Monday, December 30, 2013

Camila Vallejo / De la calle al Parlamento

Camila Vallejo
Foto de H. Bredehorst

CAMILA VALLEJO
De la calle al Parlamento

El País, 26 de diciembre de 2013


Líder estudiantil que salió a las calles de Chile en defensa de la educación, las elecciones han llevado su lucha al Parlamento.

Por Juan Pablo Meneses

Lideró el movimiento social más importante de los últimos años en Latinoamérica. Los estudiantes chilenos marcharon hace dos años exigiendo algo que parecía impensado para la región: no se trataba de tumbar a un dictador ni protestar por una crisis. Se pedía educación universitaria gratis y de calidad. Todo cambió rápido. Para Chile, líder de los rankings económicos, donde la agenda política viró hacia la educación y la gratuidad y la desigualdad como ejes del debate. Y cambió para Camila, centro de atención mundial. Se comparó su carisma con el del Subcomandante Marcos, pero con una hermosa cara descubierta adornada por un piercing. Y vino 2013. En abril cumplió 25 años, en julio se tituló de geógrafa, en octubre fue madre de Adela, en noviembre salió elegida diputada nacional y en diciembre acompañó a Bachelet en su vuelta a la presidencia. Ha prometido seguir luchando por los cambios a la educación y al modelo. Pero ahora desde dentro, en el Parlamento, en comisiones. Siempre con su piercing. Eso no ha cambiado.


Juan Pablo Meneses es escritor chileno



Sergio Fajardo / La lección del profesor de matemáticas

Sergio Fajardo
Foto: Cordon Press

SERGIO FAJARDO 
La lección del profesor de matemáticas

El País, 26 de diciembre de 2013

Entró en política con el cambio de siglo para liderar la transformación de Antioquia y su capital, Medellín, primero como alcalde y ahora como gobernador.

Por Héctor Abad Faciolince

No es poca cosa decir que un político no ha robado nunca. Por Sergio Fajardo, yo pondría la mano en el fuego, porque además conozco la anécdota de la única vez que robó en su vida. Ocurrió en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, donde hacía su PhD en lógica matemática. Un día pidió un libro en la biblioteca y en la tarjeta de préstamos vio que la última persona que había sacado ese libro era nada menos que uno de sus ídolos: el lógico Kurt Gödel, que hacía poco se había dejado morir de hambre en ese mismo campus. La tarjeta tenía la firma de Gödel, y Fajardo no la devolvió; la conserva enmarcada en su biblioteca. Este brillante profesor de matemáticas decidió entrar en política con el cambio de siglo y desde entonces ha liderado la transformación de Antioquia y su capital, Medellín, primero como alcalde y ahora como gobernador. Debe tenerse en cuenta que Antioquia tiene tantos habitantes como Nicaragua y un PIB siete veces más grande que el país centroamericano. Este hombre claro, sencillo y sin dobleces es práctico y eficiente. Si hay alguna esperanza y sensatez en la sucia y dura política, algún día será presidente de Colombia.


Héctor Abad Faciolince es escritor colombiano.



Sunday, December 29, 2013

José Mujica / Nada convencional


José Mujica
Foto de L. Maximiliano
José Mujica
NADA CONVENCIONAL

Austero y humanista del saber cotidiano, el presidente uruguayo sorprendió al mundo legalizando la marihuana.

Por M. Á. Bastenier.
El País, 29 de diciembre de 2013

Podría creerse que tanta originalidad no es natural. El presidente uruguayo, José Mujica, de 78 años, es una antología de la anti-convencionalidad. Vive en un ranchito que la discreción llamaría austero, y el ojo clínico, ruinoso; conduce su propio coche, un Volks­wagen que debió de ser de los primeros de fábrica; tiene una perra coja que en el cómputo perruno es aún más vieja que su amo; y practica la cocina de autor porque se prepara él mismo su plato preferido: bife con cebolla. En privado, pero a micrófono abierto, decía, tras una dura sesión con la presidenta argentina: “Esta vieja es peor que el tuerto”, o sea, Néstor Kirchner, anterior presidente, del que había enviudado Cristina Fernández. Y en público: “No compramos con plata, sino con el tiempo que tardamos en ganarlo… Hay que dar tiempo a la vida”. Sabio, chófer y cocinero, pero, sobre todo, humanista del saber cotidiano.



