguien cuya penuria no quedó mitigada con el éxito de un libro al que el autor mexicano calificó de "la más alta ocasión que ha visto los siglos de la lengua española", la venganza "contra todo lo que sufrió hasta el último día de su existencia". La vida "más llena de humillaciones y fracasos" de la literatura hispánica.
"La situación sólo ha cambiado de nombres", continuó Pacheco. "Casi todos los escritores somos, a querer o no, miembros de una orden mendicante. No es culpa de nuestra vileza esencial sino de un acontecimiento ya bimilenario que tiende a agudizarse en la era electrónica".
Ese acontecimiento fue la creación del mercado del libro en la Roma de Augusto. Según el galardonado, todos los miembros de la cadena -proveedores de tablillas de cera, papiros, copistas, editores, libreros- ganaban algo. Todos menos el autor: "Cervantes resultó la víctima ejemplar de este orden injusto". Ya en el claustro, Antonio María de Ávila, director de los editores españoles, siempre zumbón, apostillaba con una sonrisa: "Eso era antes de la Ley de Propiedad Intelectual".

Palabra de poeta

La literatura y el español. "Hay otra realidad llamada ficción. La lengua en la que nací constituye mi única riqueza".
Don Quijote. "En medio de la catástrofe, al centro del horror que nos cerca por todas partes (de los terremotos a la nube de ceniza, de la miseria creciente a la inusitada violencia que devasta países como México), siguen en pie, y hoy como nunca son capaces de darnos respuestas, el misterio y la gloria del Quijote".
Internet. "Es al mismo tiempo la cámara de los horrores y el retablo de las maravillas".



Tuesday, January 28, 2014

José Emilio Pacheco / Un afecto universal

José Emilio Pacheco

José Emilio Pacheco

Un afecto universal


En el mundo de la literatura en español hay muy pocas unanimidades; se guardan como tesoros los casos en los que algunos escritores concitan a su alrededor un afecto universal. José Emilio Pacheco es uno de esos casos raros, y ayer se notó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde está, precisamente, como cada año.
Cuando lo supo, se le atragantó el café, y ya no lo pudo tomar en toda la mañana. De pronto, este hombretón extrañado de existir, como un poeta que arañara las palabras para hacerles sangre o sueño, era una celebridad universal, y aún no se había puesto los zapatos. Hablaban de él en los pasillos de la feria como si un pariente hubiera ido a la luna sin cohete. Él se ha acostumbrado a extrañarse de todo, de la existencia de la noche y del día; de eso van sus poemas, de la ciudad y de lo que se rompe en ella, de la angustia con la que el hombre se descalza sin saber si al otro día la sábana sucia de la vida le va a sacar de la cama siendo otro. Y cómo no le va a extrañar un premio así; le sonaron los teléfonos como si quisieran acuchillarlo, y él caminó sobre las ruinas del día pensando que quizá esa gloria era de otro. Es suya, se la merece.
Esta euforia que hay desatada en Guadalajara es la alegría de los que le han leído, y también de los que contemplan esa figura que comenzó pareciéndose a la de Octavio Paz y ha terminado siendo, y es muchísimo, la de José Emilio Pacheco. La arquitectura del tiempo ha hecho de él un cuerpo de 70 años, una edad que no ha podido quitarle de los ojos una ingenuidad genuina, que es la razón de ese abrazo unánime con el que ayer la atrabiliaria tribu de la pluma consideró que se había premiado a uno de los grandes de la manada. A él es difícil que éxitos así le arruinen la sencillez con la que está hecha su mirada, porque ya ha pasado por otros trances así. Lo que le preocupa, en verdad, es saber si es capaz de llegar a la noche para contarla luego, con toda su fantasmagoría de ruinas a las que se refiere, perplejo, cuando quiere explicar por qué hace poesía.




