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Monday, February 10, 2014

Nelson Fredy Padilla / La película de Woody Allen y García Márquez


Néstor Tirri
LA LEYENDA DE WOODY ALLEN
Viernes 7 de enero de 2011
Buenos Aires, La Nación


Por las calles de Manhattan anda un hombrecito de anteojos. Los luminosos adornos navideños y la nieve que se deposita sobre los autos estacionados regala a la escena el inconfundible marco de diciembre en Nueva York. Antes de que la baja temperatura lo empuje a refugiarse en algún bar, el personajito mira algunos de los edificios y el parque donde ha filmado buena parte de sus películas, desde Annie Hall (1977) hasta la penúltima, Whatever Works (2009), pasando por la emblemática Manhattan , que plasmó en 1979, y por Hannah y sus hermanas , de 1986. Esos cuatro films son un recorte oportuno para iniciar una revisión de su obra, balance necesario porque sobre el final de 2010 el geniecillo nacido en Brooklyn celebró un aniversario importante.
Ocurre que los cuatro títulos seleccionados, distintos en sus propuestas ficcionales, marcan, sin embargo, una definida continuidad en las obsesiones del autor. La producción de este humorista, por lo demás, no constituye un fenómeno intelectual y artístico aislado. Woody Allen, nacido Allen Stewart Konigsberg (1935), encarna con ideas personales algunos de los rasgos paradigmáticos de la cultura cosmopolita neoyorquina, particularmente la de un vasto sector de descendientes de la inmigración judía progresista que llegó al puerto de Ellis Island a fines del siglo XIX y que floreció con caracteres propios en la segunda posguerra.
En los cuatro films, alguno de los personajes (no siempre el protagonista de la historia) deja entrever los miedos, las dudas, las angustias y las expectativas de posguerra, a través de interrogantes acerca de la muerte, del sentido de la vida (con apelaciones casi siempre irónicas a las religiones como paliativo de esa desestabilización existencial), o bien alusiones a la fragilidad del cuerpo, al rol de la terapia, médica o psicoanalítica, y a la gravitación obsesiva del sexo.
Al ingresar en la segunda década del siglo XXI, Allen acumula 45 películas como realizador y treinta y tantas intervenciones más como actor y guionista. Una lista que, en su 75º cumpleaños, celebrado el pasado 1° de diciembre, se incrementa con el anuncio de su nueva ¿comedia?, Midnight in Paris. A los señalados componentes distintivos de su obra se suman toques de extracción intelectual que pasan por la filosofía, la literatura, el cine, la música y la plástica. Una hábil y vertiginosa elaboración de estos chispazos "cultos", imbricados en situaciones dramático-cómicas, ha dado lugar a eso que se conoce como la poética de Woody Allen.
El primer síntoma de consolidación de propuestas que desembocaron en un ideario coherente lo constituye la feliz irrupción de Annie Hall (1977), en la que Nueva York se presenta, por primera vez en el horizonte alleniano, con ribetes de un marco urbanístico-antropológico definido y, además, conformador de actitudes, modas y crisis existenciales y amorosas, todo en clave de humor satírico. Un rasgo nada trivial reside en el hecho de que el look de Diane Keaton y de su personaje epónimo (simbiosis de ficción con un dato biográfico de la actriz, nacida Diane Hall) se convirtió en un ícono que temporariamente desplazó la hegemónica moda europea: sombreros de ala enorme, faldas amplias y largas, chaleco y corbata, botas sport sin tacones, diseños de Santo Loquasto que luego se erigieron en vestuario también para la escena, una iconografía escénica generada en la Gran Manzana de los años 70.
Es en Annie Hall, también, donde irrumpe en persona Marshall McLuhan, figura capital de la cultura de la comunicación de ese momento, emergiendo "mágicamente" detrás de un panel del hall de un cine de Manhattan, para zanjar una discusión que se genera en la fila, invocado por Alvy Singer (Allen), en un blooper de antología.
Antes de esta contundente obra de 1977, Allen había aportado el libreto y su presencia como actor para el film de Clive Donner ¿Qué pasa, Pussycat? (What's New, Pussycat?, 1965), una sucesión de gags y situaciones enhebradas en un caótico guión de comedia, y luego había hecho su contribución a la escena neoyorquina en Broadway con dos comedias: Don't Drink the Water (1966) y Play It Again, Sam (1969), llevada al cine por Herbert Ross y estrenada en países de habla hispana como Sueños de un seductor. Como realizador, había debutado en 1969, con Take the Money and Run (Robó, huyó y lo pescaron), en la que algunos trazos del fracasado delincuente Virgil Starkwell se identifican con el autor: la fecha de nacimiento del personaje (1° de diciembre de 1935), el origen social modesto, dificultades de aprendizaje y sociabilidad en la infancia, miopía, etcétera. Robó, huyó y lo pescaron, hecha con un presupuesto relativamente modesto (17 millones de dólares), transita por una vía expresiva con resabios de gags de comicidad algo gruesa, propios del código televisivo, terreno en el que Allen venía ejercitándose como libretista.
Específicos motivos y situaciones de los cuatro films elegidos como base de esta revisión perfilan una figuración global y aproximada de lo que el autor denominará, en un texto en off dictado a un grabador en Manhattan, "una metáfora de la decadencia de la cultura contemporánea", un atributo asignado a Nueva York (del que, por lo demás, no tardará en renegar).
Así, el hipocondríaco que se convierte en protagonista de un capítulo íntegro de Hannah? (Mickey, el personaje asumido por el propio Woody), asaltado por la terrible amenaza de un fantasmático tumor cerebral, ya aparecía insinuado en el Ike de Manhattan, que trata de disuadir a Mary-Diane Keaton de ingerir aspirinas porque -según él- provocan cáncer de estómago. Síntomas que se exacerbarán en Whatever Works , por una cuestión de edad, en un iconoclasta científico retirado de la Universidad de Columbia, asediado por la diabetes, los ataques de pánico y otros implacables achaques.
Fracaso y deterioro
Whatever Works dista de ser una de las comedias destacadas de Woddy Allen; aún más: podría pasar por una de las endebles. Sin embargo, además de sus atrevimientos disparatados, conlleva un rasgo significativo: el protagonista y narrador, ese genio de la mecánica cuántica llamado Boris Yellnikoff, tiene la misma edad de Woody. Y, como el cineasta, nació en Brooklyn. El veterano profesor, en cataratas de monólogos, vomita sus reflexiones sobre casi todo, lo que deja entrever la concepción actual de su autor acerca del funcionamiento del mundo, la sociedad, el amor, la crisis del matrimonio como institución y el sentido de la existencia.
Se filmó en algunos de los espacios de Nueva York que el cineasta ya había mostrado en otras producciones, si bien esta vez prescindió deliberadamente de los rincones glamorosos y románticos, dadas las condiciones un tanto declinantes -aunque ferozmente vitales- del personaje protagónico. A pesar de haber sido rodada en 2009, la trama incurre en ciertas ingenuidades, así como en cierta elementalidad en los personajes, propias del primer período alleniano. Esto -aunque genera un aire de fábula naíf- obedece a que el autor apeló a un libreto escrito a principios de los años 70 para un proyecto que se frustró por la muerte de Zero Mostel, notable actor judío, candidato de rigor para un carácter absorbente y abrumador como el de Boris Yellnikoff. El proyecto dio vueltas y sufrió postergaciones, hasta que apareció Larry David, un comediante que, sin la dimensión de Mostel, aparecía como el más adecuado para sustituirlo.
