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Tuesday, February 4, 2014

Obituarios / Philip Seymour Hoffman

Philip Seymour Hoffman
como Truman Capote

Fallece el actor Philip Seymour Hoffman

El cadáver del actor, ganador del Oscar con 'Capote', ha sido encontrado en su apartamento en Nueva York



    Las noticias que llegaban sobre sus adiciones a los medicamentos y a la heroína, y sus entradas y salidas de clínicas de rehabilitación hacían prever este fatal desenlace: el cuerpo de Philip Seymour Hoffman ha sido encontrado esta mañana en su apartamento de la calle Bethune en el neoyorquino barrio de West Village..La policía de Nueva York está investigando las causas de la muerte. El cadáver ha aparecido en el baño con una jeringuilla clavada, a su lado restos de lo que parece heroína en un sobre (en la casa han aparecido seis papelinas), y lo encontró un amigo guionista, a las 11.30. en The New York Times, un oficial de la policía asegura: "Está bastante claro que fue una sobredosis. La jeringuilla estaba en su brazo". El amigo se había acercado a casa de Hoffman porque el actor no había ido a recoger a sus tres hijos, el mayor de diez años, fruto de su larga relación, ya acabada, con la diseñadora de vestuario Mimi O'Donnell.
    Desde que se conoció la noticia, se han sucedido las sentidas despedidas de actores y directores de Hollywood.
    A sus 46 años, Seymour Hoffman estaba considerado uno de los más brillantes actores actuales. Ganador del Oscar por Capote, candidato tres veces más con La guerra de Charlie Wilson, La duda y The master,también tuvo una fructífera carrera en teatro: compitió dos veces por los Tony. Y en televisión también estuvo dos veces compitiendo por el Emmy. "Soy un perfeccionista, un problema si eres actor. Cada entrada en escena es la primera vez. Yo no repito tomas, sino que vuelvo a hacerlas. Son conceptos diferentes", contaba en una entrevista en el suplemento Tentaciones.

    Participó en cinco de las seis películas de Paul Thomas Anderson
    Durante toda su carrera este actor neoyorquino de cuerpo rechoncho, más alto de lo que parecía en pantalla e indudable bonhomía, luchó por la originalidad. Por mucho que se supiera que salía en el reparto, Hoffman, que se dejaba o quitaba la barba según lo pidiera el papel, desaparecía en favor de la película. Y si no, no hay más que recordar al periodista de Casi famosos, al técnico de sonido homosexual en rodajes porno de Boogie nights, al cura lascivo de Cold mountain, el enfermero de Magnolia, a su Truman Capote, al malo de Misión: Imposible III, al oficial de la CIA de La guerra de Charlie Wilson, al ambiguo padre Flynn de La duda, al entrenador de béisbol ajado de Moneyball, al cínico asesor político de Los idus de marzo o al hipnótico creador de una secta en The master. Si hubiera que escoger un intérprete de Hollywood del que podíamos esperar grandes trabajos en el futuro, ese era Hoffman, que aún así entendía la importancia de la colaboración. Enuna entrevista en EL PAÍS, el hoy fallecido aseguraba: "Los actores no competimos. Si caes en ese pique tu interpretación será nefasta. Es imposible un buen trabajo sin el apoyo de tus compañeros. Hay quien dice que actuar es como hacer el amor. Tampoco estoy de acuerdo. Es demasiado simplista pensar que actuar es lo mismo que seducir".
    En mayo, Hoffman ingresó durante 10 días en una clínica de desintoxicación. Él mismo contó a la web TMZ que estaba enganchado a las pastillas y que había estado esnifando heroína. Algo que le recordaba a su paso estudiantil, ya que mientras estudió en la Universidad de Nueva York ya se dio a varios excesos, que cortó radicalmente tras graduarse a los 22 años.
    Hijo de un exejecutivo de Xerox y de una abogada, Philip Seymour Hoffman nació el 23 de julio de 1967. Su voz, que fue tornándose más grave con la edad, y su físico le ayudaron a encarnar papeles de mayor edad que la suya. Desde el instituto tuvo claro que lo suyo era actuar: ya en 1984 asistió a la escuela de teatro de la New York State Summer School of the Arts. Y al acabar el instituto participó en el Circle in the Square Theatre, un curso de actuación de verano. En 1989 se tituló en Interpretación en la la Tisch School of the Arts de la Universidad de Nueva York, donde fundó la compañía teatral Bullstoi Ensemble, junto a Benneth Miller, que años después le dirigiría en Truman Capote y enMoneyball. "A excepción de un par de años que me mudé a Los Ángeles por una relación sentimental, he vivido siempre en Nueva York y tiene su razón de ser. Es la capital del teatro. Pero también me gusta el cine. Me gustan las palabras desde antes incluso de aprender a leer. Y la voz. Soy muy consciente, en mis papeles, del tono de voz. Envejezco y mi energía y mi cuerpo son diferentes. Pero tengo las mismas inseguridades o la misma certeza en mi trabajo que tenía antes". Esa consciencia del material con el que contaba le hizo centrarse en una carrera repleta de secundarios, de personajes de esos que se comen a dentelladas a los protagonistas, los famosos robaplanos. "¿La gente? A veces me identifican con mis personajes, pero no saben quién soy".

