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Wednesday, November 6, 2013

Luis Cernuda / Qué triste ruido el que hacen dos cuerpos cuando se aman

Karlie Kloss
Foto de Mario Testino
Luis Cernuda
Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos 
cuando se aman...

Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados,
mientras las manos llueven,
manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,
cataratas de manos que fueron un día
flores en el jardín de un diminuto bolsillo.

Las flores son arena y los niños son hojas,
y su leve ruido es amable al oído
cuando ríen, cuando aman, cuando besan,
cuando besan el fondo
de un hombre joven y cansado
porque antaño soñó mucho día y noche.

Mas los niños no saben,
ni tampoco las manos llueven como dicen;
así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños,
invoca los bolsillos que abandonan arena,
arena de las flores,
para que un día decoren su semblante de muerto.





Luis Cernuda / El futuro es hoy

Luis Cernuda: el futuro es hoy

Tal día como hoy de 1963 fallecía en México el poeta de la Generación del 27

El autor de 'La realidad y el deseo' es uno de los más importantes del español del siglo XX

Esta es una mirada sobre sus claves poéticas y su legado literario


De izquierda a derecha: Vitín Cortezo, Blanca Pelegrín, Luis Cernuda, Carmen García Lasgoity, Manuel Altolaguirre y Carmen García Antón, en Valencia en 1937. / BIBLIOTECA NACIONAL (EL PAÍS)
Incómodo en su tiempo, sintiéndose poco comprendido en su ética y su obra, Luis Cernuda necesitó apoyarse en los poetas y los lectores del porvenir. La confesión de esta necesidad sostiene una de sus composiciones decisivas, A un poeta futuro, escrita en Glasgow en 1941 y recogida en el libro Como quien espera el alba(1947). Lo importante del poema no reside en las quejas, el lamento sobre su falta de encaje en una realidad hostil: “Disgusto a unos por frío y a otros por raro”. Una sociedad represiva y homófoba, un carácter muy difícil y las rencillas generacionales ayudan a situar la protesta continua de Cernuda, en la que se mezclan con frecuencia su marcado anticapitalismo, su fragilidad sentimental y una extrema susceptibilidad literaria.

Homenajes

Los teatros Ateneo de Madrid (hoy) y de Sevilla (viernes y sábado) recordarán a Luis Cernuda en sendos actos con poetas de diferentes generaciones. Se presentará el libro Leve es la parte de la vida que como dioses rescatan los poetas (Poemas para Luis Cernuda), publicado por La Revista Áurea.
Pero lo importante del poema apunta en otra dirección: el proceso creativo que define su poética, sobre todo a partir del exilio en la cultura anglosajona. Cernuda había escrito en su Himno a la tristeza que “viven y mueren a solas los poetas”. De manera que ese poeta futuro para el que escribe en 1941 es también y ante todo su lector, la persona que puede entender y darle vida a sus propios versos. En la creación aparece reconocida la figura del lector como algo más que una ensoñación. No una estrategia barata y vanidosa para imaginar en el futuro la gloria que niegan los contemporáneos, sino una presencia real a la hora de la composición. El poeta piensa en su lector ideal, esbozo de su propia conciencia, para darle objetividad a sus sentimientos. Cernuda confiesa que busca la sombra de su alma “para aprender en ella a ordenar mi pasión / según nueva medida”. Y borra en parte su propia identidad para hallarla luego, “conforme a mi deseo, en tu memoria”. El hecho poético necesita, pues, tanto del lector como del autor para realizarse. Hace falta borrarse un poco para hacer habitable un espacio común.

Pero lo importante del poema apunta en otra dirección: el proceso creativo que define su poética, sobre todo a partir del exilio en la cultura anglosajona. Cernuda había escrito en su Himno a la tristeza que “viven y mueren a solas los poetas”
Estas consideraciones, muy raras en la poesía española de su tiempo, tienen consecuencias de peso en la obra de Cernuda y en la evolución de nuestra lírica. Resumo los aspectos más significativos de este terremoto. Primero: la poesía no es un ejercicio expresivo de la interioridad de un autor, sometido solo a su propia sinceridad inmaculada. Segundo: el poema es un espacio público, objetivo y su dimensión depende de que sea habitado y vivido por el lector. Tercero: más que expresar lo que se siente, trabajar un poema significa crear los efectos necesarios en el texto para que el lector haga suya la experiencia. Cuarto: más que espectáculos de ingenio y retórica, se vuelve fundamental en el taller la capacidad de imaginar el lenguaje y la estructura que permiten la presencia viva del lector. Estos son los principios de la elaboración, los esfuerzos para acoplar formas y contenidos. Esta unidad lírica imprescindible no surge de una verdad expresiva espontánea, sino de una escritura calculada y convertida en ética, en imaginación moral.
La obra de Luis Cernuda, recogida bajo el título de La realidad y el deseo, es amplia y atravesó de manera personal los ciclos de su tiempo a través de la poesía pura, el surrealismo, la invocación neorromántica y la apuesta por un realismo más seco, según la calificación acertada de Jaime Gil de Biedma. Es lógico que la presencia de Luis Cernuda se extienda por muchos matices y corrientes literarias que pueden ir del esteticismo a la poesía cívica, de los decorados sensuales a la rebeldía de una conciencia íntima, tan orgullosa de su diferencia como de su solidaridad.