A través de la mirada de Boris, la comedia (estrenada en España como Si la cosa funciona y todavía no exhibida en la Argentina) revisita con énfasis el filón irónico más ácido del autor; el "genio" judío renegado y gruñón alberga a Melody (Evan Rachel Word), una adolescente que llega desde el sur. La trama se complica con la aparición de los padres divorciados de la chica, que la buscan desde hace tiempo, y si bien el film no escatima situaciones cómicas (como los dos frustrados intentos de suicidio del protagonista y el ménage à trois de la madre de Melody con dos amigos de Boris), el efecto se atenúa por el verborrágico discurso del protagonista, empeñado en destruir mitos.
Con caracteres personalísimos, Allen recrea esa tradición judía que hace del deterioro y de la condición de "inferioridad" un motivo grotesco, sustentador de personajes y situaciones, que en el caso de Boris alcanzan su punto extremo. Además, lo lleva a registrar zonas de su amada Nueva York muy distintas de las que, en tiempos de juventud, introducían al espectador en áreas sofisticadas de la cultura y la moda.
Este procedimiento autodescalificante con sentido irónico fue ejercitado antes, y también simultáneamente, por otros herederos de Groucho Marx, a quien podría señalarse como el maestro. Mel Brooks y Neil Simon, con improntas bien disímiles, son los otros autores-humoristas que, en varios sentidos, forman una tríada neoyorquina con Allen, el talentoso hijo de los inmigrantes Konigsberg, "the short person of Brooklyn" , como definió al cómico el crítico James Monaco. Al interpretar la posible voltereta que guió al cineasta en la elección de un seudónimo, Monaco se transformó en su mejor psicoanalista:
Como Brooks y Simon, Allen se inició escribiendo gags para la televisión. Como Simon, se corrió a Broadway, pero sólo por una breve temporada y luego de haberse lanzado, él mismo, como comediante. Como Brooks, ganó su renombre en los talk shows. Pero mientras que Simon no parece zafar jamás totalmente de su herencia urbana cargada de ansiedad y Brooks combate su sentimiento de culpabilidad con salvaje alegría, Allen ha elegido pactar una tregua con la propia culpa y ponerla a su servicio. Ese sentimiento de inferioridad se convirtió en una herramienta cómica tan valiosa que uno no puede dejar de percibir su empecinamiento por hacer (artificialmente) serios films "suecos" sobre el amor y la muerte. Max von Sydow debe de ser el ídolo favorito de Stewart Allen Konigsberg, el diminuto hombrecito de Brooklyn, quien conscientemente no sólo desestimó el monárquico esplendor de su apellido original [ König = "rey", en alemán; N. del A.] sino que además se asignó un nombre propio que evoca una pirueta de Woody Woodpecker [el Pájaro Loco])." (En American Film Now. New York, 1979)
Freud asignó un lugar de privilegio, en sus estudios, a la tradición del humor judío, un legado que, desde la Viena de 1900, llegaría al conglomerado urbano neoyorquino a través de la inmigración y sería reelaborado por el hombrecito de Brooklyn, el más "psicoanalizado" de los humoristas del siglo XX. "También los chistes de los judíos sobre sí mismos conceden este hecho [el de ver al judío como una figura cómica], pero el mejor conocimiento de ellos de sus verdaderos defectos y de la conexión de éstos con sus virtudes, así como la aceptación de que la propia persona forma parte de lo criticable, crean la condición subjetiva de la elaboración del chiste; muy difícil de elaborar en otro caso", dice Freud en El chiste y su relación con lo inconsciente. (No hay que perder la oportunidad de apuntar que la primera parte de ese agudo estudio de Freud constituye, indirectamente, una excelente antología de cuentos y de chistes judíos.)
Dramas sin angustia
Aun considerando la gravitación de una raíz común, el humor lunático de Mel Brooks (Melvin Kaminsky, 1926), ejercitado en films como El joven Frankenstein , Por un fracaso, millonarios o Silent Movie , apunta a un horizonte bien distinto del de las comedias dramáticas de Allen y Simon. Y dentro de la tradición judeoamericana, Simon es el que maneja con mayor soltura un discurso "burgués", esto es, una tesitura más propia de la clásica comedia boulevardier , aunque sin la frivolidad de ésta, ya que bajo esa superficie palpitan conflictos típicos de la ferocidad urbana neoyorquina.
El aporte de Simon (1927) es abrumador. Dramaturgo, productor y guionista, es uno de los más exitosos autores de comedias de Broadway, con textos que muchas veces saltaron a la pantalla. Como guionista de cine adaptó más de veinte obras propias y ajenas, por ejemplo, Descalzos en el parque ( Barefoot in the Park , 1967), de Gene Saks, y Extraña pareja ( The Odd Couple , 1968), también de Saks, con la dupla simoniana por excelencia: Jack Lemmon y Walter Matthau. Cabría detectar en las caracterizaciones de Matthau bosquejos del obsesivo judío neoyorquino prefreudiano, esto es, antecedentes de las criaturas neuróticas -ya "concientizadas"- de Allen. Otras resonantes comedias dramáticas y musicales de Simon que pasaron al cine son Sweet Charity (1969), de Bob Fosse, y Plaza Suite (1971), de Arthur Hiller.
Si bien las comedias de Allen focalizan en destinos que se perfilan como amargos, su código expresivo genera efectos distintos de los que depara Simon; las situaciones, planteadas a través de la ironía de Allen, no transmiten la angustia por la que, se supone, están atravesando los personajes. En una senda afín a la de algunos autores de la comedia italiana, son dramas narrados en clave cómica. En su caso, la parquización neoyorquina y su seductora arquitectura, así como la música de jazz (principalmente, la de la dorada era del swing ) y la sofisticación de galerías de arte y de grandes tiendas de moda ("Cuidado, estamos en Bloomingdale's, a la vista de todos", dice Diane Keaton a su amante casado, Michael Murphy, en Manhattan ), todo este entorno "armonizador", en fin, parecería que sustentara el texto del cineasta, a veces en off y otras con gags verbales, para plasmar un discurso estimulante -o francamente hilarante-, despojado de angustia.
Al logro de un efecto desdramatizador también contribuyen interpolaciones críticas que desdibujan el transcurrir dramático con observaciones psicoanalíticas en clave irónica acerca de las neurosis o del sexo, como en este diálogo entre Mary-Diane Keaton y Ike-Allen:
Mary: -Oye, tengo que sacar al perro.
Ike: -¿De qué raza es tu perro?
Mary: -De la peor? Es un Dachshund (un salchicha).
Ike: -Oh, ¿de veras?
Mary: -Para mí, es un sustituto del pene.
Ike: -Ah, en tu caso, yo diría que te vendría mejor un Gran Danés?
Otra intelectualización que diluye la carga dramática de algunas situaciones son las invocaciones al cine de autor, europeo o asiático: Ingmar Bergman, Federico Fellini, Aleksander Dovchenko o Hiroshi Inagaki (estos dos últimos, en anuncios de La tierra y Chushingura en la marquesina de un cine-arte, el Cinema Studio, una sala de la calle Broadway asiduamente visitada por los cinéfilos de Nueva York).