    Yo no repito tomas, sino que vuelvo a hacerlas. Son conceptos diferentes"
    Tras licenciarse, participó en un episodio de la serie Ley y Orden. En 1992 ya trabajó en cuatro películas, y la primera que estrenó fue Esencia de mujer. Entre esa decena de personajes secundarios de mitad de los noventa -Twister, Cuando un hombre ama a una mujer, La huida-está el que interpretó en Hard Eight, Sidney, la primera película de Paul Thomas Anderson, su director fetiche: ha estado en cinco de sus seis largometrajes. Llega la explosión de Hoffman: Boogie nights, Próxima parada Wonderland, Magnolia, El gran Lebowski, Happiness, State & Main, Casi famosos y El talento de Mr. Ripley.
    El siglo XXI lo inició con Con amor, Liza, un filme independiente rodado con 900.000 euros, escrito por su hermano Gordy y dirigido por su amigo Todd Louiso, en el que encarnó a uno de sus pocos protagonistas. Entre la treintena de trabajos de estos últimos 13 años están Embriagado de amor, Cold muntain, Y entonces llegó ella (todo actor tiene un borrón), Misión: Imposible III, la última noche... Y en 2005Truman Capote, que le reportó un oscar más que merecido.
    Recorrer su carrera es asistir a grandes títulos, a colaboraciones con enormes directores, como la que le unió con Sidney Lumet en Antes que el diablo sepa que has muerto, o con Richard Curtis en Radio encubierta.
    En esa búsqueda de guiones y películas distintas, como Synecdoche, Nueva York o Increíble pero falso, siempre fue de la mano de Paul Thomas Anderson, que le regaló el papel de Lancaster Dodd, el fundador de una secta con evidente paralelismo con la Cienciología, enThe master.
    Sus dos últimos estrenos en España han sido El último concierto, en el que encarna a un segundo violín de un talentoso cuarteto de cuerda, yLos juegos del hambre: en llamas, una serie que tendrá que replantearse ahora cómo retomar su personaje. Recién estrenada en Estados Unidos queda God's pockett, y pendiente aún de su lanzamiento comercial está la que puede que sea una enorme y postrera interpretación: la que regalaen A most wanted man, thriller dirigido por Anton Corbijn. Ambas fueron proyectadas en el pasado festival de Sundance.
    En un comunicado, su familia ha declarado: "Estamos devastados por la pérdida de nuestro querido Phil y apreciamos las muestras efusivas de amor y apoyo que hemos recibido de todos. Esta es una pérdida trágica y repentina, y les pedimos que respeten nuestra privacidad durante este tiempo de duelo. Por favor, tengan a Phil en sus pensamientos y oraciones".






