Showing posts with label De donde son los cantantes. Show all posts
Showing posts with label De donde son los cantantes. Show all posts

Saturday, January 11, 2014

Salud Hernández / ¿Cuál Diomedes?



¿Cuál Diomedes?


Salud Hernández-Mora

Una cosa es el artista, el genio, que lo fue; y otra, el pésimo ejemplo vital que daba, ese que hizo que en sus últimos años de vida, los mismos medios que esta semana lo ensalzaron a límites exagerados, le dieran la espalda.


Es comprensible que lo lloren sus familiares, amigos y enorme fanaticada. Y que muchos otros lo recuerden por sus composiciones y una voz que Dios creó para cantar vallenatos, quizá la mejor. Pero su vida de excesos, el crimen de una chica, el machismo feroz del que hacía alarde no parecen méritos para que los grandes medios de comunicación lo exalten al punto de dedicarle los dos canales principales más de una hora seguida de noticiero. Y eso el primer día, porque después siguieron.

Una cosa es el artista, el genio, que lo fue; y otra, el pésimo ejemplo vital que daba, ese que hizo que en sus últimos años de vida, los mismos medios que esta semana lo ensalzaron a límites exagerados, le dieran la espalda. En determinados ambientes bogotanos quedaba mal decir que te gustaba Diomedes, era como traicionar las buenas costumbres y ponerse en la orilla equivocada.

Pero ya sabemos que en nuestras culturas la muerte todo lo cubre y en los días de duelo reescribimos la historia del fallecido para endulzarla.

Tal vez olvidamos que los artistas, al igual que los grandes deportistas, influyen hoy día más sobre las sociedades que filósofos, pensadores, religiosos o intelectuales.

“Las mujeres se amoldan a eso porque se les dice que uno tiene mujer e hijos y si quieren estar con uno deben aceptar eso y no poner problema”, sentenció en Blu Radio su exmánager Joaquín Guillén, respondiendo a una pregunta sobre las incontables amantes de Diomedes. Tampoco las oficiales podían quejarse de que regara el mundo de niños o que las alternara con quien le apeteciera. “Es la idiosincrasia de allá”, justifican sus admiradores cuando alguien pone el tema.

Lo bueno, por tanto, es seguir alimentando la falacia de que el hombre es el amo supremo y la mujer, un trapero; y si es linda, un agujero. En otro concierto, agregó Guillén, Diomedes detuvo una riña con un consejo: “Compren un Águila, llamen unas prepago y a cu...”. ¿También es parte de la cultura local y hay que respetarla?

Igual que aceptar, como si nada, que en una noche de parranda dura, una de sus amantes muriera y los escoltas de Diomedes la sacaran del apartamento y dejaran botada en la carretera. ¿Ajá, cultura vallenata?

¿Tener casi treinta hijos reconocidos (los no reconocidos aparecerán cuando dividan la herencia) es otro aspecto cultural que debemos perpetuar en el tiempo?

Por fortuna, conozco bien Valledupar y tengo muchos amigos allá que rechazan esos comportamientos. Es indudable que quedarán por décadas sus admirables himnos vallenatos, pero debería enterrarse con él esa supuesta idiosincrasia que solo genera rencores, tragedias, frustraciones y lágrimas.





Diomedes Díaz / El largo y triste final de "El Cacique de La Junta"


 eL eSPECTADOR, 23 DIC 2013 - 6:33 AM
Se fue el más exitoso músico de la canción vallenata

El largo y triste final de 'El Cacique de La Junta'

Diomedes Díaz falleció el domingo a los 56 años. Habría sufrido un infarto fulminante mientras descansaba en su casa.
Por: Jaime De la Hoz Simanca / Especial para El Espectador