José Emilio Pacheco / El poder de síntesis

José Emilio Pacheco
según Sciammarella

José Emilio Pacheco

El poder de síntesis


1. José Emilio Pacheco (México DF, 1939), poeta, narrador, periodista cultural, traductor, antologador, dramaturgo ocasional, es, sobre todo un poeta. Eso quiere indicar la pasión por la metáfora, la concentración en unas cuantas líneas de un relato casi siempre pesaroso, el gusto por los relatos inesperados, el despliegue del poder de síntesis, el ejercicio múltiple de la metáfora, el juego de analogías como espejos de la devastación, la alabanza jubilosa del paisaje. En poesía, ajusta sus dones melancólicos, su pesimismo que es resistencia al autoengaño, su fijación del sitio de la crueldad en el mundo, su poderío aforístico, su amor por el sonido del idioma, la incesante declaración de principio:
A quien pueda interesar
Que otros hagan aún
el gran poema
los libros unitarios
las rotundas obras
que sean espejo
de armonía
A mí sólo me importa
el testimonio
del momento que pasa
las palabras
que dicta en su fluir
el tiempo en vuelo.
La poesía que busco
es como un diario
en donde no hay proyecto ni medida.

En la lírica de Pacheco tienen sitio primordial la naturaleza, las erosiones del tiempo, la insignificancia que bien observada revela su grandeza, el aceptar que ni siquiera los muertos permanecen, la tragedia como la continuidad lógica del melodrama de todos los días, las moralejas en busca de fábulas, la historia como equivalente caprichoso del cambio climático. Para él la poesía puede ser también el comentario abrupto que nulifica la confesión, el epitafio que se burla de la proclamación de la grandeza. De alguna manera influido por el Antiguo Testamento, Pacheco no duda: lo que le importa es el diálogo entre autores y lectores, la actitud democrática del yo poético. Ésa es la sustancia del texto que más lectores y memorizadores le ha conseguido en México, Alta traición:
Alta traición
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos.
2. Pacheco es un periodista cultural, un ensayista y un antologador extraordinario. Su Antología del Modernismo (1969) sigue siendo un modelo de criterio exigente, erudición y fijación de un canon. Tan debatible como es y puede ser la idea del canon, el aportado por Pacheco durante cincuenta años es uno de los más flexibles, lúcidos y generosos.
3. En Las batallas en el desierto, Morirás lejos y El principio del placer muy destacadamente, Pacheco despliega sus facultades de narrador.Morirás lejos, que ha rescrito dos veces, es una reflexión sobre el Holocausto y sobre la manera en que la historia trabaja sus metamorfosis incluso en un parque donde un viejo medita su culpa, yLas batallas en el desierto es el relato de una adolescencia en la ciudad de México, que se ha vuelto un modelo de manejo de la nostalgia. Si no se evoca con método se renuncia al pasado.
El Cervantes concedido a Pacheco reconoce una escritura excepcional.






Un don de Cervantes / El oficio de regalar libros

José Emilio Pacheco
Premio Cervantes 2009
Gijón, Asturias


Un don de Cervantes

Los ganadores del prestigioso premio escogen un libro que regalarían a los lectores



Decenas de lectores en la Rambla de Barcelona en el día de Sant Jordi de 2011. / JOAN SÁNCHEZ