    Thursday, January 30, 2014

    Obituario / José Emilio Pacheco


    Muere José Emilio Pacheco, 

    el poeta amado por los mexicanos

    Fallece a los 74 años años uno de los escritores contemporáneos más importantes del español

    Recibió el Cervantes y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2009

    Miembro de la Generación del Medio Sigo, su poesía habla de la belleza de lo cotidiano y del tiempo.


      El poeta mexicano José Emilio Pacheco ha muerto este domingo en la Ciudad de México. El escritor, de 74 años años, fue hospitalizado en la tarde del sábado."Se fue tranquilo, se fue en paz", ha dicho su hija Laura Emilia Pacheco, encargada de confirmar la noticia.
      Poeta, narrador, ensayista y traductor, era un hombre sencillo. La imagen pública de José Emilio Pacheco (Ciudad de México 1939-2014) era la de un poeta sin pretensiones. Cuando recogió el Premio Cervantes en España hizo un comentario sobre eso que se andaba diciendo de que él era uno de los mejores poetas latinoamericanos. “Pero si ni siquiera soy uno de los mejores de mi barrio. ¿No ven que soy vecino de Juan Gelman?”.
      Los dos vivían en el barrio de la Condesa, en México DF. Últimamente apenas se veían porque estaban ambos ya bastante achacosos como para andar de caminata por una ciudad tan apabullante. En abril se vieron en la presentación de un libro. Pacheco le dijo a Gelman: “Te vería más si vivieras en Buenos Aires”.
      El poeta argentino se adelantó unos días a su amigo José Emilio Pacheco en dar el paso al otro mundo. Falleció a los 83 años el pasado 14 de enero. Dos semanas después, toca despedir a Pacheco, otro de los grandes poetas latinoamericanos de las últimas décadas. El escritor Carlos Fuentes, otro de los grandes de las letras en español, escribía así sobre él en 2009: “Su obra es una obra universal, y participa de la gloria de las letras de todos los tiempos”.
      Pacheco era un ídolo discreto en México. Aparecía poco, pero era una figura siempre presente en el altar de los devotos de la literatura. Uno de sus poemas, Alta Traición, era, es, será una de las máximas referencias de la cultura mexicana para entender a su propio país y a los sentimientos contradictorios que genera en muchos mexicanos.
      No amo mi patria.
      Su fulgor abstracto
      es inasible.
      Pero (aunque suene mal)
      daría la vida
      por diez lugares suyos,
      cierta gente,
      puertos, bosques de pinos,
      fortalezas,
      una ciudad deshecha,
      gris, monstruosa,
      varias figuras de su historia,
      montañas
      -y tres o cuatro ríos.