El largo y triste final de 'El Cacique de La Junta'
Los últimos años de Diomedes Díaz oscilaron siempre entre los vaticinios de su inminente muerte y el desencanto de sus presentaciones. Desde aquellos tiempos en que fue atrapado por el síndrome de Guillain-Barré, hasta la más reciente hospitalización en la Clínica del Country, de Bogotá, a mediados de junio de este año, los rumores seguían acrecentándose en torno al deterioro en la salud del llamado ‘El Cacique’, quien nació el 26 de mayo de 1957 en el corregimiento guajiro de La Junta, perteneciente al municipio de San Juan del Cesar, La Guajira.
Sin embargo, el que es considerado el mejor cantante de la música vallenata en toda su historia seguía activo en su música. El viernes tuvo su última presentación en una conocida discoteca de Barranquilla, donde cantó varios de los temas que lo proyectaron a la fama. Y el pasado 19 de diciembre volvió a despertar las emociones de sus seguidores, luego de presentar La vida del artista, su última producción musical de la que había adelantado el sencillo No llores, mamá, el cual grabó junto con el joven acordeonero Rolando Ochoa, invitado especial en dos de las canciones del disco compacto.
Entre lo que será su último trabajo discográfico y sus primeras incursiones han transcurrido más de 35 años, pues fue a finales de la década del 70 y principios del 80 cuando Diomedes comenzó en serio una carrera musical que habría de llevarlo a la cúspide del folclor vallenato, una expresión popular en la que sobresalió gracias a la fuerza melodiosa de su voz y, también, a los controvertidos caminos que transitó, los cuales no estuvieron exentos de un escándalo nacional por la extraña muerte de la joven Doris Adriana Niño, en junio de 1997; de una operación de corazón abierto que le fue practicada en agosto de 2007, y de innumerables presentaciones fallidas que fueron atribuidas, en su mayoría, a su agitada vida en la que la adicción a las drogas pareció acompañarlo hasta el final de sus días.
Los recuerdos se remontan a la grabación de su primer disco, Herencia vallenata, junto a Náfer Durán, el primer acordeonero que tuvo ‘El Cacique de La Junta’. Pero después sobrevendrían éxitos resonantes como Tres canciones, tema que se ha escuchado siempre en los estaderos del Caribe colombiano y en las emisoras del país, recordado por el encanto de su primera estrofa: “Hágame el favor compadre ‘Debe’/ llegue a esa ventana marroncita/ toque tres canciones bien bonitas/ que a mí no me importa si se ofenden”.
Pero los momentos de mayor significación de Diomedes Díaz los vivió luego de unirse, en 1978, al acordeonero guajiro Juancho Rois, quien falleció en un accidente trágico el 21 de noviembre de 1994. La unión de los dos músicos guajiros, resaltada como la más exitosa del cancionero vallenato, comenzó con la producción titulada La locura, en la que se destacan temas jamás olvidados: Lluvia de verano, Me mata el dolor, Sol y Luna, entre otros.
Después de una breve separación, Díaz y Rois continuaron una trayectoria coronada por resonantes éxitos, a partir de largas producciones como Ganó el folclor, El cóndor herido, Canta conmigo, Mi vida musical, El regreso del Cóndor, Título de amor y 26 de mayo, tema grabado en las cercanías del final del siglo XX.
En la brevedad de la separación, Diomedes mantuvo intacta su fama, pues al lado del también fallecido acordeonero ‘Colacho’ Mendoza, siguió la ruta de éxitos con temas como Fantasía, Te quiero mucho y Bonita, otra de las canciones recordadas de Díaz: “Oye bonita, cuando me estás mirando/ yo siento que mi vida cubre todo tu cuerpo”. Después, con la unión al acordeonero ‘El Cocha’ Molina y, posteriormente, luego de la muerte de Rois, con el acordeonero Iván Zuleta.
Entonces, sobrevendría una especie de lenta y agónica decadencia musical mezclada con actuaciones que se movían entre las amenazas judiciales y las reiteradas ausencias en sus presentaciones, aparte de los problemas de salud que empezaron a resquebrajar la fortaleza que mostró en sus momentos de mayor esplendor. Sólo los casi 15 millones de copias de sus discos, los más de 50 discos de oro, plata y platino obtenidos por sus ventas, y los reconocimientos Grammy, garantizaron una recordación que ahora se proyecta a raíz de su fallecimiento.