Un solo libro. Todo un reto para quien, a lo largo de su vida, habrá escrito y leído cientos (¿miles?). Pero la pregunta no deja espacio para las excepciones, ni siquiera para los premios Cervantes: ¿qué obra regalarías en ocasión del Día del Libro? Algunos intentan escaquearse y proponen una lista más larga. Dos, tres o hasta siete opciones. El conde de MontecristoLa isla del tesoro, el Calila e Dimna en su edición original de 1252, Pedro Páramo y Reloj de príncipes, de Fray Antonio de Guerra, salen a lo largo de las conversaciones, pero quedan descartados ante la obligación de quedarse con un único regalo.
Todos, eso sí, avanzan que es “muy complicado” escoger solo una opción. Y José Emilio Pacheco subraya que, por encima de todo, es importante que se lea “por placer, no por obligación”. Y sin prejuicios, como le explicó una vez García Márquez. “Los escritores suelen despreciar los bestsellers, pero Gabo me dijo que al leerlos me fijara en cómo están contados más que en el estilo. Y, por ejemplo, con la trilogía de Stieg Larsson me ocurrió que no podía dejar de leerla”, asegura el mexicano, que recibió el Cervantes en 2009.
Alguna novedad, muchos clásicos, sobre todo novela pero también poesía. Es lo que se obtiene de la lista de respuestas ofrecidas por los ganadores del premio más prestigioso de las letras en lengua española, junto con una receta perfecta para coger un sillón, varias horas de tiempo y pasarse el Día del Libro en los Estados Unidos de principios de siglo con Jay Gatsby o en la Francia ocupada por los prusianos de 1870.
Jorge Edwards (Santiago de Chile, 1931), Cervantes de 1999. Escojo Los ensayos de Michel de Montaigne, en una edición reciente publicada por la editorial Acantilado. Se trata de una obra muy libre y moderna en el contexto del siglo XVI francés. Lo único parecido de aquella época es El Quijote. La escritura de Montaigne y Cervantes es una mezcla muy sabia y divertida de narración y reflexión.
José Jiménez Lozano (Langa, 1930), Cervantes de 2002. La verdad es que no suelo regalar libros. Nunca sabes si a la otra persona le va a gustar como a ti, ni tampoco quiero ponerle en un compromiso. Prefiero, a lo mejor, recomendar a alguien que se compre un libro. De todos modos, elijo lo último que he leído, Antimemorias de André Malraux, una obra muy interesante.
Rafael Sánchez Ferlosio (Roma, 1927), Cervantes de 2004. Un entremés de Cervantes titulado El viejo celoso, por su esplendor. En la obra aparece una de las frases más bonitas del castellano. Una muchacha burla a su marido, pero con la verdad. Finge que está con un amante; él no se lo cree, aunque en la habitación hay un muchacho que ella ha metido con la ayuda de una vecina cómplice. Y entonces la muchacha le dice: “Lavar quiero a un galán las pocas barbas que tiene con una bacía llena de agua de ángeles porque su cara es como la de un ángel pintado”.
Sergio Pitol (Puebla, México 1933), Cervantes de 2005. Misericordia, de Benito Pérez Galdós. Aún ahora Benito Pérez Galdós me parece uno de los novelistas más vivos y complejos de la lengua castellana. Mi generación aprendió a leerlo de la mano de comentaristas excepcionales: Luis Cernuda, Buñuel, Bergamín, Alfonso Rejes, Max Aub, María Zambrano y Octavio Paz, quien dedicó su discurso de aceptación al Premio Cervantes al novelista madrileño, supieron insuflar en nosotros la desmedida vitalidad de su obra, que ha alcanzado incluso a novelistas tan disímiles como Antonio Tabucchi o César Aira.
Durante décadas, cierta crítica malintencionada o de plano cegatona, quiso ver al Maestro como al exponente de un realismo áspero, monolítico e incluso costumbrista. Nada más lejano de la verdad. Pocas novelas como las suyas han sido susceptibles a esa grieta de lo real de la que emanan los personajes y situaciones más disparatadas, excéntricas y rabiosamente humorísticas; el punto en que todo se deshace y vuelve caricatura. Misericordia es, entre muchas otras cosas, la suma de todo esto. Una novela fundamental, humana y profundamente divertida.
Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), Cervantes de 2006.Si se puede dar una analogía lectora entre yo que regalo el libro y quién lo recibe, porque la sensibilidad más o menos inteligente que tengo la supongo en el lector, escojo mi vicio, La celestina. Es mi predilección, casi una obligación, ya que lo leo todos los años.
Juan Gelman (Buenos Aires, 1930), Cervantes de 2007. Los poemas humanos del autor peruano César Vallejo. El libro es una muestra de cómo, sin perder la humanidad ni dejar de producir emoción en el lector, se propuso romper los límites de la lengua, como ya hizo Cervantes que los ensanchó y como Lope de Vega. Los poemas de Vallejo dan una visión de todas las posibilidades que ofrece este maravilloso idioma castellano.
Juan Marsé (Barcelona, 1933), Cervantes de 2008. El gran Gatsby. Jay Gatsby encarna el sueño americano del siglo XX y entronca con la gran novela del siglo XIX de los Balzac, Stendhal y Tolstói.
José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939), Cervantes de 2009. Lo más importante es que nunca hay que ver la lectura como una obligación, sino como un placer. Si un libro no te gusta, déjalo, y a lo mejor retómalo en 10 años. Hay dos ejemplos brillantes de novela corta: los relatos Bola de sebo de Guy de Maupassant y Corazón sencillo de Gustave Flaubert. Tienen una forma excelente, son completas, y además son dos grandes novelas con protagonistas femeninas, que defienden la figura de la mujer en un siglo, el XIX, que la ataca constantemente.
Ana María Matute (Barcelona, 1925), Cervantes de 2010. Los poemas de San Juan de la Cruz. Me parecen impresionantes, me estremecen. Es una obra extraordinaria, de una espiritualidad honda y auténtica.
José Manuel Caballero Bonald (Jerez de la Frontera, 1926), Cervantes de 2013. Intemperie, de Jesús Carrasco. Es una obra sorprendente, con una prosa admirable, sobre las aventuras de un niño que huye de su casa por la miseria material y moral que allí se vive.