Tal vez el título más significativo de ese modus operandi que metaboliza lo dramático y lo transforma en atmósfera de comedia sea Hannah y sus hermanas. En ese film, el registro de la ciudad adquiere una carga especial en algunos sitios puntuales (o, al revés, lugares que se resignifican por la circunstancia emotiva que en ese momento viven allí los personajes) y, además, se incluye como al descuido una suerte de catálogo de construcciones arquitectónicamente claves.
Hannah... se estructura en tres grandes bloques determinados por encuentros familiares en el Día de Acción de Gracias, la ceremonia tradicional de los descendientes de inmigrantes, el 25 de noviembre: tres cenas en otros tantos años sucesivos. Esas reuniones focalizan las conflictivas relaciones de tres hermanas y sus padres, ex actores entre quienes estallan reproches y resentimientos por sus recíprocas infidelidades en sus épocas de esplendor. En ese tironeo hay algo de real y/o biográfico, a manera de guiño de complicidad con el cinéfilo estadounidense. La pareja de padres la integran Margaret O'Sullivan (1911-1998) y Lloyd Nolan (1902-1985), estrellas de Hollywood de los años 40 y 50. O'Sullivan (célebre por su caracterización de Jane en la serie de Tarzán con Johnny Weissmüller) fue, además, la madre en la vida real de Mia Farrow, la Hannah de la ficción, instalada en el centro de este microcosmos en el que los conflictos pasan inevitablemente por ella.
Mickey (Allen), ex marido de Hannah, intenta salir con su ex cuñada Holly (Diane Wiest) y fracasa. Elliot (Michael Caine) seduce a la hermana de su esposa Hannah, Lee (Barbara Hershey), quien a cierta altura abandona a su esposo, un malhumorado artista plástico presumiblemente sueco (Max von Sydow). Mickey atraviesa por la mencionada pesadilla de suponer que tiene un tumor cerebral y, hacia el final, cuenta que intentó dispararse un tiro de escopeta...
Que toda esa red asfixiante pueda ser procesada en términos de comedia constituye uno de los aportes más relevantes de Allen como autor (aun cuando la excesiva proliferación de libretos y de films está volviendo previsible o inocua la resolución de los conflictos que plantea). La gravitación del entorno neoyorquino y las grabaciones de Harry James con las que el realizador combina la puesta en espacio del film y su "aireación" sonora convierten a Hannah y sus hermanas en una de las perlas de culto de sus fans.
Los personajes de Caine y Hershey inician su romance clandestino en una sugerente escena ambientada en una librería clásica de la época, la Pageant Print and Book Store, en la calle 9 Este, en el East Village (un local que hoy alberga al Central Bar), y después proseguirán su relación en citas vespertinas en el St. Regis Sheraton Hotel de la calle 55 Este.
Pero el tramo particularmente imperdible para amantes del esplendor arquitectónico de Nueva York es una secuencia lateral, generada por un personaje episódico. Se trata de David, un encantador arquitecto (Sam Waterston) que ha invitado a Holly y a una amiga de ésta a un paseo por la ciudad, al final de la première de Madame Butterfly en el Met (en realidad, y por cuestiones de producción, los interiores se rodaron en el Teatro Regio de Turín). Lo que se juega, en el sentido de la secuencia, es la disputa de las dos amigas por ver quién se queda con el galán, pero el realizador-autor se vale de este desvío para declarar y exhibir, enmascarándose en la figura del refinado arquitecto, sus rincones amados: "¿Por qué no nos muestras tus edificios favoritos, David?", dice una de ellas.
La cámara, como en un bombardeo de diapositivas, hace foco en íconos arquitectónicos de Nueva York tales como el edificio Dakota, donde vivieron John Lennon y Yoko Ono y en cuyo exterior él fue asesinado; un viejo rascacielos de la calle 42 Oeste con recargada ornamentación en los ventanales; el clásico edificio Chrysler, en Lexington, y, entre otros, el frente de la Pomander Books, en la calle 49 Oeste.
Con un equilibrado guión coescrito con Marshall Brickman y una impecable imagen en blanco y negro del fotógrafo Gordon Willis, Manhattan se erige en el encuentro más paradigmático de Woody Allen con los mitos, las fantasías, las fobias y los más caros espacios de su ciudad. En rigor, de un sector de esa ciudad, que corresponde al que configura su horizonte artístico e intelectual adulto. Aquí habría que recordar que Manhattan concentra la vida artística, comercial, bursátil y académica de la Gran Manzana, un complejo que, además, comprende otros cuatro distritos: el Bronx, Brooklyn, Queens y la Staten Island.
Manhattan arranca con un montaje de imágenes de ese sector de Nueva York, acompañado por el texto en off de un supuesto escritor. Él le dicta a un grabador un también supuesto libro autobiográfico que se inicia, precisamente, con una declaración de amor (analítico-crítica) a su ciudad. El narrador puntualiza que la ve "en blanco y negro y con música de Gershwin", esto es, sumida en la atmósfera que el autor incorporó en su infancia y adolescencia a través del cine. Al cabo de ese bombardeo de tomas, un "documental relámpago" de la ciudad, la Rapsodia en blue estalla en su final brillante. Y allí comienza la historia.
El admirable muestreo de la introducción transcurre en cuatro minutos exactos, pero no rezuma la objetividad expositiva del género documental: es una exultante oda a la ciudad, en la que confluyen la música, la plástica, el teatro y, por supuesto, la arquitectura.
En el entramado de historias sentimentales que desarrolla el film, se cruzan básicamente dos parejas que el espectador descubre, promediando una cena, en una mesa de Elaine's, el legendario restaurante de la Segunda Avenida. Son las que conforman Ike-Allen y su joven novia Tracey (Mariel Hemingway, ¡17 años!) y Yale con Emily (Michael Murphy y Anne Byrne). A ellos se sumará Mary-Diane Keaton, amante primero de Yale y después de Ike.
Un primer encuentro de Ike y Mary desemboca en un vagabundeo por las calles de Manhattan y, ya en la madrugada, concluye en una toma que se convertiría no sólo en afiche del film sino también en un emblema de la atmósfera cultural de la época: Diane Keaton y Woody Allen, de espaldas, sentados en un banco, con el majestuoso fondo del puente de Brooklyn que se diluye en un brumoso cielo de amanecer, una toma realizada desde la Riverside Terrace de la Sutton Square, en el East Side de Manhattan, imagen que contribuyó a cristalizar la leyenda de Woody Allen, hecha de humor, iconoclasia y un toque de romanticismo.
El final del film retoma el dictado inicial de Ike al grabador, en el bosquejo del posible libro que escribirá, acaso como contrapartida del escandaloso volumen autobiográfico de revelaciones matrimoniales íntimas de su ex mujer (Meryl Streep), quien lo ha abandonado por otra mujer. En el apunte final del alicaído Ike aparece el módulo recurrente de las resurrecciones del humorista Allen, al intentar un resumen de las "cosas por las que vale la pena vivir". Es una especie de decálogo que, a juicio del autor de este artículo, podría oficiar de antídoto contra las adversidades o, al menos, acudir como paliativo cuando las circunstancias de la vida no son favorables:
Ike: [Habla al micrófono.] -Idea para un cuento sobre cierta gente de Manhattan que continuamente se crea terribles problemas neuróticos, innecesarios, porque eso les permite evadirse de otros problemas más graves y aterradores del universo. Bueno, tiene que ser optimista. A ver, ¿por qué vale la pena vivir? Es una buena pregunta. (Carraspea. Luego suspira.) Hay varias cosas que, creo, hacen que valga la pena. ¿Cuáles? Bien, para mí? Yo diría? Groucho Marx, por decir una. Ehhh? a ver, el segundo movimiento de la Sinfonía Júpiter? y Louis Armstrong, el "Potato Head Blues"? [Suspira.] Las películas suecas, naturalmente. La educación sentimental, de Flaubert; Marlon Brando, Frank Sinatra? Las increíbles manzanas y peras de Cézanne? Los cangrejos de Sam Wo [restaurante chino del Chinatown, N. del A.]. Eh? el rostro de Tracey. El rostro de Tracey? [Ike se incorpora, deja el micrófono, se dirige a un armario y extrae la armónica que le ha regalado Tracey. Descuelga el tubo del teléfono y marca un número. Se arrepiente. Cuelga, se levanta y sale con paso apresurado.]
Le formulo una propuesta final, estimado lector. Es un juego que consiste en adaptar el decálogo del incorregible iconoclasta Woody a sus elecciones personales, a las cosas que, según usted, les darían sentido a las penurias del transcurrir cotidiano. Esto es, las diez cosas por las que valdría la pena vivir: reemplace a Sinatra por Goyeneche, por ejemplo, o la Sinfonía Júpiter por las Gymnopédies de Erik Satie y a los cangrejos de Sam Wo por un churrasco de Arturito, o por lo que le guste. Y, especialmente, suplante el rostro de Tracey por el de esa nadadora, esa bailarina, esa profesora (o profesor) o esa simple vendedora de remeras y fantasías que alguna vez le quitó el aliento. Y encuéntrele, usted también, un "vale la pena" al espinoso compromiso de vivir.
SABIO, GRUÑÓN, OBSESIVO Y JUDÍO
En Whatever Works, estrenada en España en 2009 como Si la cosa funciona, el narrador protagonista, el científico retirado Boris Yellnikoff (nacido en Brooklyn, como Allen, y de la misma edad del cineasta), descarga sentenciosas frases frente a cámara. Algunas de sus reflexiones deben de coincidir con los puntos de vista actuales de su álter ego:
·         No critico la idea detrás del cristianismo, el judaísmo o cualquier religión, sino a los profesionales que la han convertido en un negocio. Hay mucho dinero alrededor de Dios. Muchísimo dinero.
·         Déjenme decirles algo: no soy un sujeto simpático. Agradar a alguien nunca fue lo mío. Y para que lo sepan: ésta no es la mejor película para sentirse bien. Así que si son de esos idiotas que necesitan sentirse bien, vayan por unos masajes de pies.
·         Odio las malditas frutas y vegetales. Y el Omega 3, la cinta de correr, el cardiograma, la mamografía, el ultrasonido pélvico y, ¡Dios mío!, la colonoscopía. Y con todo eso, incluso el día llega, cuando te colocan en el cajón y sigue con la próxima generación de idiotas... quienes también te hablan de la vida y te dicen lo que está bien.
·         Mi padre se suicidó porque los periódicos lo deprimían. ¿Pueden culparlo?
·         Yo intenté suicidarme. Obviamente, no funcionó.
·         En Estados Unidos, si bien odian a los negros, odian aún más a los judíos. Odian a los negros por tener un pene muy grande. A los judíos los odian aunque lo tengan pequeño.
·         Tengo que decirte algo, Boris: incluso con una mentalidad de derecha... tu suegra tiene unas tetas maravillosas.
(Diálogo con su ex esposa )
-Me casé contigo por todas las razones incorrectas.
-¿Qué quieres decir?
-Eres brillante. Yo buscaba a alguien con quien hablar. ¡Te encanta la música clásica, el arte, la literatura, te encanta el sexo, me amas!
-¡Me parecen muy buenas razones!
-Exacto. Ése es el problema. ¡Era lógico, tenía sentido!
-No sé qué salió mal.
-Si lo analizamos, tenemos mucho en común. En los papeles somos la pareja ideal. Pero la vida no transcurre en papeles.
(La madre de Melody enfrenta a su ex marido.)
-Soy una artista. No horneo pasteles. No voy a la iglesia. Hago collages , escultura, fotografía. Vivo en Manhattan con dos hombres a los que amo en un muy feliz ménage à trois .
-¿Un qué?
-Dormimos los tres juntos. Un ménage à trois .
-¡Sabía que no debíamos confiar en el maldito francés!
-Dios es gay.
-No puede serlo. Creó todo el universo perfecto. Los océanos, los cielos, las flores hermosas, los árboles.
-Es cierto. Es un decorador.
CUANDO EL COMEDIANTE SE PONE SOMBRÍO
A veces Woody se pone serio. Nadie duda, por cierto, de que sabe cómo abordar cuestiones serias y articularlas en un guión. El problema es que su discurso funciona con fluidez a condición de que no renuncie a la ironía, a la ocurrencia, al gag. Cada tanto se decide a probar un registro distinto del que le brota espontáneamente, tentado por modelos de culto: "Prefiero acercarme a Bergman, a Buñuel o a Fellini y fracasar, a contentarme con la aspiración a ser exitoso en el mercado comercial", confesó en Conversaciones con Jean-Michel Frodon . Pero cuando adopta tonos graves, lo asalta esa tensión interna que hace que uno aparezca en las fotos como un palurdo, con expresión rígida y artificial.
Varios dramas de Allen, por esa razón, resultaron olvidables, como su homenaje a Fellini en Recuerdos (1980) o su tributo al expresionismo alemán o escandinavo, Sombras y niebla (1991). Con Bergman como horizonte no le fue mejor: Otra mujer (1988) y el que fue calificado como su peor drama, Septiembre (1987).
De Interiores (1978), el primer film en el que se abstuvo de actuar, se rescata su sensata intención de construir, a través de las vicisitudes de tres hermanas, una trama de comedia dramática chejoviana, así como también las colosales actuaciones de dos veteranas, Geraldine Page y Maureen Stapleton. Crímenes y pecados (1989) plantea con crueldad la desesperación de una mujer (Anjelica Huston) y la posibilidad de que un asesinato calculado y pagado con frialdad permanezca impune. Desoladora conclusión que se retoma en su primer film en Gran Bretaña, Match Point (2005), con la salvedad de que, para construir esta arquetípica "tragedia inglesa" -quizás inspirada en la "tragedia americana" de Un lugar en el sol , de George Stevens-, hay que barruntar que abrevó desaprensivamente en el modelo british de Room at the Top ( Almas en subasta, 1959), de Jack Clayton, sólo que allí la amante sacrificada (Simone Signoret) era una mujer mayor que el "trepador" (Laurence Harvey) y en decadencia. El hallazgo de la pelotita de tenis como brillante alegoría del inextricable azar de la vida, sin embargo (eso de que un ligero desvío te puede salvar o hundir para siempre), compensa su pecado.
Con todo, Match Point se perfila entre lo mejor que acertó a filmar Woody cuando su vena humorística se viste de sombras. No agregan nada a su reputación los otros dramas "ingleses", El sueño de Cassandra (2007, producción estadounidense), un desafío a la integridad ética de dos hermanos que delinquen por dinero, y el flamante You Will Meet a Tall Stranger (de 2010, que se conocerá aquí el mes que viene como Conocerás al hombre de tus sueños ), un híbrido que exhibe dolorosos abandonos sentimentales y conflictivos cruces de parejas en un sector social británico, pero ambientados con el dixieland y el swing de (casi) las mismas viejas grabaciones que habían dado, en sus mejores comedias, el alegre glamour de la atmósfera neoyorquina. Se reitera la receta, pero exenta de magia; las composiciones que acometen los integrantes del valioso cast (Anthony Hopkins, Naomi Watts, Antonio Banderas y la excepcional actriz londinense Gemma Jones) acaban navegando, con personajes poco definidos, por climas anodinos.