La realidad y el deseo, es amplia y atravesó de manera personal los ciclos de su tiempo a través de la poesía pura, el surrealismo, la invocación neorromántica y la apuesta por un realismo más seco,
Creo que la herencia más viva de Cernuda fue recogida por poetas como Francisco Brines y Jaime Gil de Biedma en el homenaje que le dedicó la revista La caña gris en 1962. Comprendiendo la nueva dinámica que surgía de composiciones como Un poeta futuro,advirtieron en el ejemplo de Cernuda la necesidad de objetivar la propia experiencia en el poema, de convertirla en una escritura meditada y capaz de provocar efectos de vida.
Esta objetivación sirve para ordenar en el texto las pasiones del autor y del lector y, al mismo tiempo, para ofrecer una alternativa ética a la realidad injusta del mundo. Como escribió en el poema Mozart deDesolación de la Quimera (1963): “Da esta música al mundo forma, orden, justicia, / nobleza y hermosura”. Y como afirmó en 1936, otro poema del mismo libro dedicado a un luchador republicano, la dignidad de la conciencia individual es imprescindible “como testigo irrefutable / de toda la nobleza humana”. Son lecciones muy vivas de su poesía, ahora que uno de sus enemigos más poderosos, el capitalismo, extrema la destrucción de las conciencias individuales y de los espacios públicos. El futuro es hoy.
Cincuenta años después de su muerte, hay pocas dudas de que Luis Cernuda es uno de los nombres más grandes de la poesía en lengua española. En realidad, es una opinión que ya estableció Federico García Lorca en abril de 1936 con motivo de la primera edición de La realidad y el deseo, en el discurso que pronunció en un banquete-homenaje muy concurrido. A Cernuda no le calmaron esos elogios sinceros. Tampoco le calmarían hoy los nuestros, porque la fama de Juan Ramón, Salinas, Alberti y el propio García Lorca… Pero ese es otro cantar.


Luis Cernuda / Los versos favoritos

Luis Cernuda

Los poetas eligen sus versos favoritos 

de Luis Cernuda

Varios poetas de España y América Latian eligen los mejores versos de Luis Cernuda y dicen por qué les gusta








"Cómo llenarte, soledad
sino contigo misma".
Este hermoso y profundo comienzo con que Luis Cernuda inaugura Soliloquio del farero sirve de preámbulo al homenaje que le rinden varios poetas de España y de América Latina, en el cincuentenario de su muerte. Cada uno de ellos ha elegido el poema y los versos que más le gustan. Poetas contemporáneos que dialogan con el maestro y crean un recital para los lectores que empieza así:

Por la costa del sur, sobre una roca

alta junto a la mar, el cementerio
aquel descansa en codiciable olvido,
y el agua arrulla el sueño del pasado”.

Versos iniciales de Elegía anticipada, el poema preferido por Antonio Colinas, “su poema más bello y perfecto. En él se resumen los valores esenciales de Cernuda: meditación sublime sobre temas esenciales, emoción contenida e intensa, el cementerio como jardín y, a la vez, inmerso en una naturaleza absoluta que la cercanía de la mar acrecienta”.



“Todo lo que es hermoso tiene su instante y pasa”.
Lo muestra en Las ruinas, elegido por Aurora Luque, donde se dan la mano eternidad y finitud. Una especie de “antiplegaria en la que el poeta, implacablemente honesto, reprocha a Dios su superfluidad y canta la belleza, trágica por efímera, de los seres del mundo”.


Hermosa era aquella llama, breve

como todo lo hermoso: luz y ocaso”.
Palabras puestas en mitad de Tristeza del recuerdo, donde sueño, memoria y realidad son recordadas como inherentes a cada ser. Piedad Bonnett lo prefiere por su “enorme poder de síntesis y versos sencillos pero inolvidables para evocar los amores idos, y con el tema del tiempo y la memoria como columnas en las que se sostiene”.


Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien

cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío”.
A este lugar donde conviven luz, sombra y reclamo como uno solo reflejado en el poema Si el hombre pudiera decir invita Oscar Hahn.¿La razón de su elección?: “Aunque el poema está inspirado en la experiencia de Cernuda con el amor que no osa decir su nombre, trasciende lo personal y tiene una validez universal. Bellamente escrito, puede aplicarse a las diversas relaciones amorosas censuradas ayer y hoy por todo tipo de prejuicios”.
Infierno y paraíso

los creamos aquí, con nuestros actos
donde el amor y el odio brotan juntos,
animando el vivir. Y yo no quiero
vida en la cual ya tú no tengas parte:
olvido de ti, sí, más no ignorancia tuya”.
Palabras vivas de El amante divaga que remueven íntimamente a María Victoria Atencia cada vez que las lee. Para ella se trata de “un poema grandioso, de una clarividencia única. No se puede explicar más porque las palabras hablan por sí solas”.