Diomedes Díaz / El cacique de la música vallenata


Diomedes Díaz

El cacique de la música vallenata

La inesperada muerte del músico causa una conmoción en Colombia



Diomedes Díaz, músico colombiano. / REUTERS
Cientos de personas acudieron el pasado domingo por la tarde a la Clínica del Cesar, en Valledupar, nada más conocerse la noticia de la muerte de Diomedes Díaz. Cuando sus familiares le trasladaron a la clínica ya era tarde. El llamado Cacique de la Junta, estrella del vallenato, falleció en su casa mientras dormía. Tenía 56 años y la noche del viernes había actuado en una discoteca de Barranquilla. El féretro fue llevado para tres días de honras fúnebres hasta la Plaza Alfonso López, donde nació en 1968 el Festival de la Leyenda Vallenata, expresión de una música popular y mestiza que le hizo decir a García Márquez que su novela más famosa era un vallenato de 350 páginas.
Apenas unos días antes se había publicado La vida del artista, último disco de una carrera iniciada en 1976, con 36 elepés de los que vendió más de 20 millones de ejemplares y éxitos como Sin medir distancias, Tú eres la reina o Mi primera cana. Fue el primer vallenato en llenar el estadio El Campín de Bogotá y, en 2010, ganó el Grammy Latino al mejor álbum de cumbia/vallenato con Listo pa’ la foto.
Diomedes Díaz Maestre había nacido el 26 de mayo de 1957, en una familia muy pobre, en una casa de bajareque (palos entretejidos con cañas y barro) del municipio de San Juan del Cesar, departamento colombiano de La Guajira. Hombre con fama de parrandero y mujeriego, fue acusado de mantener vínculos con narcos y paramilitares. En 1997, una de sus seguidoras murió por sobredosis de cocaína tras una noche de fiesta en casa de Díaz. Condenado a 12 años de cárcel por homicidio —acabaría cumpliendo menos de cuatro— pagó una cuantiosa suma a la familia de la joven. En el premiado libro La eterna parranda, Salcedo Ramos escribió: “Cuando Diomedes canta, deslumbra, conquista, desarma, se impone. Su canto le sirve lo mismo para granjearse favores que para disponer a la gente a ser indulgente con sus errores”.
Pese a la reputación de llegar siempre tarde y de cancelar conciertos —algunos le llamaban "No vienes Díaz"— su público nunca la dio la espalda. El impacto que ha supuesto en Colombia la pérdida inesperada de Diomedes Díaz —más de un millón de seguidores en Facebook— lo reflejan declaraciones de artistas como Juanes (“Perdí la cuenta de tantas parrandas cantando y escuchando su música”) y Carlos Vives (“Vivió intensamente y fue uno de los pilares de lo que aún se conoce como la nueva ola vallenata”) o la del futbolista Radamel Falcao: “Tu música nos acompañará para siempre”. Y las condolencias del alcalde de Valledupar, el ministro de Cultura, el vicepresidente de Colombia y el mismísimo presidente de la República, Juan Manuel Santos, en cuya cuenta de twitter se puede leer: “Fueron muchas las horas de felicidad que pasamos con las canciones de Diomedes Díaz. Paz en su tumba”.



Friday, January 10, 2014

Las zonas grises de Diomedes Díaz


LAS ZONAS GRISES DE DIOMEDES DÍAZ
Por Roberto Llanos Rodado
El Heraldo, 29 de diciembre de 2013
Radiografía del ídolo fallecido, su gloria y su debacle
Que ‘ningún muerto es malo’,  se suele decir coloquialmente cuando muere alguien con alguna connotación de importancia, y lleva sobre sí algunas ‘zonas grises’ de lo que fue su periplo vital; pero que en ese momento de dolor no se quieren recordar, si no olvidar, o más bien sepultar mucho antes que el cuerpo del mismo difunto.
Es lo que ocurre en estos momentos con el fallecimiento de Diomedes Díaz, figura indiscutible del canto vallenato e insigne  compositor de este folclor, quien tras alcanzar el estrellato artístico mantuvo una vida personal disipada, incontrolable por él, por los que lo rodearon, e incluso, por su misma familia. Situaciones que ahora no se mencionan, o se hacen de soslayo, cuando deberían mostrarse como ejemplo para que nadie, artista o no, la repita.