Wednesday, August 14, 2013

Visa España / Las razones de Rajoy


Las razones del presidente Rajoy para no exigirles visa a colombianos

'Europa debe retirar visado para colombianos'
Mariano Rajoy, ha reiterado que nunca su país ha estado de acuerdo con la imposición de la visa para los nacionales colombianos.

Mariano Rajoy explica que Colombia ha cambiado y que se ha abierto a los mercados.

Es mucho lo que Colombia ha cambiado. Gracias a la apuesta de sus últimos gobiernos por la seguridad jurídica y la apertura comercial, ha multiplicado por más de cuatro la inversión extranjera directa que recibe, así como su renta per cápita, en solo diez años. 
Los progresos de Colombia van más allá del mero crecimiento e incluyen el buen gobierno. De hecho, la Ocde, el club de las buenas prácticas, acaba de invitar a Colombia a iniciar negociaciones con vistas a una próxima adhesión. 
Quiero destacar especialmente la fortaleza de sus instituciones, en medio de las amenazas del narcoterrorismo, así como el sacrificio de los colombianos, su solidaridad y su anhelo de paz. Parafraseando a Ortega y Gasset, Colombia es un gran pueblo que está pasando al galope por encima de un remolino de polvo, el del terrorismo, que quedará en la cuneta de la historia.
El pasado primero de agosto del 2013 entró en vigor provisionalmente el Acuerdo Comercial Multipartes entre la Unión Europea, Colombia y Perú, en el que España ha puesto tanto empeño. Después de la ratificación por el Parlamento Europeo, el Congreso español ha sido de los primeros en ratificarlo, con una abrumadora mayoría multipartidista, a la espera de que lo hagan todos los parlamentos de los Estados miembros de la Unión Europea.
Este acuerdo comercial es una clara prueba de que en la Unión Europea, y en España en particular, creemos en Colombia y en su gran potencial, ofreciendo a sus empresas y a sus exportaciones un acceso privilegiado al mayor mercado del mundo, para diversificarse, tanto en destinos como en productos, contribuyendo así a su crecimiento sostenido y a su cohesión social.
Lazos humanos
Pero son nuestros ciudadanos nuestro mayor y mejor nexo de unión. España tiene la satisfacción de ser el país de la Unión Europea que a más colombianos acoge y a los que más visados concede. Unos trescientos mil colombianos viven en España, muchos más si contamos los que ya han obtenido la doble nacionalidad hispano-colombiana.
Estos colombianos han contribuido, con su esfuerzo, trabajo y sacrificio, al progreso de España, pero también al de Colombia. Son un ejemplo de integración. Muchos son valiosos miembros de nuestras Fuerzas Armadas y participan en las operaciones de mantenimiento de la paz en el mundo. A todos ellos, les quiero expresar mi reconocimiento y gratitud.
Al mismo tiempo, son cada vez más los españoles que viven y trabajan hoy en Colombia. Son ya veintisiete mil, número que se incrementa con las nuevas oportunidades.
Las empresas españolas, por su parte, llevan aquí muchos años y siempre han tenido vocación de permanencia. Ni las grandes turbulencias han podido mermar su fe en Colombia.
Quiero anunciar que, aprovechando la entrada en vigor de nuestro Acuerdo Comercial Multipartes, y a pesar de la crisis, ha llegado el momento de que España pida a la Comisión Europea y a los demás Estados del espacio Schengen que se retire a Colombia y Perú de la lista de países a cuyos nacionales se pide visado de corta duración.
Colombia y Perú no pueden ser los únicos países de América Latina a los que se les sigue exigiendo visado a pesar de tener un tratado de libre comercio con la Unión Europea.
Los colombianos y los peruanos deben poder percibir todas las ventajas de la seguridad jurídica y de la apertura comercial. Colombia y Perú se equipararían así a sus socios de la Alianza del Pacífico, México, Chile y, más recientemente, Costa Rica, que también tienen acuerdos con la Unión Europea y no necesitan visado. España ha hecho una apuesta política y aspira a ser un Estado observador activo y comprometido en la Alianza del Pacífico.
España nunca ha querido esta exigencia de visado. Es hora de decirlo abiertamente y de hacer campaña para que se retire. Así lo hago hoy y así lo formalizaré inmediatamente. Quiero alejarme de la retórica fácil y concretar con hechos que mi gobierno apuesta de manera decidida por Colombia: más allá de nuestros vínculos históricos, Colombia ha demostrado ser un gran amigo de España, un aliado y un socio fiable y leal.
MARIANO RAJOY BREY
Presidente del Gobierno de España