José Emilio Pacheco / Una gloria literaria, un triunfo moral

José Emilio Pacheco
Guadalajara, 2009

José Emilio Pacheco

Una gloria literaria, un triunfo moral

La Feria de Guadalajara exhibe su orgullo por el reconocimiento al escritor mexicano

 Guadalajara 1 DIC 2009

Los periodistas no aplauden. Cuando termina de hablar el político, la estrella de cine o el escritor de turno, cierran las libretas y salen pitando como alma que lleva el diablo con su pequeño tesoro de frases redondas. Sin embargo, ayer, en Guadalajara, y a pesar de las urgencias propias del oficio, cuando el poeta José Emilio Pacheco terminó de responder a las preguntas, los periodistas se pusieron de pie y dedicaron un aplauso largo y cálido como un abrazo al flamante premio Cervantes. Si este país golpeado por la crisis, la gripe, el narcotráfico o la corrupción endémica tiene alguien de quien estar orgulloso sin disimulo, ése es un sabio cercano, tímido y divertido de 70 años llamado José Emilio Pacheco.
¿Cómo se encuentra, maestro?, le preguntaron. "Zurimbo, patidifuso y turulato. Tengo que escoger tres palabras que ya ni se usan para describir el estado de irrealidad en el que me encuentro. Supongo que un premio es como un golpe: que no duele en el momento. Ya veremos después". La noticia le llegó a José Emilio Pacheco muy temprano, por teléfono. La ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, le anunció que el jurado había querido premiar su "uso lingüístico implacable", la "profundidad y libertad de sus pensamientos" y "el distanciamiento irónico de la realidad cuando es necesario". Pero tal vez quien mejor definió la poesía de Pacheco fue el presidente del jurado, el académico José Antonio Pascual, quien dijo: "José Emilio Pacheco es un poeta excepcional de la vida cotidiana".
Y tal vez por eso, además de por su tremenda humanidad, es por lo que se le quiere tanto en México. Ayer, en Guadalajara, todos los escritores asistentes a la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara -muchos, de muchas nacionalidades, de todas las edades- celebraban sin disimulo el galardón. El escritor Xabier Velasco se paseaba por los pasillos del hotel Hilton feliz, como si el premio se lo hubieran dado a él. Y el también escritor mexicano Juan Villoro, que justo en ese momento llegaba a Guadalajara, contó a este periódico una anécdota personal que refleja muy bien el grado de cercanía, de proximidad, de la poesía del nuevo premio Cervantes: "Un día iba yo a casa de José Emilio Pacheco y me di cuenta de que me había olvidado la dirección. Entonces, recordé un poema en el que Pacheco habla del escritor Juan García Ponce, que había padecido una larga y grave enfermedad, y lo compara con un árbol que hay afuera de su casa. El poema cuenta que el árbol ha sido humillado por las navajas de los novios, que le han cortado las ramas para colocar cables de electricidad y de teléfono, que ha sido sometido a toda clase de afrentas, pero que, sin embargo, el árbol -como el escritor al que estaba dedicado- seguía en pie. Pensé que si encontraba aquel árbol, daría con su casa, y así fue. Eso explica el grado de cercanía que tiene la poesía de José Emilio Pacheco, una poesía que es un mapa para encontrar su propia casa...". Otro ejemplo de lo que cuenta Villoro es un poema que dice: "Ven gato, acércate más, eres mi oportunidad de acariciar al tigre".
El domingo, nada más llegar a la FIL, Pacheco comentó lo honrado que se había sentido con la reciente concesión del premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Cuando le preguntaron si aspiraba al Cervantes, respondió: "Para nada. Hasta que me dieron el Reina Sofía, yo había sido el eterno finalista. Y en Norteamérica eso de ser finalista es un prestigio. Pero en México eso no es así. Aquí es un deshonor". El domingo también dijo que él odia las entrevistas porque como los periodistas suelen hacer casi siempre las mismas preguntas, teme aburrirles: "Así que si se empeñan en seguir haciéndome entrevistas, no tendré más remedio que inventarme otra biografía". Los periodistas se rieron entonces, pero ayer Pacheco volvió a repetirse y a repetir la amenaza: "Ahora sí que voy a tener que inventarme otra biografía...".
El autor de Las batallas en el desierto siempre está dispuesto a dar un consejo a los jóvenes escritores, pero con una condición: "Que ellos me den otro consejo a mí. Porque ellos ven cosas que yo ya no soy capaz de ver". Y, al hilo de lo que ayer le sucedió, regala uno: "Cuando un joven me pregunta por el oficio de escritor, siempre le respondo: lo primero que tienes que hacer es elegir si quieres ser escritor o ser famoso; las dos cosas son incompatibles". Pacheco precisamente se quejó ayer de forma fingida de que ahora le va a ser muy difícil sustraerse a los focos de las cámaras y volver a su habitación a escribir poemas. A mirar con su mirada de sabio cercano. A mirar al gato como la única oportunidad de acariciar al tigre.