La última presentación de su vida. Viernes 22 de diciembre de 2013 en la discoteca Trucupey, de Barranquilla.
Diomedes manejó un ritmo de vida personal casi a la misma velocidad arrolladora de su éxito profesional, lo que probablemente lo tiene ahora en el lugar en que está: una tumba.
El también llamado Cacique de La Junta fue dueño absoluto de lo que muchos de sus colegas -tan buenos como él en el campo musical,- no lograron alcanzar: un carisma sorprendente, curioso, excepcional; que aunado a su capacidad artística lo catapultaron en poco tiempo a la categoría de ídolo, la cual supo mantener hasta su muerte ocurrida al anochecer del pasado domingo, y que probablemente mantendrá incólume hasta no se sabe cuándo.
Sencillamente irrepetible
Ese ángel especial y distinto fue su valor agregado por encima de los otros, un sello personal que no se adquiere en botica, ni podrá forjar nunca ningún asesor de imagen, pues viene en empaque natural genético.
Vale la pena recordar cómo a finales de los 70, cuando Diomedes Díaz surgió al mundo del canto y la composición vallenata, la salida de sus discos se convertía en todo un suceso que ningún otro músico de ese folclor ha podido emular;  ni  ahora ni antes, y quién sabe si en el futuro.
Era la época del LP, y las romerías en las puertas de los almacenes de discos se formaban desde muchas horas antes de las 8 de la mañana para comprar un larga duración al que no se le había escuchado la primera nota de acordeón, y ni una sola estrofa de sus canciones.
La gente iba a comprarlo a “ojo cerrado”, a la fija, pues su calidad estaba garantizada por un solo nombre: Diomedes Díaz. Tal vez por estrategia de mercadeo en ese entonces, la disquera mantenía como el secreto mejor guardado el sonido del disco.
No había promoción previa en emisoras, por tanto solo se anunciaba el día de salida al mercado del acetato, y el público ya estaba ahí, como cuando se va a comprar un boleto para ver un juego de la Selección Colombia: cola y desorden.
El tiempo ahora nos confirma, cuando el cuerpo del artista acaba de bajar a su última morada, que junto a este éxito insospechado para un joven humilde empezó también, a paso lento pero inexorable, su debacle personal, que se refleja con esta muerte prematura a los 56 años en momentos en que todavía se encontraba en plena producción artística.
En instantes en que sus fans, que él llamaba ‘mi fanaticada’, quisieran verlo aún montado en una tarima improvisando versos, creando, cantando, grabando y poniéndolos a disfrutrar de su genio artístico.
Bonanza marimbera y su éxito
Diomedes Díaz surgió y se consagró como artista en una de las tantas épocas nefastas de nuestra historia reciente, como fue la catalogada Bonanza marimbera, y todo el poder de su dinero fácil.
Pero lo peor para él fue haberse dejado deslumbrar por el poderío económico de esos rufianes del narcotráfico, con los que intimó tal vez demasiado.
Fue en esa coyuntura a la que sucumbió aquel muchacho de extracción campesina; que de pronto por su escasa formación académica se dejó arrastrar con facilidad a una vida de desenfreno, de parrandas permanentes con excesos de alcohol, drogas, gula, orgías y violencia.
Con Diomedes Díaz se dio literal aquello de que  un santiamén pasó del burrito de su finca de Carrizal, y de la bicicleta de mensajero en Radio Guatapurí; a la Ranger de la era marimbera, y luego a las poderosas cuatro puertas. Y esto, parece, no lo supo asimilar.
Dinero a raudales que le cambió la vida, que lo subió en una montaña rusa incontrolable de la que no pudo bajarse jamás, a pesar de tantos tropezones como su guilliam barré, sus accidentes automovilísticos, su irresponsabilidad y, lo peor: la muerte de Doris Adriana Niño.
El cantante hizo cosa común y corriente incumplimientos en casetas de pueblo, porque le era imposible mantenerse en pie por la borrachera de la víspera.
A eso les siguieron luego comportamientos salidos de tono, con insultos a los asistentes a sus bailes porque le pedían canciones y menos perorata.
Un ejemplo de esto es la famosa grabación en una caseta en Soledad (Atlántico), del ‘no sea tan sapo, tan lambón… marica’, que incluso acogieron las emisoras en sus programaciones habituales, convirtiéndose en éxito rotundo. ¡Hasta eso gustaba!
Hizo todo para que lo odiaran, pero...
De Diomedes Díaz podemos decir que con sus líos, crisis y acciones fuera de lugar, constituía en cualquier sociedad el auténtico perfil de un antihéroe, sin embargo, aquí la gente lo perdonaba rápido, se olvidaba de todo y lo volvía a mantener en la cumbre de la admiración.
Uno de los instantes más amargos de Diomedes Díaz, el de su reseña judicial por la muerte de Doris Adriana Niño.
Llegó a tocar fondo con el caso de Doris Adriana Niño García, aquella agraciada chica bogotana de 22 años que el 15 de mayo de 1997 se le murió en plena parranda en la capital del país, en una de esas fiestas pantagruélicas con abundante licor, coca y sexo, según la sentencia judicial que lo condenó.
Luego vino su fuga, su evasión a la justicia para no asumir la culpabilidad que le cabía no tanto por la muerte de la joven  —que de acuerdo también con el dictamen pericial falleció por exceso en el consumo de drogas—, sino por la irresponsabilidad de quienes arrojaron el cadáver en un paraje cercano a Tunja, como cualquier acto criminal.
El círculo lo cerró con su señalada alianza con paras, en su huida por el caso Doris Adriana.
Esta es la única fotografía que se conoce, hasta ahora, de Diomedes Díaz con la malograda Doris Adriana Niño.
En estos momentos de pesar por la muerte de la indiscutible figura musical que fue y seguirá siendo Diomedes Díaz, es pertinente también recordar sus ‘zonas grises’, para que modelos como los suyos no se repitan, que sirvan de imagen a los artistas que surgen, para no se maravillen con el éxito y no pierdan su propia dimensión. Una historia, que incluso, debe servirle a la sociedad colombiana para trazar parte de su rumbo.