http://www.eltiempo.com/mundo/europa/declaraciones-de-mariano-rajoy-sobre-visa-para-colombianos-en-espana-_12986910-4




Rajoy reclamará a Bruselas que peruanos y colombianos puedan viajar sin visado

El presidente de Colombia considera la iniciativa su mejor regalo de cumpleaños


Un policía con viajeros llegados al aeropuerto de Barajas. / CLAUDIO ÁLVAREZ

El Gobierno de Mariano Rajoy va a solicitar a la Comisión Europea y a los demás Estados del Espacio Schengen que se retire a Colombia y a Perú de la lista negra de países cuyos ciudadanos necesitan visado para entrar en España para estancias de corta duración, según informaron fuentes de La Moncloa.
Rajoy se lo ha comunicado ya al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, y al presidente de Perú, Ollanta Humala, con quienes conversó telefónicamente durante el fin de semana. La actual exigencia de visado levantó hace 12 años, cuando entró en vigor, una oleada de críticas.
La exigencia de visado a los colombianos por parte de todos los países de la Unión Europea fue adoptada en marzo de 2001 en una reunión de ministros del Interior de la UE, formada entonces por 15 países. En la votación correspondiente, el entonces ministro Rajoy se abstuvo y no votó en contra.
El anuncio de Rajoy sorprendió a sus colegas porque España no se había opuesto a esa posibilidad durante los casi doce meses que habían durado las negociaciones para elaborar la lista de 132 países a los que la UE empezó a exigir visado a partir del 1 de abril de 2001. Fuentes de la representación española justificaron entonces la postura del Gobierno, presidido por José María Aznar, que “no habría sido razonable” que España votara en contra de la política común europea cuyo objetivo era controlar la llegada de ciudadanos de zonas de las que procede un alto porcentaje de los alijos de droga, además de ser el origen de miles de inmigrantes irregulares. Entre esos países, la UE incluía a Colombia.
Con reglamento aprobado en 2001, Italia, Alemania y Austria, que hasta entonces tampoco exigen visado a los colombianos, tuvieron que aceptar lo aprobado por la UE, si bien la medida conllevaba un mayor gravamen político para España teniendo en cuenta las connotaciones históricas y sus lazos tradicionales con los países hispanoamericanos.
Cientos de intelectuales, artistas y políticos expresaron su disconformidad con la decisión de la UE respecto a los colombianos.

El famoso enfado de García Márquez

Muchos intelectuales, artistas, escritores y políticos españoles y suramericanos se posicionaron abiertamente en contra de la exigencia de visado a los colombianos. Pero quizás lo que más quedó en el recuerdo colectivo fue el enfado del Nobel Gabriel García Márquez, quien pronunció aquella frase de: “Nunca necesité permiso para ir a la casa de mi madre”.
La Embajada de Colombia en España y la de España en Colombia vienen siendo desde 2001 el buzón de quejas de ciudadanos anónimos, pero también de empresarios, artistas e intelectuales que chocaban con múltiples dificultades para obtener el visado de entrada en Europa.
Los escritores colombianos Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, Fernando Vallejo, William Ospina, Héctor Abad, el poeta Darío Jaramillo y el pintor y escultor Fernando Botero enviaron una carta abierta al presidente del Ejecutivo español, José María Aznar, en la que, tras calificar de “despropósito” la decisión adoptada en Bruselas, amenazaban con no volver a pisar España. “Con la dignidad que aprendimos de España, no volveremos a ella mientras se nos someta a la humillación de presentar un permiso para poder visitar lo que nunca hemos considerado ajeno”, señalaban.
Casi dos centenares de intelectuales españoles respaldaron la postura de sus colegas latinoamericanos, tras el “insulto” de la exigencia de visado a los ciudadanos colombianos. “Expresamos públicamente al Gobierno de España nuestra repulsa ante dicha decisión ministerial”, proclamaban en un manifiesto colectivo.
Frente a todas esas quejas y protestas, fuentes de las fuerzas de seguridad españolas opinan que el visado ha permitido “cribar” mejor a los ciudadanos colombianos, controlar el flujo migratorio y dificultar la entrada de mulas (porteadores de droga).
Después de que el PSOE recriminase al ministro Rajoy que España no votara en contra de la norma comunitaria, el entonces responsable de Interior argumentó en el Congreso que esas decisiones se adoptan por mayoría cualificada, por lo que hubiese sido inútil el voto en contra de España. Además, Rajoy señaló que, de votar en contra, se habría aprobado el texto de la Comisión Europea en lugar de, como ocurrió, una enmienda que presentó Francia y que requería, para salir adelante, que ningún país se opusiese. Con esa enmienda se evitaba “el riesgo de que Gibraltar pueda expedir autónomamente documentos de identidad”, según Rajoy, quien recalcó que eso era “del máximo interés para España”. El diputado socialista Diego López Garrido le replicó: “El Gobierno utiliza últimamente Gibraltar para todo”
El actual presidente del Gobierno considera ahora que la situación debe cambiar. Pretende que Colombia y Perú se unan al grupo de países de América Latina que tienen acuerdos de libre comercio con la Unión Europea y que no necesitan visado, según informó ayer el Gobierno español. El argumento es la entrada en vigor del Acuerdo Comercial Multipartes entre la Unión Europea, Colombia y Perú.
El jefe del Ejecutivo ha reiterado que España quiere ser un Estado observador activo y comprometido en la Alianza del Pacífico, según fuentes de la Presidencia, que indicaron que Rajoy aprovechó sus conversaciones con Santos y Humala para repasar las “excelentes” relaciones que España tiene con ambos países.
El mandatario colombiano relató así cómo se enteró de la noticia: “Me llamó el presidente del Gobierno español y me tenía para los colombianos un magnífico regalo de cumpleaños. Me dijo que iba a pedirle a la Comisión Europea que Europa les quite la visa a los colombianos”. Santos ha indicado que esta es una “gran noticia” para todos los colombianos, y que “es un paso importantísimo”. “Ya hemos logrado que nueve países nos quiten la visa. Los colombianos tenemos todo el derecho de sentirnos orgullosos de ser colombianos y de que nos sentemos en cualquier lugar del mundo sin necesidad de visa”, agregó.