Las claves de un autor alérgico a la retórica

- José Emilio Pacheco incluyó en No me preguntes cómo pasa el tiempo(Joaquín Mortiz, 1969) el poema Alta traición, un clásico que varias generaciones de mexicanos se saben de memoria.
- Títulos como Islas a la deriva (Siglo XXI, 1973), El silencio de la luna (Pre-Textos, 1996) y Como la lluvia (Visor, 2009), recién publicado, recogen su estilo conversacional, claro y antirretórico que reflexiona sobre el propio papel de la poesía. - Su novela Morirás lejos (1967) es una reflexión sobre el Holocausto. En 1973 firmó junto al director Arturo Ripstein el guión de El santo oficio, una película sobre la persecución de los judíos a manos de la Inquisición.
- Profesor durante años en Estados Unidos, Pacheco es uno de los grandes traductores de Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot. También ha vertido al español autores como Samuel Beckett, Tennessee Williams y Oscar Wilde.



Tuesday, January 14, 2014

Juan Gelman / Tiniebla de las palabras


Juan Gelman

Tiniebla de las palabras

CHUS VISOR 30 NOV 2007

El Premio Cervantes de este año es de los más merecidos que se han dado en los últimos años. Juan es uno de los verdaderos poetas auténticos que todavía quedan dentro de la poesía que está llena de mentira, de poetas que se esconden en las tinieblas de las palabras, que no saben qué decir. Juan es exactamente lo contrario, es un poeta clarísimo, permanentemente luchando con las palabras, con el sentido más tradicional y más vivo del significado de la palabra y del significado poético.
Todos los libros de poesía de Juan Gelman se los hemos editado en España siempre, y ahora tenemos un libro inédito que ha escrito en los últimos cuatro años que se llama Mundar, que es una visión del mundo de una persona cercana ya a los 80 años, es una reflexión sobre su mundo poético desde que empezó a escribir.
Creo de verdad que es uno de los mejores libros que he leído en los últimos años. Es la cumbre de la poesía de Gelman. El premio es merecido, literariamente y personalmente. Por la amistad que nos une, estoy doblemente contento.

Juan Gelman / Rabia, amor y poesía

Juan Gelman
Foto de Luis Magán

Juan Gelman, rabia, amor y poesía

El Cervantes premia la riqueza de registros del autor argentino

 Guadalajara (México) 30 NOV 2007

"Empecé a escribir poemas a los nueve años. Claro que fue por una chica. Al principio le mandaba versos de un argentino del siglo XIX, Almafuerte, pero no me hizo caso. Así que decidí probar yo mismo. Tampoco me hizo caso. Ella siguió por su camino y yo me quedé con la poesía". Juan Gelman reconoce encontrarse emocionadísimo con el Premio Cervantes en conversación telefónica desde el Distrito Federal, donde vive hace ya años. "Anoche vi que estaba en la lista de los favoritos, pero me dije: 'Juan, vos no", cuenta. Admira tanto al resto de los escritores que se barajaban en las quinielas, que se dijo que esta vez no le tocaba.
Así que era casi un retoño cuando le entró el vicio. "Mi hermano mayor me recitaba a mis siete u ocho años versos de Pushkin en ruso. Me llevaba a un rincón apartado y yo caía rendido por el ritmo y la música de aquellas palabras que no entendía en absoluto", explica.