Ahora, al poniente morado de la tarde,

En flor ya los magnolios mojados de rocío,
Pasar aquellas calles, mientras crece
La luna por el aire, será soñar despierto”.
Es la Primavera vieja, escrita en Glasgow en abril de 1942, recuerdaAntonio Rivero Taravillo. “El poema es una hermosísima evocación de Sevilla en la que, bajo el embozo de esa segunda persona del singular que empleó él a menudo, aparece el propio Cernuda convertido en ‘un fantasma que vuelve’. Su cierre es de esos versos que no se olvidan:“Cuán bella fue la vida y cuán inútil”.



“Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos”.
Recuerdo, recuerdos, de los lugares amados que siempre acompañarán a las personas escenificado en Quisiera estar solo en el Sur elegido porJosé Manuel Caballero Bonald. Recuerdos que son aliento: “El sur es un desierto que llora mientras canta”, y que llama a Luis Cernuda y Luis Cernuda lo llama para cerrar el poema con una abertura perpetua: “Su oscuridad, su luz son bellezas iguales”.
Es el poeta, reconoce Francisco Brines, que ha sustentado lo que otros poetas como él han intentado escribir. “Un poeta que tuvo la poesía como destino personal y razón de vida”.




Javier Rodríguez Marcos / Cernuda somos todos

Cernuda_Aleixandre_1990_i_acrilico_lienzo_Herminio_Molero
 Vicente Aleixandre y Luis Cernuda (1990), acrílico sobre lienzo de Herminio Molero.

Cernuda somos todos

Por 
El País, 5 de noviembre de 2013

La paradoja es esta: uno de los mayores solitarios de la literatura española llevaba dentro una multitud. Y todos los que la forman se llaman Luis Cernuda: el poeta puro, el surrealista, el impuro (social) y el meditativo, el del yo desnudo y el gran culturalista, el elitista y el comprometido, el romántico y el racionalista, el desdeñoso y el enamorado.

No es raro que haya terminado siendo el poeta del siglo XX, ese siglo que, como él, se movió entre el formalismo francés y la sobriedad anglosajona y fue literariamente puro, surrealista, impuro... Los maestros fueron, dicen los manuales, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Es cierto,  pero pocos como Luis Cernuda han fecundado a tantas generaciones: del grupo Cántico a los novísimos y de la generación del 50 –por todos sus caminos- a los poetas figurativos de los 80 (tan alejados, a priori, de los novísimos).
Así, cada poeta español de las últimas décadas ha tenido su particular Cernuda: Pablo García Baena, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Francisco Brines, Luis Gilde BiedAntonio de Villena, Jenaro Talens, Guillermo Carnero, Juan Luis Panero, Fernando Ortiz, Antonio Colinas, Luis García Montero, Carlos Marzal, Manuel Vilas, José Luis Piquero...
Hay poetas que deslumbran y poetas que alumbran. Lorca es de los primeros; Cernuda, de los segundos. Tal vez por eso este ha resultado tan fecundo, porque la cercanía de su voz –humana, demasiado humana- abona la tierra en lugar de arrasarla. No quema, da calor.

Eso por el lado de la historia literaria, por el lado de la historia a secas, también Cernuda fue un hombre del siglo XX, o sea, un marginado del siglo XX: como homosexual, como poeta y como republicano (“Recuérdalo tú y recuérdalo a otros”). Y para colmo, exiliado. Un “español sin ganas”  que escribió contra España los versos más corrosivos y sobre España (la de Cervantes, la de Galdós) los versos más emotivos. No es extraño que alguien instalado en la contradicción llamase a la recopilación de su poesía La realidad y el deseo: “Tus ojos son los ojos de un hombre enamorado;/tus labios son los labios de un hombre que no cree/en el amor. Entonces dime el remedio, amigo,/si están en desacuerdo realidad y deseo”.
La misma cabeza que produjo los poemas de amor más arrebatados (“Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien/ cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío”) produjo también los versos más desvalidos (“Morir parece fácil, / La vida es lo difícil: / Ya no sé sino usarla / En ti, con este inútil / Trabajo de quererte / que tú no necesitas”) y los más desdeñosos hacia el género humano. También hacia aniversarios como el que hoy -por Cernuda, pese a Cernuda- celebramos (murió hace 50 años): ”¿Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos?/ Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable/Para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella,/ Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita/Acá la farsa elogiosa repugnante. Alguna vez deseó uno/Que la humanidad tuviese una sola cabeza, para así cortársela./Tal vez exageraba: si fuera sólo una cucaracha, y aplastarla”.
Cernuda somos todos: la cucaracha y la bota que aplasta la cucaracha. Depende de los días. Sus poemas hablan de nosotros y contra nosotros. Será porque están vivos.