EL PAÍS


La odisea del visado español en Colombia

Artistas, intelectuales y empresarios colombianos dejan de viajar a España por las dificultades para obtener la autorización


Corría el año 2001 cuando García Márquez pronunció aquella frase: "Nunca necesité permiso para ir a la casa de mi madre". España, ateniéndose a los dictámenes de la UE, exigía un visado a todo colombiano que quisiera entrar en el país. El terror europeo a que la "madre patria" se convirtiera en la puerta de entrada de los narcos, sus cargamentos de polvo blanco y sus sicarios, condujo a tomar una medida drástica. El Gobierno español, ante la polémica y las quejas de notables personalidades colombianas y españolas, aseguró que se haría con el menor trastorno posible.
Cinco años después, cuando los colombianos hablan de la "reconquista española" por el asentamiento de importantes empresas de nuestro país en Colombia, la forma de tratarles dista bastante de ser amable, y encuentran enormes trabas para pisar suelo español.

Un funcionario dice: "Aprobado", "denegado" o "subsanación". Sin dar más explicaciones

Sólo los gastos en copias de documentos sellados y seguros suponen 3.000 euros
La polémica se ha desatado en Colombia, donde el periódico El Tiempo, el de mayor tirada en el país, escribe furibundos editoriales con títulos como Kafka se hace español. Y es que hay casos que rozan el surrealismo.
En el salón de la casa de Gloria Jaramillo, empresaria colombiana de Medellín, hay una foto suya dándole la mano al rey Juan Carlos. Era en el acto fundacional de la Federación de Antiguos Alumnos del INAP (Instituto Nacional de Administración Pública en España), en 1984. Ella, junto a su marido, doctor por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), habían estudiado en España y después montaron su vida en Colombia. Hoy sus dos hijas, Mónica y Viviana Barrera, se encuentran en Madrid junto a Nacho Penagos, el marido de la primera, para comenzar sus cursos de postgrado de dos años en la UCM. Pero llegaron casi de milagro.
Mónica, de 27 años, es una reconocida abogada. Viviana, de 24, es economista y trabajaba para el Gobierno colombiano. Nacho, de 35 años, es periodista además de profesor universitario y empresario. Los tres tienen una posición más que acomodada en Colombia, con sueldos de unos 4.000 euros mensuales. Pero hace un año se plantearon venir a estudiar a España. Y su vida quedó pendiendo de un hilo: el visado.
"Para empezar, todo hay que solicitarlo por Internet. La cita, el impreso, etcétera. El consulado español en Bogotá es como un búnker en el que jamás hablas con un funcionario español. Los únicos contactos con humanos se limitan a los guardias de seguridad de la puerta que, por supuesto, son colombianos e incapaces de responder a nada. Franquear ese primer filtro, implica acudir con todos los papeles y sus correspondientes copias compulsadas (a 10 euros cada una). La retahíla de requisitos es interminable: pasaporte, fotografías, certificado de penales, seguro médico (cuyo coste son 500 euros y cuya vigencia no supera el mes, por lo que te puede caducar en el proceso), demostrar que tienes medios económicos, acreditar el alojamiento, el título de estudios, el documento de aceptación en el doctorado y la partida de matrimonio, si estás casado".
Por fin, con tres meses de antelación a la fecha del viaje, reunieron todos los documentos, previa inversión de 3.000 euros cada uno en compulsaciones y compra de seguros, según cuentan. Con sus carpetas repletitas de papeles llegaron al consulado el día de la cita concedida por Internet y esperaron las dos horas de cola. Pasaron a los guardias de seguridad colombianos y se encontraron con dos guardias civiles españoles que les hicieron despojarse de todo lo que llevaban (móviles, abrigos, paraguas) y someterse a un cacheo antes de franquear la segunda "barrera". Finalmente llegaron a una ventanilla de grueso vidrio donde se comunicaban con el funcionario, también colombiano, por teléfono, al más puro estilo carcelario. Todo esto sólo para presentar la solicitud y, por supuesto, sin respuesta a ninguna duda: "Todo está en Internet". Les emplazaron a volver tres días después.
Allá que fueron. Un funcionario nombraba a la gente y decía: "Aprobado", "denegado" o "subsanación". A ellos primero les dijeron que debían "subsanar" una falta y, tras hacerlo: "Denegado". ¿Por qué?, nunca lo han sabido. Nadie responde. Les entregaron un oficio que informaba de que podían apelar ante el Tribunal de lo Contencioso Administrativo en España o recurrir contra el organismo que niega el permiso.
Llamadas, visitas frustradas.... Y nada. Ante lo "kafkiano" del asunto, un profesor de universidad español, un magistrado del Supremo y el director del INAP, intercedieron y, días más tarde, una llamada telefónica les informaba de que les concedían el visado. Llegaron a Madrid hace una semana, en un avión junto con personas que legítimamente venían a trabajar a España en el servicio doméstico y cuyo visado se había demorado apenas dos semanas.
Los casos se suceden. Recientemente el Ayuntamiento de Zaragoza se vio obligado a cambiar su programa de actividades para la "Semana Colombiana" porque muchos artistas e intelectuales invitados no obtenían el visado. "Conseguimos muchos tras enviar cartas al consulado. Fue un poco surrealista", comenta Rubén Scaramizzino, coordinador del programa.
Piedad Bonnett, conocida escritora colombiana, no tuvo suerte entonces. En un correo electrónico cuenta los detalles de su intento frustrado por llegar a España a presentar su última novela editada por Alfaguara y a participar en las jornadas de Zaragoza: "Y todo porque la rigidez burocrática no hace diferencias entre la solicitud de un turista y la de un invitado cultural. Los casos de maltrato son numerosísimos, sólo que muchos funcionarios oficiales no quieren denunciarlo por los cargos que ocupan. Tras la polémica en prensa, me llamaron del consulado por si seguía interesada en ir a España. Respondí que, ante tantas dificultades, no".
Ya son muchos los colombianos que consiguen los visados antes vía Francia o Inglaterra. Fuentes diplomáticas aseguran que también está habiendo muchas falsificaciones de pasaportes para llegar a España desde Bolivia o Venezuela, que no requieren visado.
La embajadora de Colombia en España, Noemí Sanín, manifestó su preocupación por el asunto y aseguró que buena parte de su tiempo lo emplea en atender quejas de empresarios, intelectuales y artistas que no consiguen el visado. "La dificultad de las visas es real. Entran menos "mulas", sí, pero necesitamos un convenio común para Iberoamérica y otro específico para empresarios, artistas e intelectuales, como tenemos con EE UU. Hay que evitar la doble consulta (primero a España y luego a Europa) y agilizar. Creo que Alemania no tiene que consultarle a España las visas que otorga".
El cónsul de España en Colombia, Carlos de la Morena, "está de vacaciones", pero desde el departamento de Comunicaciones Exteriores del Ministerio de Asuntos Exteriores, se asegura que los visados "no son una cosa discrecional. Es un trámite administrativo que está sometido a una legislación que hay que observar y lleva un tiempo. Es muy frecuente que las peticiones sean de hoy para la semana que viene. Y, como prueba de que el control es necesario, está el hecho de que haya 56.000 inmigrantes colombianos ilegales en España".
En todo caso, sigue sin estar claro por qué lo que inicialmente fue denegado, tras una llamada o una carta de una o más personas influyentes, fue aprobado. ¿No se trataba de cumplir los requisitos?