Vargas Llosa / El ejemplo uruguayo

Mario Vargas Llosa

El ejemplo uruguayo

La libertad tiene sus riesgos y quien cree en ella debe estar dispuesto a correrlos. Así lo ha entendido el Gobierno de José Mujica al legalizar la marihuana y el matrimonio gay. Y hay que aplaudirlo



FERNANDO VICENTE
Ha hecho bien The Economist en declarar a Uruguay el país del año y en calificar de admirables las dos reformas liberales más radicales tomadas en 2013 por el Gobierno del presidente José Mujica: el matrimonio gay y la legalización y regulación de la producción, la venta y el consumo de la marihuana.
Es extraordinario que ambas medidas, inspiradas en la cultura de la libertad, hayan sido adoptadas por el Gobierno de un movimiento que en su origen no creía en la democracia sino en la revolución marxista leninista y el modelo cubano de autoritarismo vertical y de partido único. Desde que subió al poder, el presidente José Mujica, que en su juventud fue guerrillero tupamaro, asaltó bancos y pasó muchos años en la cárcel, donde fue torturado durante la dictadura militar, ha respetado escrupulosamente las instituciones democráticas —la libertad de prensa, la independencia de poderes, la coexistencia de partidos políticos y las elecciones libres— así como la economía de mercado, la propiedad privada y alentado la inversión extranjera. Esta política del anciano y simpático estadista que habla con una sinceridad insólita en un gobernante, aunque ello le signifique meter la pata de cuando en cuando, vive muy modestamente en su pequeña chacra de las afueras de Montevideo y viaja siempre en segunda clase en sus viajes oficiales, ha dado a Uruguay una imagen de país estable, moderno, libre y seguro, lo que le ha permitido crecer económicamente y avanzar en la justicia social al mismo tiempo que extendía los beneficios de la libertad en todos los campos, venciendo las presiones de una minoría recalcitrante de la alianza.
Hay que recordar que Uruguay, a diferencia de la mayor parte de los países latinoamericanos, tiene una antigua y sólida tradición democrática, al extremo de que, cuando yo era niño, se llamaba al país oriental “la Suiza de América” por la fuerza de su sociedad civil, el arraigo de la legalidad y unas Fuerzas Armadas respetuosas de los gobiernos constitucionales. Además, sobre todo después de las reformas del batllismo, que reforzaron el laicismo y desarrollaron una poderosa clase media, la sociedad uruguaya tenía una educación de primer nivel, una muy rica vida cultural y un civismo equilibrado y armonioso que era la envidia de todo el continente.


Yo recuerdo la impresión que significó para mí conocer Uruguay hacia mediados de los años sesenta. No parecía uno de los nuestros ese país donde las diferencias económicas y sociales eran mucho menos descarnadas y extremas que en el resto de América Latina y en el que la calidad de la prensa escrita y radial, sus teatros, sus librerías, el alto nivel del debate político, su vida universitaria, sus artistas y escritores —sobre todo, el puñado de críticos y la influencia que ejercían en los gustos del gran público— y la irrestricta libertad que se respiraba por doquier lo acercaban mucho más a los más avanzados países europeos que a sus vecinos. Allí descubrí el semanario Marcha, una de las mejores revistas que he conocido, y que se convirtió para mí desde entonces en una lectura obligatoria para estar al tanto de lo que ocurría en toda América Latina.