Las mujeres de Diomedes Díaz

Monday, December 30, 2013

Carlos Vives / El Patrón colombiano

Carlos Vives
Foto de Ángel Díaz
CARLOS VIVES
'El Patrón' colombiano

El País, 29 de diciembre de 2013

Con su vuelta a la música, el cantante arrasó en los Grammy latinos: ganó tres, incluyendo canción del año.

Por Juanes

En la década de los noventa, Carlos Vives abrió las puertas de la música colombiana al mundo. Su apuesta por la mezcla de elementos del folclor con el rock y el pop fue punta de lanza convirtiéndose en su bandera. Carlos me inspiró para experimentar con sonidos locales y volverlos universales. Y además es un compañero, un ídolo, un campeón. Con cariño le decimos algunos amigos El Patrón.

Juanes es cantante.


Thursday, November 21, 2013

Rat Pack / Nunca delates a una rata

Frank Sinatra
Hollywood Walk of Fame, Los Angeles
20 de noviembre de 2013
Fotografía de Triunfo Arciniegas
Nunca delates a una rata

Frank Sinatra, Dean Martin, Lauren Bacall, Sammy Davis Jr., Judy Garland… Cine, música, teatro, dinero, fiestas, ‘glamour’. Y, sobre todo, amistad. Una sólida lealtad entre ellos. Ha pasado más de medio siglo, pero este grupo de ‘amos’ de Los Ángeles, que se autobautizó como Rat Pack, pandilla de ratas, aún simboliza lo ‘cool’. Un libro ha recopilado sus escenas más desconocidas


El núcleo del Rat Pack, en una sauna, el segundo por la derecha Sammy Davies Jr. / BERNIE ABRAMSON
Todo empezó por culpa de Humphrey Bogart. Cuando Frank Sinatra llegó a Hollywood a mediados de los años cincuenta, Bogart empezó a pensar mal de él casi inmediatamente. Lo consideraba un arribista, otro de esos aspirantes al trono que acudían a la ciudad en busca de fama y dinero y que no acostumbraban a conseguir ninguna de las dos cosas. Sin embargo, cuando el protagonista de Casablanca vio en directo por primera vez a Sinatra, algo cambió. La afición de ambos por el alcohol y la vida nocturna acabó de allanar el camino para el crooner, y al grupo se sumaron pronto Dean Martin y Judy Garland. Garland, una actriz capaz de resucitar cada seis meses, era otra de esas personas con alma de vampiro que gustaban de levantarse tarde y con resaca. Precisamente en una de esas noches en las que la intérprete de El mago de Oz se disfrazaba de ave Fénix, Sinatra organizó un convoy de autobuses (a los que se les había añadido un bar bien provisto) donde metió a todos sus amigotes. El objetivo era llenar de caras amigas el anfiteatro de Long Beach donde actuaba la Garland. Poco después Sinatra repitió y organizó un tren privado de famosos para ver a Noël Coward en Las Vegas.