LOS PROBLEMAS DE LOS INMIGRANTES

187 intelectuales españoles apoyan a García Márquez en su rechazo al visado a los colombianos

Decenas de creadores firman una carta en la que tildan de 'insulto' la medida adoptada por España

 Madrid 23 MAR 2001


El texto, titulado Carta abierta de los intelectuales españoles al Gobierno de España en relación con la exigencia de un visado a los ciudadanos de Colombia, comienza recordando la penosa situación de miles de inmigrantes en nuestro país: 'A la ignominiosa reforma de la Ley de Extranjería, que entró en vigor el pasado 22 de enero de 2001, se suma ahora el insulto que el Gobierno de nuestro país acaba de infligir a los ciudadanos de Colombia, consistente en exigirles un visado (visa en América) para entrar en el territorio español'.
Recuerda que 'los colombianos Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis, Fernando Vallejo, William Ospina, Darío Jaramillo, Héctor Abad y Fernando Botero han dirigido una carta abierta al presidente del Ejecutivo español, José María Aznar, en la que, tras calificar de 'despropósito' la decisión adoptada en Bruselas por el ministro español del Interior, Mariano Rajoy, durante el Consejo de Ministros de la Unión Europea, añaden: 'Con la dignidad que aprendimos de España, no volveremos a ella mientras se nos someta a la humillación de presentar un permiso para poder visitar lo que nunca hemos considerado ajeno'.
Y concluye: 'Los abajo firmantes, todos ellos originarios del mundo de la cultura española en sus diversas ramas de expresión, se solidarizan con el contenido de la carta de sus compañeros colombianos y le expresan públicamente al Gobierno de España su repulsa ante dicha decisión ministerial'.
A media tarde de ayer el documento, promovido por el escritor Manuel Talens y el dibujante Antonio Fraguas (Forges), ya había sido firmado por 185 intelectuales.
A la carta encabezada por García Márquez se adhirió ayer la Asociación América-España, Solidaridad y Cooperación, que ha convocado para hoy una protesta de ciudadanos colombianos ante la Embajada de su país en Madrid.
Paso atrás
El colectivo afirma que la decisión del Gobierno de José María Aznar es un paso atrás en las relaciones entre ambas naciones que, además, abre un proceso de desunión. Por ello solicita a la Unión Europea que reconsidere la iniciativa de exigirles visado a los colombianos.
Mientras, el PSOE ha solicitado que el ministro del Interior, Mariano Rajoy, comparezca en el Congreso para explicar por qué 'el Gobierno ha permitido que España y diversos países de la UE' tomaran la decisión de exigir visado a los colombianos.

Gabriel García Márquez


Política sin visado


¿Qué tiene Colombia con España que todo duele tanto? El Gobierno español exigía hasta ahora visado a tres países latinoamericanos: República Dominicana y Cuba, en total acuerdo con las administraciones respectivas, y Perú. Bajo una insoportable presión de la UE, España tiene, en cambio, que ponerle visado a Colombia, y se arma la marimorena.
Primero, seis destacadísimos colombianos, encabezados por Gabriel García Márquez, hacen pública una carta dolidísima de amor no correspondido, advirtiendo de que no pondrán los pies en nuestro suelo mientras rija la medida; acto seguido surge una contra-carta en la que muchas docenas de españoles, de alguna y bastante notabilidad, se solidarizan con la protesta poniendo el grito en el cielo, sin que antes sufrieran parecidos espasmos por otros países de nuestra cultura. Y, como colofón, añadamos que a todos los españoles que viajen próximamente a Colombia, los naturales, aunque les seguirán tratando de maravilla porque no consentiría otra cosa el genio de la hospitalidad nacional, es seguro que todo el mundo, desde el taxista hasta el señor ministro, les van a dirigir la palabra mentando el dichoso visado.
La UE exige ese documento porque Colombia tiene mala fama por causa de la cocaína y delincuencias anejas, y la libre entrada de colombianos en España hacía temer a los países de Schengen que la droga se les colara por esa puerta sin control. Lamentablemente, el polvo blanco llega sin permiso a todas partes, pero, como mínimo, hay que hacer ver que no se le dan facilidades. España, por añadidura, se abstuvo en la votación sobre el visado, pero sólo por inútiles razones de imagen, puesto que, al no disponer de veto, daba igual que se definiera en un sentido u otro.
España, por tanto, no es culpable; no podía hacer otra cosa, salvo mudarse de continente para soslayar el aprieto. Pero ello no deja menos de señalar las terribles contradicciones congénitas de la política exterior española. En este caso, tener más Europa equivale a tener menos América, y por lo mismo, aún menos Colombia, país en el que mencionar a España es algo que nunca deja a nadie indiferente.
Estamos ante un problema insoluble, donde no cabe otorgar premio ni recabar sanción. Pero lo evidente es que, sin América Latina, España tiene mucha menos política exterior e incluso es mucho menos España. ¿Qué cara pondrá Aznar cuando salude a Andrés Pastrana en la próxima cumbre iberoamericana? Ésa sí que es una política sin visado.