      Poesía y prosa

      POESÍA
      Los elementos (1963)
      El reposo del fuego (1966)
      No me preguntes cómo pasa el tiempo (1970)
      Irás y no volverás (1973)
      Islas a la deriva (1976)
      Desde entonces (1979)
      Los trabajos del mar (1984)
      Miro la tierra (1987)
      Ciudad de la memoria (1990)
      El silencio de la luna (1996)
      La arena errante (1999)
      Siglo pasado (2000)
      Tarde o temprano (poemas 1958-2009)
      Como la lluvia (2009)
      La edad de las tinieblas (2009)
      NOVELA
      Morirás lejos (1967)
      Las batallas del desierto (1981)
      RELATOS
      La sangre de Medusa y otros cuentos marginales(1959)
      El viento distante (1963)
      El principio del placer (1972)
      Tarde de agosto (1992)
      Pacheco estudió Derecho y Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Fue traductor de autores ingleses (Tennesse Williams, T. S. Eliot…), colaborador de prensa, ensayista (El derecho a la lectura,1984; La hoguera y el viento, 1994), escribió cuentos como La sangre de Medusa (1955), El viento distante(1963) o El principio del placer (1973) y novelas como Morirás lejos (1967) yLas batallas en el desierto (1981).
      Pero su género fue la poesía, o, como escribió una vez Carlos Monsiváis con su ironía: “José Emilio Pacheco, poeta, narrador, periodista cultural, traductor, antologador, dramaturgo ocasional, es, sobre todo un poeta”. Gran parte de su obra poética está recogida en el volumen Tarde o temprano (Poemas, 1958-2000), editado por el mexicano Fondo de Cultura Económica. 
      Para José Emilio Pacheco la escritura era su ser. “La lengua en la que nací constituye mi única riqueza”, dijo en 2010 cuando recogió el Cervantes.
      Antes de eso, en una entrevista con este periódico en 2009, decía sobre el efecto íntimo de hacer una buena frase: “Uno se siente muy satisfecho, sí, eso sí”. El hombre que componía versos excelentes no era de puertas para afuera un orador epatante. Decía palabras normales, humildes, como su presencia de señor tranquilo de pelo blanco y gafas cuadradas. Colaborador del semanario Proceso, en esa publicación durante décadas su columna Inventario se convirtió a un mismo tiempo en una brújula para orientar a la sociedad mexicana.
      La escritora Elena Poniatowska, que ganó el Cervantes el año pasado, escribió esto en EL PAÍS cuando se lo dieron cuatro años antes a su admirado Pacheco. “Siempre espero ansiosa el regreso de José Emilio. Me hace falta. En torno a él, el aire se vuelve cálido, familiar, verdadero. No hace frases solemnes, no excluye a los otros, los estudiantes lo rodean, las muchachas se enamoriscan de él, no fabrica una capilla, no trata de apantallar con su presencia, sus comentarios son caseros: ‘Creí que iba a perder el tren’, ‘no encontré taxi’…”.
      Otro detalle que definió la incompatibilidad sustancial de Pacheco con el boato ocurrió en la entrega del Cervantes. Al premiado se le cayeron los pantalones al entrar en el claustro de la Universidad de Alcalá de Henares. Al acabar el acto dijo que nunca se había vestido “de pingüino” y que no tuvo en cuenta que hubiera sido bueno ponerse unos tirantes.
      Aquel fallo de protocolo hubiera sido de pena capital en el México encorsetado y grandilocuente de su infancia; un México que describió magistralmente en Las batallas del desierto:
      La cara del Señorpresidente en dondequiera: dibujos inmensos, retratos idealizados, fotos ubicuas, alegorías del progreso con Miguel Alemán como Dios Padre, caricaturas laudatorias, monumentos. Adulación pública, insaciable maledicencia privada. Escribíamos mil veces en el cuaderno de castigos: Debo ser obediente, debo ser obediente, debo ser obediente con mis padres y con mis maestros. Nos enseñaban historia patria, lengua nacional, geografía del DF: los ríos (aún quedaban ríos), las montañas (se veían las montañas). Era el mundo antiguo. Los mayores se quejaban de la inflación, los cambios, el tránsito, la inmoralidad, el ruido, la delincuencia, el exceso de gente, la mendicidad, los extranjeros, la corrupción, el enriquecimiento sin límite de unos cuantos y la miseria de casi todos.


      Tuesday, January 14, 2014

      Obituarios / Juan Gelman


      Muere a los 83 años 

      el poeta argentino Juan Gelman

      El compromiso político acompañó la vida del premio Cervantes 2007, que combinó en sus versos el amor la muerte y el dolor