Una de esas noches, en las que participaban personajes como Errol Flynn, David Niven, Debbie Reynolds, Tony Curtis y Janet Leigh, el grupo consumió tanto tabaco, alcohol y demás sustancias que al día siguiente una de las suites se convirtió en un reposado dormitorio/abrevadero donde todos yacían por los suelos. Allí fue donde entró Lauren Bacall, esposa en aquellos momentos de Bogart, y pronunció la famosa frase: “You look like a goddamn rat-pack” [parecéis una maldita pandilla de ratas]. La ocurrencia fue muy bien recibida por aquel grupo de bebedores impenitentes y pasó a la leyenda cuando, en una cena en el restaurante Romanoff de Los Ángeles (propiedad de Mike Romanoff, un falso ruso con grandes contactos en Hollywood) donde estaban todos los presentes de aquella fatídica noche, Bacall apareció en el comedor y soltó: “Veo que toda la pandilla de ratas está aquí”.
Allí mismo, el grupo acordó fundar una especie de sociedad secreta que se basaba en los principios de Bogart: 1. Hollywood apesta. 2. No te fíes nunca del jefe. 3. Bebe todo lo que puedas. 4. Ama la música como a ti mismo. En la primera fase de este grupo estaban un influyente agente artístico llamado Swifty Lazar, Bogart y Bacall, Sinatra, Judy Garland y su marido, Sid Luft, y el humorista Nathaniel Benchley. Su lema, escogido con suma presteza, era “Never rat on a rat” [nunca delates a una rata]. Un año después, en enero de 1957, Bogart moría de un cáncer de esófago y el grupo quedaba en manos de Frank. Lauren Bacall, enamorada de Sinatra, fue el último reducto de aquella sociedad secreta (revelada al gran público por el columnista Joe Hyams). El crooner quería que sus asociados representaran una América transversal, tanto en un sentido racial como profesional. Sus integrantes debían meter mano en todas las ollas posibles: televisión, teatro, música, cine. La política, y especialmente su truncada relación con JF Kennedy, llegaría después.



Al principio, Bogart no soportaba a Sinatra. Pronto les unió la noche y el alcohol

Graham Marsh se ríe al otro lado del teléfono. El mayor especialista del mundo en el Rat Pack ha sido el encargado de editar el impresionante volumen llamado simplemente The Rat Pack, publicado por Reel Art Press y coordinado por Tony Nourmand. Este último localizó centenares de fotos inéditas del grupo, y Marsh le puso letras a las fotos: “La gente siempre me pregunta qué sentí al ver todos esos negativos, y solo puedo decir que se me dibujó una sonrisa de oreja o oreja. Era un material alucinante, he visto todo lo que se puede ver del Rat Pack y aquello era extraordinario. Cuando uno se ha pasado media vida tratando de saber más cosas de esa época y cae en sus manos todo eso, es como si se produjera un milagro”, dice Marsh desde Nueva York. Después, preguntado por la permanencia en el recuerdo de este grupo, 50 años después, recupera la seriedad: “Esos tíos eran lo más; eran elegantes, divertidos, tenían toneladas de talento. No solo eso; supieron encontrar la manera de rentabilizarlo todo sin renunciar a su esencia. Piensa que cuando uno de ellos actuaba en algún sitio, ya fuera Sammy [Davis Jr.], Dean [Martin] o el propio Sinatra, todos los demás iban al teatro o auditorio en cuestión a apoyarle. Eso hacía que todos los promotores se pelearan por sus espectáculos y al mismo tiempo que el público se volviera loco, ya que pagaban por uno, pero sabían que tarde o temprano acabarían apareciendo todos”.

Dean Martin, Sammy Davis Jr y Frank Sinatra


Las imágenes del volumen son, según su editor Tony Nourmand, “íntimas, familiares, como si fueras a casa de un colega y tomaras fotos con tu teléfono móvil. Eso es lo que las hace tan especiales”. Todo ello se combina con el glamour de los que en 1960 eran los amos del mundo: dominaban Hollywood, Broadway y Las Vegas, y en sus cuentas había tanto dinero que no sabían qué hacer con él. El libro también muestra instantes de la vida cotidiana de todos ellos, una vida de lujo dominada por una exquisita combinación en blanco y negro, con limusinas, mujeres hermosas, humo de tabaco y el mejor whisky. Un tiempo en el que Las Vegas aún era la ciudad del pecado, y Nueva York, un pozo sin fondo.
El Rat Pack como tal quedó al final compuesto por cinco figuras: Frank Sinatra, Joey Bishop, Dean Martin, Sammy Davis Jr. y Peter Lawford. De Sinatra ya se ha dicho todo, seguramente el crooner más delicioso que ha parido América, implacable hombre de negocios, siempre rodeado de lo mejor y lo peor de cada casa. Dean Martin fue más famoso para el público estadounidense que el mismísimo Sinatra: sushow televisivo le convirtió en un rostro familiar para el americano medio. Martin, un hombre grande, elegante y con carisma, sedujo a Sinatra casi al instante, y su dúo cómico con Jerry Lewis (que acabó como el rosario de la aurora) le hizo un tipo inmensamente rico. Además, aquel italiano de zapatos lustrosos era otro especialista en actividades nocturnas, un cínico que sentía un enorme desprecio por la autoridad. Por todo ello, Martin acabó convirtiéndose en el mejor amigo de Frank, además de su robusta mano derecha, un compañero que, a diferencia de todos los demás, podía aguantar la personalidad del cantante sin sentir que su sombra le nublaba los sentidos.