Esta política del anciano estadista ha dado a Uruguay una imagen de país estable, moderno, libre y seguro
Sin embargo, ya en aquel tiempo había comenzado a deteriorarse esa sociedad que daba al forastero la impresión de estar alejándose cada vez más del tercer mundo y acercándose cada vez más al primero. Porque, pese a todo lo bueno que allí ocurría, muchos jóvenes, y algunos no tan jóvenes, sucumbían a la fascinación de la utopía revolucionaria e iniciaban, según el modelo cubano, las acciones violentas que destruirían aquella “democracia burguesa” para reemplazarla no por el paraíso socialista sino por una dictadura militar de derecha que llenó las cárceles de presos políticos, practicó la tortura y obligó a exiliarse a muchos miles de uruguayos. El drenaje de talento y de sus mejores profesionales, artistas e intelectuales que padeció el Uruguay en aquellos años fue proporcionalmente uno de los más críticos que haya vivido en la historia un país latinoamericano. Sin embargo, la tradición democrática y la cultura de la legalidad y la libertad no se eclipsaron del todo en aquellos años de terror y, al caer la dictadura y restablecerse la vida democrática, florecerían de nuevo con más vigor y, se diría, con una experiencia acumulada que sin duda ha educado tanto a la derecha como a la izquierda, vacunándolas contra las ilusiones violentistas del pasado.
De otro modo no hubiera sido posible que la izquierda radical, que con el Frente Amplio y los tupamaros llegara al poder, diera muestras, desde el primer momento, de un pragmatismo y espíritu realista que ha permitido la convivencia en la diversidad y profundizado la democracia uruguaya en lugar de pervertirla. Ese perfil democrático y liberal explica la valentía con que el Gobierno del presidente José Mujica ha autorizado el matrimonio entre parejas del mismo sexo y convertido a Uruguay en el primer país del mundo en cambiar radicalmente su política frente al problema de la droga, crucial en todas partes, pero de una agudeza especial en América Latina. Ambas son reformas muy profundas y de largo alcance que, en palabras de The Economist, “pueden beneficiar al mundo entero”.
El matrimonio entre personas del mismo sexo, ya autorizado en varios países del mundo, tiende a combatir un prejuicio estúpido y a reparar una injusticia por la que millones de personas han padecido (y siguen padeciendo en la actualidad) arbitrariedades y discriminación sistemática, desde la hoguera inquisitorial hasta la cárcel, el acoso, marginación social y atropellos de todo orden. Inspirada en la absurda creencia de que hay solo una identidad sexual “normal” —la heterosexual— y que quien se aparta de ella es un enfermo o un delincuente, homosexuales y lesbianas se enfrentan todavía a prohibiciones, abusos e intolerancias que les impiden tener una vida libre y abierta, aunque, felizmente, en este campo, por lo menos en Occidente, se han ido desmoronando los prejuicios y tabúes homofóbicos y reemplazándolos la convicción racional de que la opción sexual debe ser tan libre y diversa como la religiosa o la política, y que las parejas homosexuales son tan “normales” como las heterosexuales. (En un acto de pura barbarie, el Parlamento de Uganda acaba de aprobar una ley estableciendo la cadena perpetua para todos los homosexuales).

La represión no ha funcionado, y el narcotráfico es hoy el factor principal de la corrupción en América Latina
Respecto a las drogas prevalece todavía en el mundo la idea de que la represión es la mejor manera de enfrentar el problema, pese a que la experiencia ha demostrado hasta el cansancio que no obstante la enormidad de recursos y esfuerzos que se han invertido en reprimirlas, su fabricación y consumo siguen aumentando por doquier, engordando a las mafias y la criminalidad asociada al narcotráfico. Este es en nuestros días el principal factor de la corrupción que amenaza a las nuevas y a las antiguas democracias y va cubriendo las ciudades de América Latina de pistoleros y cadáveres.


¿Será exitoso el audaz experimento uruguayo de legalizar la producción y el consumo de la marihuana? Lo sería mucho más, sin ninguna duda, si la medida no quedara confinada en un solo país (y no fuera tan estatista) sino comprendiera un acuerdo internacional del que participaran tanto los países productores como consumidores. Pero, aun así, la medida va a golpear a los traficantes y por lo tanto a la delincuencia derivada del consumo ilegal y demostrará a la larga que la legalización no aumenta notoriamente el consumo sino en un primer momento, aunque luego, desaparecido el tabú que suele prestigiar a la droga ante los jóvenes, tienda a reducirlo. Lo importante es que la legalización vaya acompañada de campañas educativas —como las que combaten el tabaco o explican los efectos dañinos del alcohol— y de rehabilitación, de modo que quienes fuman marihuana lo hagan con perfecta conciencia de lo que hacen, al igual que ocurre hoy día con quienes fuman tabaco o beben alcohol.
La libertad tiene sus riesgos y quienes creen en ella deben estar dispuestos a correrlos en todos los dominios, no sólo en el cultural, el religioso y el político. Así lo ha entendido el Gobierno uruguayo y hay que aplaudirlo por ello. Ojalá otros aprendan la lección y sigan su ejemplo.