        Juan Gelman, en su casa el pasado mes de abril. / PRADIP J. PHANSE
        A las cuatro y media de este martes, en su casa de la colonia Condesa de la Ciudad de México, donde vivía desde 1988, falleció el poeta argentino Juan Gelman, tranquilo y arropado por los suyos, según confirmaron a este periódico fuentes familiares. Hace menos de un año en una entrevisa a El País, el poeta argentino (Buenos Aires, 1930), ya enfermo, se mostraba como un hombre que no desdeñaba la vida, pero que a la vez, no temía a la muerte. "No creo que llegue a los cien años. Y aunque quiero ver casarse a mis nietos o tener algún bisnieto, creo que Dios, si existe debe estar aburridísimo de su eternidad", decía.
        Fuentes familiares citadas por EFE atribuyen la muerte al síndrome de mielodisplasia, una disfunción de la médula ósea. El velatorio se celebrará este miércoles y no hay prevista ninguna ceremonia oficial.
        Hijo de emigrantes ucranianos, se enamoró de la poesía con los versos de Pushkin en ruso que recitaba su hermano, y que él no comprendía, y escribió sus primeros poemas para sus amores de barrio de su Buenos Aires natal. No recordaba esos primeros renglones, porque trataba de olvidar todo, pero sí se acordaba de algo: "Ella se llamaba Ana".
        Tras esos primeros escarceos con el verso, se hizo poeta, contra el criterio de su madre, que le auguraba que nunca se ganaría la vida con eso. Pero se equivocó. Autor de libros como Violín y otras cuestiones, El juego en que andamos, Velorio del solo, Gotán, Sefiní, Cólera Buey, Mundar u Hoy, su última obra, el poeta alcanzó el reconocimiento unánime de las letras españolas y ganó entre otros el Premio Cervantes, el Juan Rulfo, el Neruda y el Reina Sofía de Poesía Latinoamericana.

        Maestro de un "oficio ardiente", de versos que hablan del amor, la muerte y el dolor, combinó la poesía con la militancia política y su defensa de los derechos humanos. Sin embargo, desdeñaba el término de "poesía comprometida" porque creía que la ideología y la obra de un escritor estaban a menudo conectadas por canales oscuros.
        La lucha contra la dictadura en su país, cuyos terribles efectos sufrió en sus propias carnes, marcó su vida y su obra. Integrante de los Montoneros, grupo guerrillero de la oposición de izquierdas, desde 1976 permaneció en el exilio. Tras una protesta liderada por varios escritores, entre ellos Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, la orden de captura contra él fue revocada en 1988. Un año después fue indultado por el Gobierno de Carlos Menem, pero Gelman mantuvo su residencia en la capital mexicana, donde se había instalado un año antes.
        Pero las peores cicatrices de la dictadura no se las dejó el exilio. Su hijo y su nuera, embarazada, desaparecieron durante el régimen militar y el poeta no reencontró a su nieta hasta 23 años después. Muchas veces dijo que el dolor de perder a un hijo no acababa nunca. Pero decidió no escribir desde el odio, "que nos hace daño", sino desde la pérdida. E incluso se mostró conciliador con, quienes como Borges, apoyaron en su momento la dictadura. "No hay que digerir de sus ideas, solo hay que comprender".
        En los últimos tiempos, la enfermedad le había hecho perder algunas de las ilusiones que impulsaron su obra, aunque seguía mostrándose cordial y caluroso en la corta distancia. Paseaba, fumaba, leía. Mantenía un apoyo crítico al Gobierno de su país. Escribía hasta hace pocos meses una columna semanal en el diario argentino Página 12, y seguía desde la lejanía a su equipo de toda la vida, el Atlanta, de la segunda división argentina.
        Apoyaba movimientos de protesta, como el 15-M de España o el 132 en México, aunque en la intimidad se sentía desesperanzado por el avance del gobierno de la economía, del poder del Banco Mundial, del FMI o del BCE sobre la política. Una tendencia que le parecía peligrosa, pero no tanto como el "acostumbramiento" que nos había invadido a todos. "Se ha instalado toda un sistema para recortarnos el espíritu", concluía en su última entrevista a este periódico.
        Nada más conocerse la noticia de su fallecimiento, Twitter se llenó de muestras de afecto y condolencia de ambos lados del Atlántico y, sobre todo, de Argentina y México, su tierra natal y la segunda patria afectiva del poeta. "Terrible noticia, no puede ser más triste este día", escribió Marisol Schulz, directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. "Juan Gelma poeta de alma mexicana, poeta de alma mayor, ha muerto. Mi pésame a sus deudos", tuiteó Rafael Tovar y de Teresa, presidente de Conaculta, el más alto organismo cultural de México. El actor hispano-argentino Juan Diego Botto, hijo de un desaparecido de la dictadura, lo recordó así: "Genial poeta, admirable pensador y luchador y referente ético. Qué pena tan grande".