Dos de sus principios: no te fíes nunca del jefe y ama la música como a ti mismo
Sammy Davis Jr. completaba el núcleo duro de aquella particular agrupación de famosos. Era un hombre hecho a sí mismo, nacido en los suburbios, maltratado por el racismo imperante en la época, condenado a viajar en los asientos “para negros”, pero dotado de una gigantesca fuerza de voluntad. Sinatra se lo llevó de gira y se encariñó con aquel joven bajito y de carcajada contagiosa. Davis Jr. se convirtió entonces en uno de los estandartes de la América progresista, la que luchaba por los derechos civiles y cuyo eje basculaba entre las costas Este y Oeste. Sin embargo, cuando mejor estaban poniéndose las cosas para él, sufrió un terrible accidente de coche. Perdió un ojo y tardó semanas en recuperarse. Cuando salió del hospital, sus colegas le esperaban (junto con otros voluntarios, como Marilyn Monroe) todos con un parche en el ojo y muchas ganas de cachondeo. David Jr. se recuperó de sus heridas, apechugó con su pérdida de visión y volvió a ser el de siempre, pero gran parte de ello se debió al apoyo de su cuadrilla: unos tipos que nunca te dejaban tirado.

Frank Sinatra, Sammy Davis Jr. y Dean Martin


Los otros dos miembros de aquella familia eran más como el suegro y el cuñado que como dos hermanos. Joey Bishop nunca perdía los nervios, no salía de noche y servía de contrapunto a los instintos salvajes del grupo. No era especialmente brillante en ningún sentido, a pesar de que funcionaba bien en la televisión y era una persona muy querida. Su presencia en el Rat Pack respondía a su condición de calmante instantáneo cuando los ánimos se caldeaban demasiado. La inclusión de Peter Lawford en un círculo tan privado se debía a la obsesión de Sinatra por la política. Lawford era íntimo de los Kennedy y sirvió de intermediario para cerrar la participación del quinteto en la campaña del Partido Demócrata que llevó a John Fitzgerald Kennedy a la Casa Blanca en 1960. Cuando en 1963 Sinatra se ofreció a hospedar al presidente en sus vacaciones, su hermano Robert Kennedy le advirtió de los lazos que unían al cantante con la mafia. JFK canceló la visita, y Sinatra, enfurecido, le echó la culpa a Lawford de todo lo que había sucedido. La muerte de Marilyn (de quien la leyenda dice que llamó a Lawford justo antes de fallecer) acabó de hundir su relación y, de paso, el Rat Pack.


Frank Sinatra
Hollywood Walk of Fame, Los Angeles
20 de noviembre de 2013
Fotografía de Triunfo Arciniegas
"Fueron lo más 'cool' porque vivían pensando que mañana podía ser aún mejor que hoy"
“El Rat Pack encarnaba los valores de una época en la que el mundo no había perdido aún su inocencia. Antes del asesinato de JFK o de Martin Luther King, antes de que Hollywood se convirtiera en un negocio y las estrellas tuvieran que vivir recluidas en casa. Ellos sonreían, viajaban, eran ricos y guapos, hacían lo que les daba la gana, ¿quién no hubiera querido ser como ellos? Por eso seguimos vistiéndonos como ellos, y nos parecen la generación más cool que jamás haya pisado el planeta, porque vivían para divertirse, como si el mañana fuera a ser aún mejor que el hoy. Por eso nunca habrá otro Rat Pack: porque esos tipos son irrepetibles”, relata Marsh, “porque el mundo ya no es como ellos querían que fuera”.