A veces llegan cartas / Teoría del infierno


Anónimo
TEORÍA DEL INFIERNO

La siguiente pregunta fue hecha en un examen trimestral de química en la Universidad de Toledo. La respuesta de uno de los estudiantes fue tan “profunda” que el profesor quiso compartirla con sus colegas, vía Internet, razón por la cual  podemos todos disfrutar de ella.
Pregunta: ¿Es el Infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (lo absorbe)? 
La mayoría de estudiantes escribieron sus comentarios sobre la Ley de Boyle (el gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se comprime).
Un estudiante, sin embargo, escribió lo siguiente:
"En primer lugar, necesitamos saber en qué medida la masa del Infierno varía con el tiempo. Para ello hemos de saber a qué ritmo entran las almas en el Infierno y a qué ritmo salen.. Tengo sin embargo entendido que, una vez dentro del Infierno, las almas ya no salen de él. Por lo tanto, no se producen salidas. En cuanto a cuántas almas entran, veamos lo que dicen las diferentes religiones: La mayoría de ellas declaran que si no perteneces a ellas, irás al Infierno. Dado que hay más de una religión que así se expresa y dado que la gente no pertenece a más de una, podemos concluir que todas las almas van al Infierno. Con las tasas de nacimientos y muertes existentes, podemos deducir que el número de almas en el Infierno crece de forma exponencial. Veamos ahora cómo varía el volumen del Infierno. Según la Ley de Boyle, para que la temperatura y la presión del Infierno se mantengan estables, el volumen debe expandirse en proporción a la entrada de almas.
Hay, por lo tanto, dos posibilidades:
1ª. Si el Infierno se expande a una velocidad menor que la de entrada de almas, la temperatura y la presión en el Infierno se incrementarán hasta que éste se desintegre.
2ª. Si el Infierno se expande a una velocidad mayor que la de la entrada de almas, la temperatura y la presión disminuirán hasta que el Infierno se congele. 
¿Qué posibilidad es la verdadera?
Si aceptamos lo que me dijo Teresa en mi primer año de carrera (Hará frío en el Infierno antes de que me acueste contigo), y teniendo en cuenta que me acosté con ella ayer noche, la posibilidad número 2 es la verdadera.  Doy por tanto como cierto que el Infierno es exotérmico y que ya está congelado. El corolario de esta teoría es que, dado que el Infierno ya está congelado, ya no acepta más almas y está, por tanto, extinguido... dejando al Cielo como única prueba de la existencia de un ser divino y amoroso, lo que explica por qué, anoche, Teresa no paraba de gritar:   ¡Oh Dios mío! "

Dicho estudiante fue el único que sacó
'sobresaliente'...



Saturday, December 28, 2013

Boris Vian / Dientes

Boris Vian
Hermanos Jan y Martin Ruzicka
Tallistas checos
Boris Vian

La vida es como una muela
En principio no pensamos en ella
Nos conformamos con masticar
Y después se estropea de repente
Hace daño, y lo soportamos
Y la cuidamos y nos desvela,
Y para estar de verdad curados
Hay que arrancársela, la vida.


Boris Vian / El naufragio de la memoria



El naufragio de la memoria

La figura de Boris Vian comienza a ser conocida del público lector en nuestro país gracias a las traducciones de varias de sus obras que, aunque pausadamente, se vienen realizando. Ahora, con Lhierba roja,una de las novelas más significativas de su autor y acaso la de mayor aliciente por el marcado carácter autobiográfico de la misma, se da un importante paso en el conocimiento de un escritor que ha desarrollado una de las más sugestivas aventuras novelísticas de nuestro siglo.Aparecida en 1950, y aunque construida según la forma clásica de novelar, La hierba roja participa ya de muchos de los atractivos que distinguirán a la «nueva novela» surgida en Francia por aquellas mismas fechas, lo que la coloca en una posición de vanguardia. Escrita en presente, nos muestra un mundo cerrado donde reinan la soledad y el hastío, donde la comunicación es poco menos que imposible y donde todo parece girar en torno de una extraña «máquina del tiempo», que servirá al ingeniero Wolf -el protagonista (?) de la novela, retrato del propio Vian- para retornar a sus orígenes.