        Saturday, January 11, 2014

        Diomedes Díaz / El cacique de la música vallenata


        Diomedes Díaz

        El cacique de la música vallenata

        La inesperada muerte del músico causa una conmoción en Colombia



        Diomedes Díaz, músico colombiano. / REUTERS
        Cientos de personas acudieron el pasado domingo por la tarde a la Clínica del Cesar, en Valledupar, nada más conocerse la noticia de la muerte de Diomedes Díaz. Cuando sus familiares le trasladaron a la clínica ya era tarde. El llamado Cacique de la Junta, estrella del vallenato, falleció en su casa mientras dormía. Tenía 56 años y la noche del viernes había actuado en una discoteca de Barranquilla. El féretro fue llevado para tres días de honras fúnebres hasta la Plaza Alfonso López, donde nació en 1968 el Festival de la Leyenda Vallenata, expresión de una música popular y mestiza que le hizo decir a García Márquez que su novela más famosa era un vallenato de 350 páginas.
        Apenas unos días antes se había publicado La vida del artista, último disco de una carrera iniciada en 1976, con 36 elepés de los que vendió más de 20 millones de ejemplares y éxitos como Sin medir distancias, Tú eres la reina o Mi primera cana. Fue el primer vallenato en llenar el estadio El Campín de Bogotá y, en 2010, ganó el Grammy Latino al mejor álbum de cumbia/vallenato con Listo pa’ la foto.
        Diomedes Díaz Maestre había nacido el 26 de mayo de 1957, en una familia muy pobre, en una casa de bajareque (palos entretejidos con cañas y barro) del municipio de San Juan del Cesar, departamento colombiano de La Guajira. Hombre con fama de parrandero y mujeriego, fue acusado de mantener vínculos con narcos y paramilitares. En 1997, una de sus seguidoras murió por sobredosis de cocaína tras una noche de fiesta en casa de Díaz. Condenado a 12 años de cárcel por homicidio —acabaría cumpliendo menos de cuatro— pagó una cuantiosa suma a la familia de la joven. En el premiado libro La eterna parranda, Salcedo Ramos escribió: “Cuando Diomedes canta, deslumbra, conquista, desarma, se impone. Su canto le sirve lo mismo para granjearse favores que para disponer a la gente a ser indulgente con sus errores”.
        Pese a la reputación de llegar siempre tarde y de cancelar conciertos —algunos le llamaban "No vienes Díaz"— su público nunca la dio la espalda. El impacto que ha supuesto en Colombia la pérdida inesperada de Diomedes Díaz —más de un millón de seguidores en Facebook— lo reflejan declaraciones de artistas como Juanes (“Perdí la cuenta de tantas parrandas cantando y escuchando su música”) y Carlos Vives (“Vivió intensamente y fue uno de los pilares de lo que aún se conoce como la nueva ola vallenata”) o la del futbolista Radamel Falcao: “Tu música nos acompañará para siempre”. Y las condolencias del alcalde de Valledupar, el ministro de Cultura, el vicepresidente de Colombia y el mismísimo presidente de la República, Juan Manuel Santos, en cuya cuenta de twitter se puede leer: “Fueron muchas las horas de felicidad que pasamos con las canciones de Diomedes Díaz. Paz en su tumba”.