"Empecé a escribir poemas a los nueve años. Claro que fue por una chica"

Benedetti: "Es una de las voces más creadoras de la poesía americana"

La ultraderecha le hizo la vida imposible en sus años en Argentina
La facultad de integrar un compromiso personal y político que viene de lejos y unas vicisitudes terribles en su pensamiento y su lenguaje poético, en vez de sepultar de forma planfletaria su poesía. Esa virtud -dibujada por el galardonado del año pasado y miembro del jurado, Antonio Gamoneda- de alguien que tras esas circunstancias lleva "la poesía tatuada en los huesos", según el ministro César Antonio Molina, llevaron ayer a Gelman a obtener por mayoría el Premio Cervantes y los 90.450 euros de su dotación. Gamoneda habló también de la aportación del escritor argentino al "enriquecimiento de la lengua castellana por sus incursiones en la lengua sefardí" y la "condición polifónica" de sus versos.
Sólo la suma de unos méritos así podían haberle ayudado a imponerse en la selección final a otros cuatro nombres de postín, algunos de ellos eternos candidatos: Blanca Varela, Nicanor Parra, José Emilio Pacheco y Mario Benedetti. Este último aseguró ayer: "Lo considero una de las voces más creadoras de la poesía latinoamericana y un periodista muy sagaz. Sus versos están llenos de preguntas que son a su vez una respuesta lúcida y despojada. Su palabra se proyecta hacia el lector, y lo alude, transformándolo".
El jurado estuvo formado por Gamoneda, Víctor García de la Concha, Francisco Albizúrez, José Miguel Ullán, José Manuel Sánchez Ron, María Ángeles Pérez, Amalia Iglesias, Martín Caparrós, Alfredo Conde, Rogelio Blanco y Mónica Fernández.
"Cervantes y Shakespeare me acompañan desde hace mucho", dice Gelman. "Pero no sólo el Quijote, también las Novelas ejemplares, el Persiles, el teatro... Me asombra la riqueza de la lengua, sus resonancias, la manera de utilizar las palabras".
Gelman nació en 1930 en Buenos Aires. Su familia, judía, procedía de Ucrania, pero hablaba en ruso, la lengua que impuso el zar. Su padre había participado en la revolución fallida de 1905 y había tenido que exiliarse en 1912 en Argentina. Su madre sí vivió la revolución rusa. El padre pudo regresar en 1922, pero todos salieron hacia Buenos Aires seis años después cuando los crímenes de Stalin empezaron a ser insoportables. "Les encantaba la música y la lectura, en ese clima me formé".
Si su querencia por la poesía empezó a los nueve años, su interés por la política le vino antes. "Recogíamos con los niños del barrio todos los envoltorios plateados de las chocolatinas que encontrábamos por ahí porque nos decían que servían para hacer balas para los republicanos que peleaban contra Franco". Se le mezclaron, pues, desde muy pronto la pasión por las palabras con la rabia por las injusticias. A finales de los sesenta se incorporó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), una organización guevarista, para luchar contra las dictaduras de Lanusse y Onganía".
La Triple A y los grupos paramilitares les hicieron la vida imposible, y Gelman salió al exilio. En 1976 estaba en Roma cuando llegó la dictadura militar a Argentina. Trajo consigo el infierno. "El 26 de agosto entraron en casa de mi hijo Marcelo y se lo llevaron con su mujer Claudia, que estaba embarazada", recuerda. "A él lo asesinaron en octubre y a ella se la llevaron a Montevideo. Esperaron a que diera a luz y sólo entonces la liquidaron. Entregaron a la niña a un policía nacional. Tardamos 15 años en encontrar los restos de mi hijo y 23 en encontrar a mi nieta, la primera que me ha felicitado por el premio. Seguimos buscando los restos de mi nuera".