La hierba roja

Boris VianColección Narradores de Hoy. Bruguera-Alfaguara. Barcelona 1979.
Importante músico de jazz en su tiempo, cantante, actor, periodista, pintor, etcétera, el polifacético Boris Vian buscó distintas maneras de alcanzar el cauce adecuado a su personalidad inquieta y compleja. Como escritor, chocó con la sociedad en la que le tocó vivir y conoció censuras y procesos que, pese a rodearlo de una rara aureola de triunfo, lo relegaron a un reconocimiento tardío de su obra.
En la novela que nos ocupa, Vian trató de buscar en Wolf respuesta a sus obsesiones, a las interrogantes que lo atormentaban, y, para ello, se sumergirá en la propia memoria para intentar un rescate que parece abocado al fracaso desde el principio. La obra aparece enmarcada en un paisaje sombrío, desolado, que, sin embargo, no podemos tachar de falso. La hierba roja no es una novela desprovista de autenticidad pese al carácter irreal -subyace un cierto surrealismo de fondo- que impregna muchos pasajes, sino todo lo contrario. Como Wolf, Vian se ha construido un mundo a su medida: el mundo en que aquél se debate. Así, el personaje toma entidad propia y se independiza del autor, que asiste como mero espectador al aniquilamiento de aquello que ha creado y, en proceso irreversible, contempla su propia destrucción. Lo mismo que el mecánico Lazuli se siente observado, también Wolf tiene un observador, y éste no es otro que el propio autor -el único actor-, quien, irremediablemente, lo empuja a un final en el que perecerá, ahogado en las aguas de la memoria. Ni aun así, desdoblándose en otro, podría salir a flote el que está detrás, y Vian lo sabía. Por eso hace el cerco cada vez mayor, en un deseo apremiante de huir o hundirse para siempre en la ciénaga oscura de sus recuerdos.

Destino individual

El amor es aquí la sombra de un raro sentimiento, mezcla de inseguridad y de impotencia ante un destino que se sabe individual. Al contrario que en otras obras, en ésta Vian apenas recurre a lo erótico, o cuando lo hace aparece descargado de la extrema sensualidad de otras veces; es un erotismo del hastío que a nada conduce, desprovisto de realidad física. Wolf y Lazuli parecen abrazar fantasmas cuando visitan a las «amorosas», y con sus parejas respectivas o ya no existen las relaciones en el caso de Wolf, o se levanta un infranqueable murallón -el incansable observador- en el de Lazuli. El deseo existe como una sed a fuerza de no satisfacerse, casi se ha llegado a olvidar. Lazuli, en el loco intento de evadirse de sus fantasmas personales, acabará matándose. Wolf, en cambio, sometido en su máquina del tiempo a todos los interrogatorios de un pasado que quiere desentrañar, encuentra la muerte, víctima, como hemos dicho, de su tenaz voluntad inquisitiva. No de otra forma conseguiría olvidar después el fraude que había sido para él la vida, máxime cuando se ha comprendido que «el tiempo es un engaño (que) se lleva dentro».Novela saturada de símbolos desde su mismo título, alcanza cotas de irónico carácter esperpéntico, como en el acto de inauguración de la «máquina» o en casa de la adivina a quien va a visitar la mujer de Wolf, y, sobre todo, en ese curioso personaje a quien llaman «el conde». Las dos mujeres -la esposa de Wolf y la amante de Lazuli- pasan por la novela sin pena ni gloria, y por eso sobreviven al final, cuando incluso «el conde» ha sucumbido tras obtener lo que siempre había deseado. Sólo Wolf -Vian- ha cometido «el mismo error de todos los profetas: tener razón».